A horas de que se conozca a la gran ganadora de Gran Hermano: Generación Dorada, Sol Abraham protagonizó uno de sus últimos momentos dentro de la casa. Frente a Yipio, la otra finalista, leyó una carta en la que repasó su recorrido en el reality, defendió sus estrategias y apuntó contra quienes, según ella, intentaron instalar una imagen negativa sobre su persona.
“Esta carta simboliza el relato de la historia bien contada. En esta casa se quiso instalar que soy la villana. Pero la verdad es otra. Solo soy una jugadora”, comenzó diciendo Sol, dejando en claro desde el inicio cuál era el mensaje que quería transmitir.
La finalista sostuvo que todas sus acciones estuvieron vinculadas al juego y negó haber llevado sus estrategias al plano personal: “Nunca le hice nada a nadie desde lo personal. Lo que hice es simplemente jugar. Jugué con valentía, exponiéndome, arriesgándome y tratando de provocar al adversario. Eso no es maldad. Eso es jugar a Gran Hermano”, afirmó.

Además, apuntó contra aquellos participantes que no compartieron su manera de jugar: “Lamento que muchos jugadores y jugadoras no se hayan bancado ese estilo de juego, pero eso no habla mal de mí, sino de ellos”.
“Lo que me hace feliz es que ustedes, la gente, sí haya comprendido lo que es jugar a Gran Hermano. Gracias a cada voto durante tantos meses que hizo posible llegar a la victoria, a este día”, expresó.
Y agregó: “Siempre pensé en lo que cada espectador quería ver. Yo misma, como televidente, vería a alguien que apela a un montón de recursos en honor a este juego. Alguien que se atreve, se anima, corre riesgos”.

Sol también recordó sus reiteradas nominaciones y explicó por qué nunca consideró las placas como un motivo para cambiar su estrategia: “No me importó estar en placa más de una vez porque de eso se trata Gran Hermano”, aseguró.
En otro tramo de la carta, respondió a las críticas por su personalidad y a quienes la calificaron de soberbia: “Muchas veces me calificaron de soberbia, pero no hay actitud más grande de soberbia que no aceptar las propias equivocaciones”.
Sin embargo, reconoció que su juego tampoco fue perfecto: “Mi juego no fue perfecto. También cometí errores. Pero comprendan que quien hace se equivoca. Y yo hice y me deshice por este juego para darles el mejor show posible”.

“En esta casa muchos se olvidaron de jugar, se metieron con cuestiones humanas, nos ningunearon la comida, pretendieron tiranizarnos, pero nunca reconocieron estos errores”, lanzó.
Luego, hizo una aclaración sobre quienes pudieron sentirse afectados por su estrategia: “No tengo nada personal con nadie. Seguramente me pasé a algunos pueblos, pero pueblitos tras pueblitos llegué a este último día”.
En el tramo más personal de su mensaje, Sol se refirió a su vida fuera del reality y cuestionó la imagen que, según ella, otros participantes construyeron sobre su persona: “Quienes me conocen saben la calidad de persona que soy. Soy mamá, soy hija, soy hermana, soy tía, soy amiga. Por eso me duele que hayan querido construir un relato errado sobre mí”, expresó.
“Esta carta simboliza el relato de la historia bien contada. En esta casa se quiso instalar que soy la villana. Pero la verdad es otra. Solo soy una jugadora”.
Y volvió a remarcar la idea central de su carta: “La verdadera historia es la que les enseña. Y es lo que les estoy contando ahora. Soy nada más que una jugadora”.
Sobre el final, Abraham dejó en claro que pensaba mantener su estrategia hasta el último segundo dentro de la casa: “Hasta que esta noche se apague la luz de esta casa, seguiré jugando por y para ustedes. Los quiero mucho. Gracias, gracias por todo”, dijo.
“Hasta que esta noche se apague la luz de esta casa, seguiré jugando por y para ustedes. Los quiero mucho. Gracias, gracias por todo”.
Pero fue su posdata la que terminó de darle un cierre desafiante a su mensaje, a pocas horas de la gran definición: “La revolución aún no terminó. Firma: Sol al 9009”.
Con esas palabras, Sol Abraham cerró su carta frente a Yipio y se preparó para vivir las últimas horas dentro de la casa, antes de conocer el resultado de una final que la tiene como una de las dos protagonistas.
“La revolución aún no terminó. Firma: Sol al 9009”.
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EL CONMOVEDOR REENCUENTRO DE SOL ABRAHAM CON SU FAMILIA, A HORAS DE LA GRAN FINAL DE GRAN HERMANO: “YO YA GANÉ”
Solange “Sol” Abraham atraviesa las últimas horas dentro de la casa de Gran Hermano: Generación Dorada con una mezcla de nervios, emoción y mucha expectativa. A poco de conocerse quién será el ganador de esta edición, la participante tuvo un momento muy especial durante la transmisión en vivo: pudo reencontrarse con sus seres queridos.
La sorpresa comenzó cuando Solange se acercó para recibir a su mamá, Norma. “¡Hola, mami!”, exclamó apenas la vio, antes de fundirse en un abrazo con ella.
Pero la sorpresa no terminó allí. También llegaron su hija Delfina, su hermana Neolia y su sobrino Felipe, quienes pudieron abrazarla y compartir unos minutos con ella antes de la gran definición.

Con sus seres queridos frente a ella, Solange les explicó que estaba atravesando el último tramo de su experiencia en el reality y les dejó una enseñanza que quería que recordaran cuando fueran grandes: “Yo estoy ya en el último, último, último momento de este juego de mi trabajo”, comenzó diciéndoles.
Luego reconoció que todavía no sabía qué iba a pasar en la final: “No sé qué va a pasar, si voy a ganar o no voy a ganar. Porque saben que yo ya gané. ¿Saben por qué? Porque les quiero demostrar a los dos que hay que esforzarse. Y hay que darlo todo. Que hay que hacer todo por cumplir los sueños. Y sobre todo con esfuerzo y constancia”, expresó.

“Yo quiero ser un ejemplo para ustedes con eso. Si alguien les dice que no, ¿ustedes qué tienen que decir? ‘Sí se puede’”, cerró, visiblemente movilizada por este momento.
Así, a horas de la gran final de Gran Hermano, Solange recibió el abrazo que necesitaba y convirtió uno de los momentos más emotivos de su experiencia en la casa en un mensaje de esfuerzo, perseverancia y sueños cumplidos.






