Mario Pergolini se convirtió a lo largo de cuatro décadas en un referente indiscutido de los medios de comunicación y del mundo del entretenimiento. Sin embargo, detrás del conductor existe una historia familiar que durante mucho tiempo permaneció lejos de los reflectores: la de su padre, Edmundo Silvestre Pergolini.
Edmundo nació en Junín, en el noroeste de la provincia de Buenos Aires, y desarrolló una trayectoria profesional completamente diferente a la de su hijo. Se dedicó al diseño de maquinaria y herramientas de precisión y se caracterizó por mantener un perfil bajo, lejos de la exposición pública que décadas después acompañaría a Mario.

Su nombre, sin embargo, quedó asociado a uno de los objetos de escritura más reconocidos de una época. Edmundo fue el responsable del diseño del modelo 303 de la marca Sheaffer, una lapicera que se convirtió en un clásico y que pasó durante años por las manos de miles de argentinos. El producto se destacó por su practicidad, resistencia y accesibilidad.
El trabajo de Edmundo estuvo marcado por la precisión técnica y por una mirada puesta en encontrar soluciones concretas a problemas de diseño. Aunque su actividad no tenía la visibilidad de una profesión vinculada al espectáculo, su creación terminó formando parte de la vida cotidiana de muchas personas sin que necesariamente conocieran quién había estado detrás de ella.
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La historia de Edmundo volvió a cobrar relevancia a partir de una conversación televisiva relacionada con Junín. Durante una emisión de Otro día perdido, el programa de eltrece conducido por Mario Pergolini, una charla con Ludovico Di Santo derivó en referencias a la ciudad bonaerense y terminó poniendo nuevamente en escena las raíces familiares del conductor.
Edmundo Silvestre Pergolini murió en 2022. Su historia también estuvo atravesada por una relación distante con Mario, quien en distintas oportunidades habló de una infancia marcada por el poco vínculo con su padre. Tras su muerte, el conductor contó que no había sentido un profundo dolor porque consideraba que aquella relación ya estaba resuelta desde mucho antes.

Más allá de la particular historia familiar, Edmundo dejó una huella concreta a través de su trabajo. Su vínculo con Junín, su profesión como diseñador industrial y, especialmente, el desarrollo de la Sheaffer 303 forman parte de un capítulo poco conocido de la vida del hombre que sería uno de los personajes más importantes de los medios argentinos.
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