La historia de Lucía Pérez Gerardi (35) puede inspirar a miles de personas, y las dos presentaciones que hará como Luli Pampín en el Arena Buenos Aires el sábado 11 y el domingo 12 es Millones de Gracias World Tour, porque entre otras cosas ¡tiene una canción con más de 1.5 billones de reproducciones en YouTube! y bien podría ser además por su resiliencia.
Nacida en Mendoza, en el aciago 2001 se fue a vivir con sus padres a España donde durante 10 años sirvió en el ejército para poder vivir, pero que abandonó al poco tiempo de convertirse en madre soltera de Mateo y comprobar que podía vivir de lo que amaba.
Con una carrera impactante forjada desde la nada misma, cuando con una caja de cartón hizo el primer video como bailarina de cajita musical, confeccionando ella misma su vestuario, con la ayuda de su hermano para la grabación y edición de los videos, Luli logró un éxito impactante.

Es que a diferencia de fenómenos infantiles, no contó con la formación ni el respaldo de gigantes del entretenimiento desde chica, Lucía se había formado en un coro de niños y gracias a su talento natural despertó el interés de Alberto Mantovani, el productor que la descubrió por YouTube y la impulsó.

En una charla profunda con Ciudad, Luli repasó su historia, se ilusionó con su futuro y respondió la pregunta del millón, porque todos entienden que Luli viene de Lucía. ¿Pero por qué Pampín?: “Es por el apellido de un familiar de Argentina”.
—Se cumplen diez años desde que empezaste grabándote sola con una caja de cartón. Hoy recorrés México, Buenos Aires, Chile, España y presentás “Millones de Gracias”. ¿Qué significa mirar hacia atrás y ver todo ese recorrido?
—La verdad es que ha sido increíble. Parece que se me pasó rapidísimo y, a la vez, súper lento. Ha sido un recorrido muy hermoso, poder avanzar de a poquito, disfrutar cada momento del proceso y llegar hasta ahora, haciendo un Movistar Arena en Buenos Aires. Para mí es algo muy increíble y lo estoy disfrutando muchísimo.

—¿Cuánto de aquella creación artesanal, casera, con tu hermano, sigue estando presente hoy, cuando sos una artista con millones de seguidores?
—Todo sigue siendo muy familiar. Seguimos trabajando en equipo, poniendo siempre el corazón porque nos gusta mucho lo que hacemos. En cada detalle seguimos dejando una parte de nosotros, así que para mí sigue siendo un proyecto muy artesanal hasta el día de hoy.
—Tus hijos forman parte de tu inspiración. ¿Hay palabras, frases o momentos de ellos que hayan quedado reflejados en tus canciones o en tus shows?
—Sí, hay un montón. Cada canción que escribo tiene algo de mis hijos porque siempre estoy componiendo a partir de cosas que vivo con ellos. Todo es una mezcla de esa maternidad. También hay una frase que me decía mi papá, que ya falleció, y que siempre me gusta incluir en los shows: “El amor es esa magia que lo puede todo”. Es una frase que me acompaña siempre y me parece muy bonita.

—El mensaje central de tu nuevo espectáculo parece ser que los sueños se cumplen si uno lucha por ellos. ¿Ese también es un legado de tu papá?
—Sí. El show recorre estos diez años de carrera porque detrás de Luli Pampín hay una mamá que creyó en su sueño, trabajó muchísimo y lo construyó durante todo este tiempo. Quiero que conozcan esa historia y que vean que soy un ejemplo de que los sueños se pueden conseguir si trabajás con mucho empeño. También es una forma de devolverles todo el cariño que me dieron las familias y los niños que crecieron conmigo.

—Además de “Millones de Gracias”, seguís presentando “El Libro Musical”, que también tiene un fuerte mensaje de fomentar la lectura.
—Sí, y eso me hace muy feliz. Que los chicos se vayan con ganas de leer después del espectáculo es justamente uno de los objetivos.
—Compartiste escenarios con artistas como Topa y Solcito Fijo. ¿Qué te deja compartir con otros referentes del entretenimiento infantil?
—Es muy bonito porque todos tenemos la misma misión: hacer felices a los niños. Compartir escenarios también transmite un mensaje muy lindo sobre el compañerismo y el trabajo en equipo.

—De chica admirabas a Yuya, Shakira, Thalía, Bandana, Mambrú y también a María Elena Walsh. ¿Pudiste conocer a alguna de ellas?
—No he tenido la oportunidad, pero me encantaría. Todos ellos fueron parte de mi infancia. ¿Quién no quiere conocer a sus ídolos de chico? Sería maravilloso.
—Aunque vivís en España, todavía no conociste personalmente a Shakira.
—No, todavía no tuve ese gusto, pero ojalá algún día pueda conocerla. Sería hermoso.
—¿Te sorprendió que hijos de personas famosas escucharan tus canciones?
—Sí, ha pasado. Por ejemplo, los hijos de Cristiano Ronaldo conocían mi trabajo. Pero, sinceramente, para mí no importa si son famosos o no. Lo importante es que disfruten lo que hago. Me emociona igual el cariño de cualquier familia.

—Empezaste prácticamente sola, aprendiendo a editar videos, haciendo el vestuario y construyendo el proyecto desde cero. ¿Cómo fue ese camino?
—Empecé sin saber adónde me iba a llevar la vida, simplemente haciendo algo que siempre me había gustado: cantar y bailar. Estudié diez años en el conservatorio y sentía que el arte siempre me estaba llamando. La maternidad fue lo que despertó definitivamente esa chispa.
Al principio molestaba mucho a mi hermano preguntándole cómo se hacía cada cosa. Aprendí sobre programas de edición, computadoras y tecnología, que eran totalmente nuevos para mí.
Poco a poco el canal empezó a crecer, llegaron los seguidores y después conocí a mi productor, con quien sigo trabajando hasta hoy. El equipo fue creciendo y eso es muy lindo. Es importante que los niños sepan que también se puede empezar desde cero.

—Después de llegar a dos Movistar Arena en Buenos Aires, ¿qué sueño te queda por cumplir?
—Primero, todavía me cuesta creer que vayamos a hacer dos Movistar Arena. Ni en mis mejores sueños lo hubiera imaginado. Soy muy agradecida con todo lo que tengo. Si pienso en un sueño nuevo, quizá sería hacer una película. Me encantaría complementar mi carrera con ese proyecto.
—¿Ya hubo conversaciones para hacer cine?
—Sí, hubo algunas propuestas, pero son procesos muy largos y complejos. Ojalá algún día se concrete. Y si no pasa, seguiré siendo igual de feliz.

—Cuando no estás caracterizada como Luli Pampín, ¿podés llevar una vida normal?
—Sí. Cuando no estoy de Luli soy simplemente una mamá. Alguna vez me reconocen, pero en general puedo hacer mi vida cotidiana con total normalidad junto a mi familia.
—¿Cómo es trabajar y compartir la vida con José, el papá de Laila?
—Nos llevamos muy bien y nos complementamos muchísimo. Como cualquier pareja, puede haber diferencias, pero trabajar juntos resulta muy natural porque después de tantos años nos entendemos muy bien. Además, me encanta poder compartir las ideas con él y escuchar su opinión.

—Trabajás con un público que se renueva permanentemente. ¿Cómo hacés para seguir vigente?
—Justamente porque cada generación me conoce por primera vez. Los chicos crecen, llegan nuevos niños, aparecen hermanitos y vuelven a descubrir todo el proyecto desde el principio. Esa es una de las cosas más lindas de trabajar para la infancia.

—¿Cuál es la canción que más te pide el público?
—Sin dudas, “Camino por la Selva”. Es mi mayor éxito, tiene más de mil millones de reproducciones y nunca puede faltar en un show. Apenas digo que voy a cantar esa canción, los chicos ya se emocionan muchísimo.
—¿Cómo nació justamente “Camino por la Selva”?
—Fue muy curioso. Yo quería hacer una canción sobre la selva. Tenía la letra, pero no encontraba la melodía. Una noche soñé con mi abuelo, que ya había fallecido, silbando esa melodía.
Me desperté enseguida y la grabé para no olvidarla. Después hubo un trabajo increíble de mi productor, que terminó de construir la canción y logró convertirla en lo que hoy conocen todos los niños.

—¿Sentís que hoy lograste un equilibrio entre el éxito profesional y la felicidad personal?
—Sí. Me encanta dedicarme a algo que también es mi hobby. Es muy especial sentir que tu trabajo es aquello que más disfrutás hacer. Vivo por y para Luli porque realmente me apasiona.
—¿Hasta cuándo imaginás seguir siendo Luli Pampín?
—Espero que muchísimos años más. Me gustaría seguir siendo Luli incluso con 50 o 60 años. Mi sueño también es que Luli no dependa únicamente de mí, sino que el proyecto continúe en el tiempo, ya sea conmigo, con mi hija o con otra persona. Me gustaría que se convierta en un legado.



