Soledad Pastorutti volvió a escribir una página histórica en el Festival Nacional de Folklore de Cosquín al celebrar sus 30 años de carrera con un concierto maratónico.
Estuvo cargado de emoción, invitados de lujo y una imagen final que ya quedó grabada en la memoria del público: la artista cantando bajo la lluvia con un bebé en brazos.
La Plaza Próspero Molina fue escenario de una noche tan intensa como simbólica. La lluvia, lejos de ahuyentar a la multitud, terminó sumándose al clima épico de un show que comenzó cerca de la 1.30 de la madrugada y se extendió por más de tres horas.
Miles de personas acompañaron cada canción de La Sole con coros, aplausos y un fervor que no decayó en ningún momento.

EL IMPACTANTE SHOW DE LA SOLE EN COSQUÍN
La apertura fue tan impactante como cinematográfica. Soledad ingresó suspendida en una enorme luna, elevada por una grúa sobre el escenario Atahualpa Yupanqui.
Mientras descendía lentamente, la ovación tapaba el sonido de la lluvia y marcaba el tono de una celebración que mezcló emoción, espectáculo y recuerdos.
Las primeras canciones, “Sigo siendo yo” y “Vivir es hoy”, dieron inicio a un tramo inicial con una impronta más moderna y eléctrica, similar a sus recientes shows en Buenos Aires.

Con el correr de la madrugada, el recital fue transformándose en un verdadero encuentro de generaciones y estilos. Pedro Capó llegó desde Puerto Rico para compartir una versión íntima de “Piel y canela”, Teresa Parodi aportó profundidad con “El cielo del albañil” y Nahuel Pennisi emocionó junto a Soledad en “Como un cisne”.
Uno de los momentos más inesperados fue la aparición de Cazzu, que se sumó en “Cómo será”, generando una ovación sorpresa en la plaza.
Soledad recordó entonces su debut en Cosquín en 1996, cuando con apenas 15 años revolucionó el festival revoleando el poncho, un gesto que selló para siempre su vínculo con ese escenario y con el público folklórico.



