El universo del trap argentino quedó envuelto en una inesperada controversia que mezcla fama, derechos de autor y una fuerte disputa judicial. Duki fue denunciado públicamente por Iván Ariel Grasso, conocido en redes como “Iván de Quilmes”, el tatuador que creó las famosas “alitas” que el cantante lleva tatuadas debajo de los ojos.
Según explicó el artista, el conflicto comenzó cuando ese diseño —que con el tiempo se convirtió en uno de los símbolos más reconocibles de Duki— empezó a aparecer en productos oficiales y colaboraciones comerciales sin que él recibiera autorización, reconocimiento económico ni participación alguna.
EL TATUAJE QUE PASÓ DE LA PIEL AL MERCHANDISING
La denuncia explotó en redes sociales luego de que Iván compartiera un extenso descargo en Instagram con capturas de conversaciones privadas, documentos legales y comparaciones entre el tatuaje original y distintos artículos vinculados al cantante.
Entre los productos señalados aparecen gorras, accesorios y colaboraciones con marcas internacionales como Adidas, New Era e incluso Netflix. El tatuador sostiene que las “alitas” fueron utilizadas con fines comerciales sin licencia ni acuerdo formal.
“Hace bastante tiempo me vienen diciendo que me van a reconocer y pagar lo que me corresponde por mi arte”, escribió Iván en una de sus publicaciones, visiblemente molesto por la situación.

EL DESCARGO DEL TATUADOR Y LAS CONVERSACIONES PRIVADAS
En su publicación, Iván aseguró que el problema no nació únicamente por una cuestión económica, sino también por el valor simbólico y creativo de su trabajo. “Duele que se aprovechen del esfuerzo, de la creatividad y de la confianza de alguien que siempre actuó de buena fe”, expresó.
Además, el tatuador difundió supuestos mensajes privados con Duki donde, según él, el artista reconocía el conflicto y prometía resolverlo junto a su equipo. Sin embargo, Iván afirmó que esa solución nunca llegó.

El posteo rápidamente se viralizó entre los fanáticos del trap y abrió un intenso debate sobre la propiedad intelectual en la música urbana, donde los tatuajes, logos y símbolos visuales suelen transformarse en parte central de la identidad de los artistas.
LA DENUNCIA JUDICIAL CONTRA DUKI
El conflicto ya quedó formalmente en manos del estudio jurídico encabezado por Felipe Franco Trigo, que envió una carta documento intimando a Duki a regularizar la situación en un plazo de 72 horas.
En el escrito legal se sostiene que la obra artística original del tatuaje fue utilizada “con fines económicos y publicitarios” sin autorización de su autor, lo que podría representar una violación a la Ley 11.723 de propiedad intelectual y a convenios internacionales vinculados a derechos de autor.

Además, la carta menciona que tanto Duki como su representante, Facundo Alama, habrían reconocido la existencia del problema y prometido una compensación económica que finalmente nunca se concretó.
Por el momento, el cantante no realizó declaraciones públicas sobre la polémica que sacudió al mundo del trap argentino y que volvió a poner en discusión los límites entre la imagen artística y los derechos creativos detrás de ella.




