Marley tiene en Pinamar uno de sus refugios más queridos, lejos de las cámaras y del ritmo acelerado de la televisión. La propiedad, ubicada en una zona residencial entre pinos, es el escenario ideal donde el conductor disfruta de la vida familiar junto a sus hijos Mirko y Milenka, y donde el tiempo parece correr diferente.
La vivienda se distingue del resto de las construcciones de la zona por su fuerte impronta ochentosa que todavía conserva gran parte de su esencia original. Ladrillo, madera y troncos oscuros son los materiales protagonistas que le dan una estética cálida y clásica, muy característica de las casas de la Costa Atlántica.

Uno de los espacios más llamativos es el living comedor, amplio y luminoso gracias a grandes ventanales que enmarcan el bosque como si fuera un cuadro viviente. Las últimas renovaciones incorporaron pisos de madera clara, muebles de líneas simples y textiles en tonos neutros que potencian la sensación de calma y conexión con el entorno natural.
EL EXTERIOR DE LA CASA: PILETA, JARDÍN Y ESPACIO PARA LOS CHICOS
El exterior es otro de los grandes atractivos de la propiedad. Cuenta con un amplio jardín, pileta, reposeras y espacios de juego pensados especialmente para los chicos. La galería conecta directamente con el entorno de pinos que hace tan especial a Pinamar.

La cocina también fue renovada para adaptarse a las necesidades del día a día familiar. Mantiene detalles decorativos clásicos y recuerdos de los incontables viajes del conductor por el mundo, pero incorpora electrodomésticos modernos y una distribución funcional que hace más fácil la convivencia cotidiana.

La llegada de Milenka también trajo cambios puertas adentro. Marley reorganizó habitaciones y ambientes para que cada uno de sus hijos tenga su propio espacio y comodidad. Los juguetes, los colores y la nueva dinámica de una familia que creció terminaron transformando por completo el clima del lugar, llenándolo de vida y movimiento.




