Sebastián Beccacece lleva casi un año al frente de la selección de Ecuador y, en ese tiempo, construyó una vida propia en Quito que va mucho más allá del trabajo. Instalado junto a su cuerpo técnico en la Casa de la Selección, el entrenador rosarino encontró un ambiente cálido que incluye desde utileros y personal de limpieza hasta el área médica. “Hay una energía muy linda”, definió.
Su familia viaja periódicamente para acompañarlo y, cuando el plantel se desplaza a Guayaquil, también aprovechan para conocer esa ciudad. La dinámica no es sencilla —la distancia tiene su peso— pero Beccacece encontró la manera de sostener un equilibrio entre lo personal y lo profesional.
BECCACECE: PÁDEL, TEATRO Y UN ENCEBOLLADO QUE LO CONQUISTÓ
En su tiempo libre, el DT mantiene una rutina activa: juega al pádel con integrantes de su cuerpo técnico y, cuando la agenda lo permite, comparte partidos con excompañeros como Diego Milito. Pero también hay lugar para la cultura: disfruta del teatro, el cine y las series junto a su esposa.

Uno de los cambios más notorios que trajo la vida en el exterior es el gastronómico. Tras su paso por Perú, incorporó los pescados y mariscos a su dieta. Ya en Ecuador, asegura que uno de sus platos preferidos es el encebollado, la tradicional sopa de atún con yuca y cebolla curtida que es un clásico de la gastronomía local. El fútbol lo llevó a adoptar sabores que antes no formaban parte de su vida cotidiana.
BECCACECE Y LA INFLUENCIA DE BIELSA EN SU CARRERA COMO ENTRENADOR
Uno de los momentos más emotivos que recordó fue una visita a Brasil junto a Gonzalo Plata, cuando la familia del futbolista los recibió con una comida casera preparada especialmente para ellos. “Fue un gesto de mucho cariño”, destacó Beccacece, quien valora profundamente ese tipo de vínculos humanos que construye con sus jugadores.

Al repasar su formación como técnico, volvió a poner en primer plano la figura de Marcelo Bielsa, a quien considera un maestro. Los cinco años que compartieron dejaron una huella imborrable en su manera de entender el fútbol y el manejo de grupos. También reconoció con honestidad que su carrera como jugador fue discreta, y que asumir esa limitación le permitió desarrollar una sensibilidad especial para trabajar con quienes sí alcanzaron el alto rendimiento.




