Si estás pensando en darte un gusto gastronómico en Buenos Aires, el restaurante de Narda Lepes sigue siendo una referencia obligada en 2026.
Ubicado en Mariscal Antonio José de Sucre 664, en pleno Bajo Belgrano, Narda Comedor propone una experiencia que escapa del clásico bodegón argentino. Para quienes planean un almuerzo para dos personas, el presupuesto a calcular es de aproximadamente $61.200 por persona, lo que totaliza unos $122.400 para una salida completa que incluye plato principal, postre y bebida.
Aunque el monto puede parecer elevado, lo que se paga es también el prestigio de uno de los locales más reseñados de la capital y la garantía de una propuesta gastronómica única.

OSOBUCO BRASEADO Y POSTRES INNOVADORES: QUÉ SE COME Y CUÁNTO CUESTA
La carta de Narda Comedor destaca por su creatividad y calidad. Entre los platos estrella figura el osobuco braseado, que se sirve acompañado de puré de papas, brócoli y avellanas, con un precio de $43.000. Para los amantes de lo dulce, el restaurante ofrece opciones fuera de lo común como el merengue de pecorino con helado de queso de cabra y fruta en conserva, que cuesta $14.000.
Incluso las bebidas tienen un precio acorde al nivel del lugar: una simple botella de agua se ubica en $3.500. Los precios reflejan el posicionamiento premium del local, avalado por menciones en la Guía Michelin y el reconocimiento a la trayectoria de Narda Lepes en la escena gastronómica argentina e internacional.
VEGETALES EN EL CENTRO: UNA PROPUESTA QUE ROMPE CON LA TRADICIÓN CARNÍVORA
Aunque el osobuco es uno de los platos más solicitados, la verdadera identidad de Narda Comedor está en su apuesta por poner a los vegetales como protagonistas. El menú ofrece una amplia variedad de opciones vegetarianas, veganas y sin gluten, resaltando el sabor natural de legumbres, cereales y frutas de estación.
La carta dinámica está organizada en platos pequeños, medianos y grandes, permitiendo a los comensales armar su experiencia a medida: pueden elegir compartir varias entradas o ir directo a un principal contundente. Esta flexibilidad convierte cada visita en una experiencia personalizable, adaptada al apetito y preferencias de cada comensal.




