A 16 años de la muerte de Romina Yan, sus tres hijos atraviesan etapas muy diferentes, con proyectos personales y profesionales propios. Franco Yan, Valentín Yankelevich y Azul Giordano crecieron en una de las familias más conocidas del espectáculo argentino, pero con el paso del tiempo fueron construyendo sus propias identidades.
Una de las decisiones que marcó sus historias fue la elección de sus apellidos: los dos varones adoptaron públicamente el de la familia materna, mientras que su hermana menor conserva el de su padre, Darío Giordano.
Franco, el mayor, tiene 26 años y decidió seguir los pasos de su mamá en el mundo artístico. A los 18 se instaló en Londres para estudiar actuación en la Royal Central School of Speech and Drama, donde se formó durante cuatro años en disciplinas como canto, baile, teatro clásico y actuación frente a cámara.
Después continuó su carrera en España, donde participó del musical Los puentes de Madison junto a Gerónimo Rauch, antes de regresar a la Argentina para incorporarse a Margarita, la ficción de su abuela, Cris Morena, en la que interpretó al hacker Fach.

Además de su trabajo como actor, Franco busca desarrollar proyectos propios detrás de cámara. En junio de este año contó que terminó un cortometraje que escribió y produjo con dinero propio -Of men and monsters- y que también trabaja en una obra teatral. Entre sus objetivos está la posibilidad de probar suerte en la industria audiovisual de Los Ángeles.
Su elección de presentarse profesionalmente como Franco Yan también representa un homenaje a su mamá y una manera de mantener vivo su legado en el camino artístico que eligió.
VALENTÍN Y AZUL: DOS CAMINOS MUY DIFERENTES
Valentín tiene 23 años y encontró su vocación en el automovilismo. Aunque durante un tiempo estudió Economía y trabajó junto a su abuelo Gustavo Yankelevich, decidió apostar por su pasión de la infancia y competir en el Turismo Carretera 2000.
Aprendió a manejar a los seis años y, después de una pausa, retomó su sueño con el apoyo de su abuelo. En las pistas consiguió destacarse, con un segundo puesto en Termas de Río Hondo, y eligió correr con el número 5 en homenaje a su mamá, que nació el 5 de septiembre. Al cumplir 18 años, además, cambió legalmente su apellido Giordano por Yankelevich, una decisión que, según contó, deseaba tomar desde chico debido al supuesto maltrato que habría sufrido por parte de su padre.
Su presente también quedó atravesado por el testimonio que dio recientemente sobre la violencia física y psicológica que aseguró haber sufrido durante su infancia por parte de su padre, Darío Giordano. En ese relato, explicó que su abuelo Gustavo fue fundamental para que él y su hermano Franco pudieran salir de aquella situación.
Hoy, además de su carrera deportiva, está en pareja con Alfonsina Servent y manifestó su deseo de formar una familia en el futuro.
Azul, en cambio, eligió mantener un perfil reservado y alejado de los medios. Tiene 20 años, conserva el apellido Giordano y vive en Los Ángeles, Estados Unidos, donde continúa con sus estudios vinculados al mundo audiovisual. Pese a la distancia, mantiene un vínculo cercano con sus hermanos y sus abuelos maternos.
Así, cada uno de los tres hijos de Romina Yan construyó una identidad propia, con decisiones que reflejan sus intereses y sus proyectos. Mientras Franco busca consolidarse en la actuación y desarrollar sus propias producciones, Valentín se concentra en el automovilismo y Azul prioriza sus estudios y su privacidad. Aunque sus caminos son distintos, los une la historia familiar y el vínculo con la actriz, cuya memoria continúa presente en sus elecciones personales y profesionales.
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