En 2020, Antonela Bianculli tenía 29 años, un trabajo que la hacía infeliz y una relación que, según cuenta, se mantenía por inercia. Pero ese año todo se derrumbó: perdió su empleo en plena pandemia, terminó con su pareja de tres años y atravesó una depresión que la llevó a tocar fondo.
Lo que comenzó como una búsqueda personal para entender qué le estaba pasando terminó transformándose, años después, en Manifestadoras, su primer libro publicado por V&R.
En sus páginas, la autora combina su propia historia con herramientas de desarrollo personal y conceptos vinculados con los pensamientos, los hábitos, la identidad y el sistema nervioso.

DE QUÉ TRATA MANIFESTADORAS
Lejos de plantear la manifestación como una fórmula mágica para pedirle algo al universo y esperar que suceda, Bianculli propone trabajar sobre aquello que muchas veces aparece después de conseguir lo que se desea: la dificultad para sostenerlo.
“Manifestás lo que sostenés”, es una de las ideas centrales de su propuesta. Para la autora, muchas veces el problema no está en la capacidad de conseguir algo, sino en que internamente todavía no nos sentimos capaces de habitar esa nueva realidad.
En Manifestadoras, además, aborda el autosabotaje y explica por qué muchas personas terminan regresando a situaciones conocidas aunque sean dolorosas. Su planteo es que el cuerpo puede interpretar lo conocido como seguro y lo nuevo como una amenaza, incluso cuando conscientemente deseamos ese cambio.
El resultado es un libro que busca llevar estas ideas a la práctica a través de técnicas y ejercicios concretos. En diálogo con Ciudad, Antonela Bianculli habló sobre el momento que cambió su vida, el autosabotaje, el papel del cuerpo en los procesos de transformación y la responsabilidad de hablar de salud mental desde las redes sociales.
- En el libro contás que todo empezó a partir de un derrumbe personal. ¿En qué momento sentiste que ese dolor podía convertirse en una herramienta para ayudar a otros?
- Mucho después de vivirlo. En 2020 yo tenía 29 años, un trabajo que me hacía infeliz y una vida que no se parecía en nada a la que había soñado. Cuando todo se derrumbó, lo que armé fue para salvarme yo.
Quería entender por qué pensaba lo que pensaba, por qué mi cuerpo estaba todo el tiempo en alerta, por qué deseaba cosas y después yo misma las arruinaba. En ese momento no había ninguna vocación de ayudar a nadie, había una mujer tratando de salir de una depresión post ruptura y post ser echada de su trabajo.
Lo de ayudar apareció cuando empecé a contar en redes lo que estaba haciendo conmigo y del otro lado las mujeres me respondían que les pasaba exactamente lo mismo.
Ahí me cayó la ficha de que lo que yo había aprendido para salir le podía servir a otra que estaba donde yo había estado.
- ¿Qué parte de esa Antonela de 2020 todavía vive en vos?
- Esa Antonela vuelve, eh. Vuelve en los días malos, cuando estoy cansada, cuando algo tarda más de lo que quiero.
La diferencia es que hoy la reconozco a los diez minutos y tengo herramientas para no quedarme a vivir ahí. Antes esa versión mía me manejaba la vida entera y hoy viene un rato y se va.
- Hoy la palabra “manifestar” está en todos lados, incluso de una forma bastante “marketinera” en redes. ¿Qué creés que se entiende mal sobre este concepto?
- Se instaló la idea de que manifestar es pedirle cosas al universo y esperar que caigan del cielo. El famoso “comentá 111 y mañana te deposita”, “hecho está”.
Y eso tuvo un costo doble. Deja gente frustrada porque pide y no pasa nada, y al mismo tiempo hizo que mucha gente seria descarte el tema completo sin mirar lo que hay abajo, que es mucho menos mágico y mucho más interesante.
Cómo tus creencias filtran lo que ves como posible, cómo tu sistema nervioso decide qué podés sostener y qué no.
Lo que yo enseño es un trabajo de identidad que se hace con el cuerpo y la mente. Tiene menos brillitos que la versión de redes, pero funciona.
- ¿Por qué sostener lo que deseamos resulta mucho más difícil que conseguirlo?
- Porque conseguir algo es un momento, y sostenerlo te pide ser otra persona a largo plazo.
Todas conocemos a alguien que consiguió la pareja que quería y la saboteó, o que cada vez que junta plata aparece un gasto que la vuelve a cero.
Casi nunca el problema es la capacidad de lograr cosas. El problema es que adentro seguís siendo alguien para quien eso es demasiado, y el cuerpo te devuelve al punto donde te reconocés.
Por eso yo digo siempre que manifestás lo que sostenés. El trabajo grande está en volverte alguien para quien esa vida nueva es lo normal.
- En Manifestadoras hablás mucho del autosabotaje. ¿Cómo podemos reconocer cuando nosotros mismos estamos frenando lo que queremos?
- Tiene señales bastante claras. Procrastinás justo el paso importante. Te llega un logro y a los dos días ya lo achicaste con un “no es para tanto”. Se te rompen los hábitos misteriosamente cuando todo empieza a funcionar. Inventás una pelea justo cuando la relación está en paz.
Si te fijás, el freno aparece siempre cerca de lo bueno, nunca de lo malo. Con mi comunidad usamos una pregunta como filtro diario: qué haría la versión de mí que ya tiene esto que quiero.
Autosabotaje es cuando sabés la respuesta y elegís lo contrario.
- Hay una idea que me pareció muy interesante: el cuerpo muchas veces “se separa” de la mente y prefiere volver a lo conocido, aunque nos haga mal. ¿Por qué pasa eso?
- Pensá en cualquiera que volvió con un ex que le hacía mal, o que hace años sigue en un trabajo que odia. Desde afuera parece falta de voluntad. Desde el sistema nervioso tiene toda la lógica del mundo, porque para tu cuerpo lo conocido se siente seguro aunque duela, y lo nuevo se siente amenaza aunque sea mejor.
Tu mente puede querer una vida distinta, pero si el cuerpo vive en modo supervivencia va a elegir siempre el terreno que conoce. Su trabajo es que sobrevivas, no que seas feliz.
Por eso en Neuromanifestación®️ el cuerpo va primero. Con un sistema nervioso en alerta no hay visualización que alcance. Primero le enseñás al cuerpo que lo nuevo es seguro y recién ahí lo nuevo se queda.
- ¿Cómo se empieza a construir una nueva identidad sin sentir que estamos fingiendo ser otra persona?
- La sensación de estar fingiendo aparece cuando querés actuar el resultado final de un día para el otro. Yo propongo algo mucho más chiquito.
Decisiones diarias de la mujer que querés ser. Cómo contesta un mail, qué hace cuando algo sale mal, qué elige para cenar. Nada de eso se siente disfraz porque lo estás haciendo vos de verdad.
Y el cuerpo aprende repitiendo. Después de suficientes decisiones chiquitas, un día te das cuenta de que ya no estás practicando, ya vivís ahí.
- Muchos libros de desarrollo personal hablan de pensar positivo. El tuyo va más allá, profundiza y hasta ofrece técnicas. ¿Cuál dirías que es la diferencia principal?
- El pensamiento positivo te pide que te tapes los ojos. Repetir que todo está bien mientras el cuerpo es un manojo de ansiedad. Eso dura lo que dura la motivación, o sea, poco.
Lo mío pide otra cosa, pide entrenar. Un pensamiento nuevo sin un cuerpo regulado no tiene dónde agarrarse, entonces el libro trabaja las dos capas a la vez, la mental y la física, y por eso tiene técnicas concretas y no frases para pegar en el espejo.
Yo quería escribir el libro que me hubiera servido a mí en 2020, y a mí una frase linda no me hubiera alcanzado para salir de la depresión. Yo necesitaba que alguien me dijera qué hacer en el momento exacto en que la cabeza se me iba a lo peor.
- Algunas de las ideas que exponés en tu libro generan debate. ¿Cómo respondés a quienes miran con escepticismo estos enfoques?
- Con simpatía, porque yo fui escéptica. La palabra manifestar me generaba la misma desconfianza que le genera a cualquier persona racional.
Por eso mi enfoque terminó parado en el sistema nervioso y en los hábitos, que es terreno bastante menos discutible.
A los escépticos les diría dos cosas. Primero, hay cosas que no discuto, esto no reemplaza una terapia ni promete magia, y cualquiera que te prometa eso te está vendiendo humo. Y segundo, probalo un par de semanas antes de opinar.
- Tenés una comunidad muy grande en redes. ¿Sentís una responsabilidad especial cuando hablás de salud mental y crecimiento personal?
- Enorme, y la tomo muy en serio. Tengo límites que no negocio. No diagnostico, no me meto donde corresponde un profesional y recomiendo terapia todo el tiempo.
Y hay algo que me da mucho orgullo, en la comunidad hay miles de psicólogas, y muchísimas de las mujeres que llegan lo hacen porque su propia psicóloga les recomendó mi contenido como complemento de la terapia.
Para mí ese cruce es la mejor señal de que el espacio está bien cuidado.
Manifestadoras: aprender a habitar la vida que deseamos
Manifestadoras parte de una experiencia personal de crisis y propone mirar el cambio desde un lugar que va más allá del simple deseo de conseguir algo.
A través de su propia historia, Antonela Bianculli desarrolla distintas herramientas para revisar pensamientos, hábitos e identidad, y pone especial énfasis en aquello que ocurre cuando una persona intenta salir de lo conocido.
El libro también aborda el autosabotaje y la dificultad para sostener los cambios. Sin revelar el recorrido que propone la autora, una de sus principales ideas aparece sintetizada en una frase que atraviesa su propuesta: “Manifestás lo que sostenés”.
Más allá de las distintas miradas que puedan generar los conceptos vinculados con la manifestación, Manifestadoras propone, en definitiva, una pregunta interesante: qué hacemos cuando la vida que deseábamos finalmente empieza a convertirse en nuestra realidad.



