Rufina Cabré regresó a la Argentina y hubo una sola parada obligatoria: la cancha de hockey del club Vélez. Nicolás Cabré estuvo ahí, como siempre, al costado del campo, siguiendo cada jugada de su hija con la misma emoción de siempre.
Las imágenes que el actor compartió en sus redes mostraron una secuencia que va del calentamiento al abrazo final, pasando por lo más importante: un gol de Rufina que desató la felicidad de su papá.
El posteo de Cabré no tardó en viralizarse. “Más allá de ganar o perder, de hacer un gol o errar mil, de ser la mejor jugadora o no tocar una… No sabes la felicidad que me da acompañarte y verte disfrutar.

EL HOCKEY, EL VÍNCULO QUE LA DISTANCIA NO PUDO CORTAR
Desde chica, Rufina encontró en el hockey mucho más que un deporte. El club Vélez —la institución de la que su papá es hincha acérrimo— se convirtió en el escenario donde padre e hija construyeron una de las rutinas más sólidas de su vínculo. Los fines de semana con la cancha como eje, Cabré en la tribuna y Rufina en el campo fueron, durante años, una constante que definió la dinámica familiar.

La mudanza a Turquía, donde Rufina vive junto a su mamá la China Suárez y Mauro Icardi, cambió la geografía pero no la esencia de ese lazo. Cada vez que la adolescente vuelve al país, el regreso al hockey es casi automático. No hay visita sin entrenamiento, no hay visita sin partido. Y no hay partido sin Cabré ahí, al borde de la cancha, con el celular en la mano y el corazón a mil.
RUFINA, EL HOCKEY Y UNA FAMILIA QUE SE ENCUENTRA EN LA CANCHA
Lo curioso —y lo que convierte esta historia en algo más que una postal de padre orgulloso— es que la cancha de hockey también fue, durante un tiempo, el punto de encuentro de una familia ensamblada poco convencional.
No era raro que Cabré se cruzara ahí con la China Suárez y, en algunas ocasiones, con Icardi. El deporte como terreno neutral, como espacio donde las diferencias quedan afuera y lo que importa es la chica que corre detrás de la pelota.

Para Rufina, el hockey no es solo competencia. La disciplina, el esfuerzo y la camaradería que le da Vélez forman parte de su identidad, de esa parte de ella que se quedó en Buenos Aires aunque ella viva en Estambul.
Cada regreso al país es, en ese sentido, también un regreso a sí misma: a la camiseta que conoce de memoria, a las compañeras, al abrazo de su papá cuando termina el partido.




