Hay trucos de jardinería que sorprenden por los elementos que utilizan. Uno de ellos consiste en enterrar monedas viejas en la tierra de las macetas, una práctica que suele asociarse con el aporte lento de algunos micronutrientes.
La explicación está relacionada principalmente con el cobre, un micronutriente esencial para las plantas que participa en distintas actividades enzimáticas y en procesos vinculados con la producción de clorofila y semillas. Sin embargo, esto no significa que cualquier moneda sirva ni que pueda reemplazar a un fertilizante formulado para plantas.
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El método difundido por especialistas en jardinería como Jaime, del canal Huerta Forestal, propone utilizar monedas antiguas que contengan cobre y colocarlas en el sustrato. Según explica, las más envejecidas presentan una superficie más deteriorada y el proceso de oxidación ya está avanzado, por lo que los metales pueden interactuar más fácilmente con la humedad del suelo.
No obstante, hay una aclaración fundamental: no todas las monedas tienen la misma composición. Por eso, antes de aplicar este método es importante conocer de qué material está hecha la pieza y no asumir que cualquier moneda de color cobrizo aporta cobre de la misma manera.
Para qué sirve enterrar monedas viejas en las macetas
El objetivo del truco es aprovechar una liberación extremadamente lenta de cobre a medida que la superficie metálica permanece expuesta a la humedad y al oxígeno. En el material utilizado como insumo se sostiene que esto puede prolongarse durante meses e incluso años.
El fundamento nutricional tiene una base real: el cobre es un micronutriente que las plantas necesitan en cantidades muy pequeñas. La Universidad de Minnesota señala que interviene en actividades enzimáticas y resulta necesario para la producción de clorofila y semillas. Una deficiencia severa puede afectar el crecimiento, las hojas y la floración.

Entre las funciones asociadas al cobre se encuentran:
- Participar en procesos enzimáticos esenciales.
- Intervenir en la producción de clorofila.
- Contribuir a la formación de semillas.
- Favorecer el desarrollo normal cuando existe una verdadera deficiencia de este micronutriente.
Por eso, el concepto detrás del truco no consiste simplemente en “poner dinero” en la maceta, sino en aprovechar el metal presente en determinadas piezas.
Por qué se recomienda utilizar monedas viejas
La antigüedad no vuelve mágicamente más nutritiva a una moneda. La explicación propuesta por este método es más sencilla: una pieza deteriorada u oxidada lleva más tiempo expuesta al ambiente, mientras que una nueva conserva mejor su superficie.
En el caso concreto utilizado para explicar el truco, se trabaja con monedas europeas de baja denominación. El Banco Central Europeo confirma que las piezas de 1, 2 y 5 céntimos están fabricadas con acero recubierto de cobre.
Esto también explica por qué no conviene extrapolar el consejo automáticamente a pesos argentinos, dólares u otras divisas: la composición cambia según la moneda, el país y la serie de acuñación.

Además, que el cobre sea necesario no significa que agregar más siempre sea beneficioso. Las plantas requieren cantidades muy pequeñas y muchos suelos ya contienen niveles suficientes. La recomendación agronómica ante una posible carencia es determinarla mediante análisis del suelo o del tejido vegetal, en lugar de agregar cobre indiscriminadamente.
Cómo aplicar el truco sin excederse
Si se quiere experimentar con esta práctica, lo prudente es utilizar muy pocas monedas cuya composición sea conocida, enterrarlas en el sustrato y evitar colocarlas directamente contra las raíces. Tampoco debería considerarse este procedimiento como sustituto del abono, un buen sustrato, el riego adecuado y las necesidades específicas de cada especie.
El propio método difundido plantea enterrar las piezas para conseguir una acción progresiva, mientras que también propone colocarlas en el plato de algunas macetas para que permanezcan en contacto con el agua.
La clave, entonces, está en el material y no en el valor de la moneda. El cobre puede ser beneficioso cuando una planta realmente lo necesita, pero debe encontrarse en cantidades adecuadas. Por eso, las monedas viejas pueden explicar el origen de este curioso truco de jardinería, aunque no deben entenderse como un fertilizante universal.



