Las sonrisas y carcajadas afloran de manera natural en Carla Conte en la entrevista con Ciudad, y tal vez esa sea una de las claves para que El Chat de Mamis se haya consolidado como una de las comedias más taquilleras de la cartelera porteña.
Madre de Lola (17) y Facundo (12), fruto de su relación con Guillermo Brutto, Carla explicó por qué enterró las placentas de sus hijos y qué le recomendaría hacer a otras mamis.
Además, la actriz contó con honestidad brutal cómo comenzó el amor con Ezequiel Corbo, el productor de su obra y a quien conoce “hace más 20 años”, y representante de sus “mejores 10 años de laburo”.

“Cada chat es una película”
—El Chat de Mamis viene con una convocatoria impresionante. ¿Qué tiene la obra para generar tanta identificación?
—Lo que está buenísimo es que no es una comedia solamente para mamis, papis o docentes. Es para todo el mundo. Obviamente, genera mucha identificación con las madres, los padres, las maestras y los directivos. Vienen grupos grandes de colegios y es hermoso. Pero también viene gente que no tiene hijos y disfruta de la obra.
—¿Cuál crees que es la fórmula para que se sostenga?
—Funciona porque es un temón. Ya el título de la obra es un temón y todo el mundo tiene algo para decir. Cuando termina la función, pasa muchísimo que las maestras quieren hablar todas juntas. No pueden esperar su turno. Empiezan con el “no, porque en mi colegio...” y las mamis también tienen sus propias historias.

—¿Ya pensaron trasladar el proyecto a una película?
—Ojalá, ja, ja. No puedo decir nada... Ja. ¡El tema es infinito! Si vos vas a cada chat, todos son una película. Cada uno tiene su historia. Nosotros contamos una parte, elegimos qué queremos mostrar en una hora y cuarto, pero la cantidad de contenido que hay es interminable. La realidad supera fuerte a la fantasía, fuerte.

—Hasta se dio el milagro de que Micaela Riera comenzó el proyecto sin querer ser madre ¡y ahora está embarazada!
—Es hermoso. Y el papi (N del R: el compañero de elenco Lionel Arostegui) no tiene nada que ver. ¡El efecto de la obra es impresionante! (Risas). Micaela contó que no quería tener hijos. Empezamos a ensayar y creo que a los cinco minutos, ya estaba embarazada. Y mirá que le contamos un montón de barbaridades. Sin embargo, ella insistió.

Una historia de amor que tardó veinte años
“Lo conozco hace más de 20 años a Ezequiel. Fue mi representante durante mis mejores 10 años de laburo”, enfatizó.
—¿Ezequiel Corbo es un hombre...?
—¿Paciente?
-¡Te esperó más de 20 años!
-(Risas) No. No me esperó. Cuando nos conocimos laburamos un montón de tiempo juntos, cada uno en su vida. Él no paraba de producir y yo estaba trabajando un montón, armando mi familia, tuve hijos... Tardamos muchísimos años en conectarnos personalmente. Es un flash nuestra historia.

—Pero vos misma contaste que él te dijo que también le parecías que estabas buena hace 20 años...
—El ve imágenes mías de hace 20 años me me dice “¡no entiendo qué hacía!“. (Risas). ¡Y le digo que yo tampoco entiendo qué hacía! Cada uno estaba en su mundo, sino lo diría. No conectábamos. No importa si estaba buena o no. Íbamos a eventos, me montaba delante de él, pero jamás en la vida me dijo “qué linda”. Nunca me miró de más.
—¿Era una estricta relación laboral?
-Siempre fue un vínculo de laburo fuerte, porque confiaba absolutamente en él y depositaba todo en sus manos en el plano laboral. Lo que él decía, yo hacía. Tardamos muchos años.

—¿La próxima propuesta de Corbo será pasar por el Registro Civil?
—No sé por qué en los últimos días todo el mundo me pregunta por el casamiento. Para mí siempre fue algo lindo, algo que imaginé y sobre lo que tengo mis propias ideas y sueños.
Pero hoy tenemos una relación muy hermosa. Yo vivo con mis hijos y él vive solo. Él es un hombre grande y yo también. No tengo idea de qué va a pasar en el futuro, pero sí sé que lo amo, que tenemos una relación hermosa y que ojalá podamos estar el resto de la vida juntos.
—Si quisiéramos que arme la escenografía y el guión de la boda, ¿te gustaría que sea por iglesia? ¿Una ceremonia pagana en la playa?
—Me gusta la idea del barco. (Risas). Pero él no es hippie y ya se casó, ya tuvo esa experiencia, y lo mío sería otra cosa.

—¿Cómo manejan los celos y los límites en la pareja?
—Lo que tenemos es mucha comunicación. Muchísima. Y la tranquilidad de saber que, el día que tengamos que contarnos algo, nos lo vamos a contar. No estoy vigilándolo ni persiguiéndome, y él tampoco. Tenemos cero de todo eso y es hermoso.
—¿Eso significa que hay una mirada más abierta sobre los vínculos?
—Creo mucho en nuestra relación y en lo que nos pasa. Eso no quiere decir que no te puedan pasar cosas con otra gente. Tampoco voy a decir que tengo una cabeza completamente abierta, porque no tengo 18 años ni nací en esa cultura. La realidad es esa. Pero tampoco soy ciega ni creo que todo tenga que ser de una única manera. Si apretás demasiado, algo no funciona. Mi sensación es que cuanto más relajado y más conversado está todo, mejor.
—Si mañana aparece con un anillo, ¿se lo aceptarías?
—Yo a Corbo no le niego nada. (Risas).
La placenta, la maternidad y una ceremonia familiar
—En algún momento contaste que guardaste las placentas de tus embarazos y que hiciste ceremonias. ¿Lo recomendarías en El En Chat de Mamis?
—(Risas) En El Chat de Mamis no recomendaría nada. Yo parí a mi primera hija en el living de mi casa, así que en ese momento todo era bastante hippie. Hoy no enterraría la placenta, haría otras cosas, globulitos para que después sirvan...

—¿Por qué enterraste las placentas?
—En ese momento pintó entregárselo a la madre tierra, que era la idea. Pero lo hicimos tarde porque después del parto la placenta fue a parar al freezer, en una bolsa que yo ni siquiera vi, y me olvidé de que existía.
—¿Qué te hizo retomarlo?
—Un día estaba hablando con la partera y le dije que quería volver a quedar embarazada. Me contestó: “Hasta que no entierres la placenta, eso no va a pasar”. ¡Bruja total! (Risas). La llevamos a Uruguay, hicimos un pocito y la enterramos. No imaginen nada más brujeril. Después quedé embarazada de Facundo. Con la placenta de Facundo pasó algo parecido: estuvo un par de años en el freezer hasta que encontramos el momento para hacer la ceremonia.

La carga mental y el desafío de criar
—La obra pone sobre la mesa una cuestión muy actual: la carga mental de las madres. ¿Cómo la vivís vos?
—Creo que, aunque las mamis quisiéramos sacarnos esa carga de la cabeza, es muy difícil. No es algo que una elige conscientemente. La información va entrando, entrando y entrando. Tenés presente todo lo que hay que hacer, las tareas, las cosas del colegio, las actividades, los horarios... y, además, tu propio trabajo y tu vida.
—¿Te considerás una mamá organizada?
—¡No soy la mamá perfecta! Me olvido de las cosas y colapso un montón. Soy la mamá que agradece a la otra mamá que anota algo a último momento. Si mañana hay que llevar un mapa al colegio, tranquilamente me lo puedo olvidar. Pero siento que del otro lado muchas veces ni siquiera registran esa información. El papá no necesariamente la recibe. Existe la tranquilidad de que siempre va a haber un backup, alguien que se acuerde. Y eso es fuerte.

—¿La crianza es realmente 50-50? Juana Repetto afirma que las mamás siempre tienen más carga...
—En mi experiencia, nunca fue 50-50. Yo no estoy con el papá de mis hijos y tampoco doy esa batalla todo el tiempo. Ya está. Hago todo lo que tengo que hacer lo mejor que puedo, aunque también tengo mis propios quilombos. Y sigo reenviando la información importante: “Che, mirá que dijeron esto”, “mañana hay tal cosa”, “hay una prueba”. No me relajo tampoco en eso.
—¿Tus hijos ya empiezan a manejarse solos?
—Tengo una hija de 17 años que ayer trajo un diez precioso. Estoy muy orgullosa. Está terminando el secundario y fue maravillosa porque se manejó sola. Y después tengo al de 12, con quien la semana pasada rendí la Primera Guerra Mundial. Ahora se viene la reproducción de los seres vivos. (Risas).

—¿Hay diferencias entre criar al primero y al segundo?
—Creo que sí. Cuando tenés al primero, todo es para esa personita. Cuando llega el segundo, ya hay otro que también te necesita. Entonces, el más grande tiene que aprender a manejarse solo en algunos aspectos. Yo soy la del medio en mi familia y algo de eso conozco. Medio que quedás ahí, como un sanguchito.
Volver a la televisión, hacer streaming y seguir produciendo
—¿Qué proyectos tenés para lo que viene?
—Por ahora estoy muy enfocada en El Chat de Mamis. Estamos en el Multitabaris, de miércoles a domingos, con un elenco hermoso. Están Eugenia Tobal, Manuela Pal, Micaela Riera, Berenice Gandullo, Karina Hernández y Lionel Arostegui. Es un placer compartir la obra con todos ellos.

—¿Y más allá del teatro?
—Tengo muchas ganas de hacer streaming y, sobre todo, de volver a la televisión. Me encantaría volver a conducir. Estoy poniendo el foco ahí y tengo reuniones. Después de tantos años de trabajar, tengo muchos amigos y productores con los que puedo conversar, así que estoy conectando y viendo qué puede aparecer.
—¿Estás manifestando o ya estás trabajando para que suceda?
—Un poco y un poco. Estoy manifestando, pero también tengo reuniones. La verdad es que tengo muchísimas ganas de volver. Me gustaría que el año que viene esté haciendo muchas cosas.




