A muchas personas les pasó alguna vez: preparan un bizcochuelo casero, lo sacan del horno y descubren que en el centro se formó una especie de “montañita” o domo. El resultado sigue siendo rico, pero después hay que recortar esa parte para que quede nivelado, especialmente si se va a usar para una torta rellena o decorada.
Para evitar ese problema existe un truco muy utilizado por aficionados a la repostería y también por pasteleros: envolver el molde con un trapo húmedo antes de llevarlo al horno. Aunque pueda parecer extraño, la técnica tiene una explicación simple y está relacionada con la forma en que se distribuye el calor durante la cocción.
// La receta de la torta 14 cucharadas: el clásico matero más fácil, rápido y económico
El método se volvió popular porque no requiere comprar accesorios especiales ni modificar la receta. Con un paño de algodón limpio y un poco de agua se puede lograr una cocción más uniforme y una textura más pareja en el bizcochuelo.
Cómo funciona el truco del trapo mojado
Cuando un molde entra al horno, los bordes reciben calor antes que el centro. Como consecuencia, los laterales del bizcochuelo se cocinan y se fijan rápidamente, mientras que la parte central continúa creciendo durante más tiempo.
Ese crecimiento desigual es lo que genera la clásica “pancita” en la superficie. Al envolver el molde con una tela húmeda, el calor llega de forma más gradual a los costados y la masa tiene más tiempo para elevarse de manera uniforme.

El resultado suele ser un bizcochuelo más plano, con una superficie pareja y sin diferencias marcadas entre el centro y los bordes.
Qué beneficios tiene esta técnica
Además de ayudar a eliminar el domo central, el paño húmedo ofrece otras ventajas durante el horneado.
Entre los principales beneficios se destacan:
- Cocción más uniforme en todo el bizcochuelo.
- Superficie más plana y fácil de decorar.
- Textura más esponjosa y húmeda.
- Menor formación de corteza dura en los bordes.
- Mejor conservación de la humedad interior.
Muchos reposteros utilizan versiones comerciales de este sistema conocidas como “cinturones para hornear”, que funcionan exactamente bajo el mismo principio: una banda de tela húmeda que rodea el molde durante toda la cocción.
Cómo aplicar el método en casa
Para poner en práctica este truco solo hace falta una tira de tela de algodón limpia. Debe humedecerse con agua, escurrirse bien para que no gotee y luego colocarse alrededor del molde.
Es importante que la tela quede firme, cubriendo los laterales del recipiente. El objetivo no es enfriar el molde, sino retrasar ligeramente el calentamiento de los bordes para que la masa se cocine de forma más equilibrada.

También hay que tener en cuenta que el tiempo de horneado puede extenderse algunos minutos respecto de una cocción tradicional. En muchos casos se necesitan entre cinco y diez minutos extra para alcanzar el mismo punto de cocción.
Aspectos a tener en cuenta antes de usarlo
Los especialistas recomiendan utilizar telas de algodón sin felpa y evitar materiales sintéticos que puedan deteriorarse con el calor.
Además, conviene no superar temperaturas cercanas a los 180 °C, controlar visualmente el proceso y realizar la clásica prueba del palillo antes de retirar el bizcochuelo del horno.
Una vez terminado el horneado, lo ideal es dejar enfriar la preparación durante unos minutos antes de desmoldarla. De esa manera se reduce el riesgo de que los bordes, que conservan más humedad, se rompan al retirarla. Con un truco tan simple como un trapo mojado alrededor del molde, es posible conseguir bizcochuelos más parejos, esponjosos y con terminación de pastelería profesional.



