El 5 de mayo, la voz de Gran Hermano llamó a Manuel Ibero al confesionario y le dio una de las noticias más duras desde que ingresó al reality: la muerte de su perra Ámbar de seis años.
Completamente devastado, el participante regresó con sus compañeros y les contó lo sucedido: “Falleció repentinamente y no sufrió”.

De inmediato, la casa le brindó contención, pero Manu no pudo contener el dolor y rompió en un llanto desconsolado.

GRAN HERMANO: EL DESCONSUELO DE MANUEL IBERO POR LA MUERTE DE SU PERRA ÁMBAR
“Tenía que estar yo. La tenía que despedir. De todas las cosas que pensé al entrar acá, la única que no pensé fue esa”, expresó, visiblemente afectado.
Luego, al mirar una foto familiar junto a su perra Ámbar, una golden retriever, volvió a quebrarse: “No se tenía que ir ella. Hace 70 días que no estoy con ella, ¿qué voy a hacer cuando vuelva a mi casa?”.

En medio del dolor, el participante de Gran Hermano Generación Dorada cerró con una frase que reflejó su angustia: “No sé si voy a poder con esto. De todas las cosas que podían pasar, pasó la peor... No se tenía que ir ella”.





