La convivencia recién comienza en Gran Hermano, Generación Dorada, pero Santiago del Moro ya tuvo que intervenir con una contundente llamada de atención para los participantes, luego de notar ciertas actitudes que no condicen con la exigencia del reality de Telefe.
En plena conexión en vivo con la casa, el conductor fue directo al punto y anticipó que se vienen momentos intensos: “Chicos, escuchen. Preparémonos para una noche movidita hoy. Las habitaciones están cerradas”, anunció.
Acto seguido, les marcó su sorpresa por el ritmo que están llevando: “Esta mañana, 5 de la mañana que yo me levanto por la radio, estaban todos a pleno. Recargados. Y después, antes de que yo terminara el programa, ya estaban todos despiertos. No dormían ni nada”, observó.

Pero el mensaje más firme llegó cuando les recordó la verdadera naturaleza del juego: “Escuchen, empiecen a administrar la energía, empiecen a administrar los recursos. Esto no es un spa, no es un hotel 5 estrellas, es Gran Hermano”, lanzó con firmeza.
“Tengan en cuenta que van a tener que jugar. Cuiden los recursos. Veo que ahora eligen qué comer y qué sé yo”, cerró, en clara referencia a las decisiones que están tomando.
Santiago del Moro: “Escuchen, empiecen a administrar la energía, empiecen a administrar los recursos. Esto no es un spa, no es un hotel 5 estrellas, es Gran Hermano”.
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LA DURA HISTORIA DE JENNY MAVINGA EN GRAN HERMANO: FUE SECUESTRADA DE NIÑA POR SU TÍA, PERDIÓ A SU MAMÁ Y HOY LUCHA POR SUS HIJAS
Jenny Mavinga, una de las participantes de Gran Hermano: Generación Dorada, protagonizó uno de los momentos más conmovedores de la edición al abrir su corazón frente a sus compañeros y contar la durísima historia de vida que arrastra desde la infancia.
“Yo me llamo Jenny Mavinga, nací en Centroáfrica, muy lejos de acá”, comenzó relatando. Y enseguida reveló el hecho que marcó para siempre su destino: “La muerte de mi mamá cambió mi vida rotundamente. Mi mamá murió cuando yo tenía cuatro años”.
Sin su madre, su niñez estuvo marcada por el desarraigo: “No conozco el amor de familia. A los siete años fui secuestrada por mi tía materna. Me maltrató como una hija de pu..., no sé por qué”.

Con la voz quebrada, Jenny expuso la profunda herida emocional que arrastra desde entonces: “Yo sé que en esta vida nunca voy a saber lo que es el amor familiar, y a mí eso me duele. ‘A veces digo: necesito un abrazo de una madre’”.
Decidida a cambiar su destino, tomó una decisión radical siendo muy joven. “Yo dije ‘voy a cambiar eso’. Me fui a la calle, me fui a trabajar de moza a los 15 años y hace 23 años años que estoy acá, vine a los 17 años porque me enamoré de un argentino”.
Aquí formó su propia familia: “Vine con él, me casé, tuve mis dos hijas que tienen 14 y 11 años; y son todo mi mundo. Estuve 13 años casada, me separé y a los tres meses conocí a mi actual novio”, afirmó con orgullo. Además, logró construir su propio camino laboral: “Tengo mi peluquería en La Plata, es muy conocida. Soy peluquera completa, soy especialista en pelo postizo”.
“La muerte de mi mamá cambió mi vida rotundamente. Mi mamá murió cuando yo tenía cuatro años”.
Sin embargo, su ingreso a la casa más famosa del país tiene un objetivo muy claro y profundamente personal: “Me voy a meter a Gran Hermano para cumplir mi sueño: tener mi habitación con todo mi placard, mirar mis carteras y mis zapatos, y que mis hijas tengan cada una su habitación. Por eso estoy acá. Así que disculpen, voy a ganar”, lanzó con determinación.
Y cerró con una frase que resume su espíritu de lucha: “Toda mi vida luché para cambiar mi historia. Mientras tenga las dos manos, los dos pies y los dos ojos, voy a seguir luchando para ser quien quiero ser yo”.





