Durante años, la industria de la moda estuvo marcada por el ritmo frenético del fast fashion. Nuevas colecciones cada pocas semanas, tendencias efímeras y compras impulsivas definieron gran parte del consumo global.
Sin embargo, algo parece estar cambiando. Cada vez más consumidoras priorizan prendas capaces de acompañarlas durante varias temporadas, construir un guardarropa más inteligente y generar una conexión emocional que vaya más allá de la novedad del momento.
“Las consumidoras valoran cada vez más las prendas que trascienden las tendencias pasajeras y que pueden acompañarlas durante varias temporadas. Más que ostentación, buscan calidad, diseño, versatilidad y autenticidad”, explica Guillermo Szabo, Director de Grupo Leuru. Esta semana, sus marcas Intimissimi y Maje inauguran sus sucursales en el país.

El auge del quiet luxury y los guardarropas inteligentes
El llamado quiet luxury se convirtió en una de las tendencias más influyentes de los últimos años. Lejos de los logos visibles y la ostentación, propone una elegancia basada en materiales de calidad, cortes atemporales y sofisticación sin excesos.
Según Szabo, este cambio también se refleja en la forma en que las consumidoras construyen sus looks: “Observamos una fuerte influencia de la sastrería relajada, las siluetas más versátiles y la construcción de guardarropas más inteligentes”.
La tendencia responde a una búsqueda cada vez más consciente, donde las prendas dejan de ser compras impulsivas para convertirse en inversiones de largo plazo.

“Las piezas aspiracionales tienen un valor emocional distinto: generan conexión, cuentan una historia y suelen convertirse en prendas que acompañan durante muchos años”, agrega el director.
El regreso de la experiencia de compra
Aunque las redes sociales y el e-commerce transformaron la industria, las tiendas físicas continúan teniendo un papel fundamental dentro del segmento premium.
“La tienda física sigue siendo fundamental porque permite transmitir el universo completo de la marca. En el segmento premium, la experiencia va mucho más allá del producto: involucra atención personalizada, ambientación, servicio y una conexión emocional que difícilmente puede replicarse de forma digital”, explica Szabo.
Por eso, muchas marcas internacionales continúan apostando a espacios físicos capaces de construir comunidad, identidad y experiencia alrededor de sus propuestas.

Cuando la comodidad dejó de ser negociable
Otro de los grandes cambios de la moda contemporánea ocurrió después de la pandemia. La búsqueda de confort dejó de ser una tendencia pasajera para convertirse en una expectativa permanente.
“Hoy las mujeres buscan prendas que las hagan sentir cómodas, seguras y al mismo tiempo atractivas. La innovación en materiales, las nuevas construcciones y los diseños más refinados permiten combinar perfectamente confort, calidad y sofisticación”, señala Guillermo sobre la marca italiana especializada en lencería y homewear.

La lencería sale del cajón
En paralelo, una tendencia continúa creciendo dentro del universo fashion: el underwear as outerwear. La lencería dejó de pensarse únicamente como una prenda funcional o íntima para convertirse en parte de los looks cotidianos.
“La lencería pasó a formar parte de la construcción del look, aportando sofisticación, textura y personalidad. Hoy ya no se trata únicamente de una prenda funcional o reservada al ámbito privado, sino de una extensión del estilo personal”, señala Szabo.
Tops de encaje, bodys, camisetas de seda y prendas con inspiración lencera comenzaron a ocupar un lugar estable dentro de los guardarropas, impulsadas por una búsqueda de versatilidad y múltiples formas de uso.

Una nueva mirada sobre la feminidad
La transformación también alcanza la manera en que se entiende la sensualidad femenina.
Según el director de la marca, las consumidoras actuales buscan una relación más auténtica y menos estereotipada con la moda.
“Hoy la sensualidad es mucho más inclusiva, diversa y personal que en el pasado. Más que promover un ideal único, el objetivo es celebrar distintas formas de belleza y acompañar a cada mujer para que pueda sentirse cómoda, segura y auténtica”.
La conversación sobre diversidad corporal, representación y bienestar pasó a ocupar un lugar central dentro de la industria, modificando la forma en que las marcas se comunican con sus audiencias.

Moda, identidad y pertenencia
Más allá de las prendas, las consumidoras buscan cada vez más una conexión emocional con las marcas.
“Quieren sentirse parte de una comunidad y encontrar marcas que reflejen quiénes son o quiénes aspiran a ser. La conexión emocional y la autenticidad son tan importantes como el diseño de una colección”, sostiene Szabo sobre Maje.
Y sobre Intimissimi indica: “Las consumidoras valoran aquellas propuestas que entienden sus necesidades reales y que las acompañan en diferentes momentos de su vida”.

En un contexto donde las redes sociales aceleran la circulación global de tendencias y elevan las expectativas de los consumidores, el desembarco de firmas internacionalesrefleja una transformación más amplia: la moda ya no se trata solamente de qué ropa usamos, sino también de identidad, experiencia y pertenencia.


