En los últimos días, la Organización Meteorológica Mundial informó que aumentó al 90 por ciento la probabilidad de que el fenómeno de El Niño haga su aparición en el segundo semestre de este 2026 y no descartaron la posibilidad de “mega tormentas”.
El aviso, replicado por agencias internacionales, refuerza la necesidad de monitorear de cerca uno de los fenómenos más disruptivos de la meteorología global. El Niño es una de las variaciones climáticas naturales más poderosas del planeta y suele aparecer cada dos a siete años, alterando lluvias, temperaturas y vientos en distintas partes del mundo.

El fenómeno del “Super Niño” se caracteriza por el calentamiento de la superficie del mar en el Pacífico ecuatorial, lo que modifica los patrones de clima durante meses. Para anticipar su aparición, los especialistas siguen de cerca la temperatura del océano, los vientos y la presión atmosférica.
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LAS CONDICIONES QUE POSIBILITAN UNA MEGA TORMENTA OCASIONADA POR EL “SÚPER NIÑO”
El concepto de “super El Niño” se usa cuando la temperatura superficial del mar en la región Niño 3.4 supera los +2 °C durante varios meses. Solo se registraron tres episodios de esta magnitud desde mediados del siglo pasado: 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016.
Según el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo (ECMWF), este año las anomalías podrían llegar a 3,3 °C hacia septiembre, lo que refuerza la preocupación por la posible magnitud del evento. Los expertos advierten que estos fenómenos son irregulares y difíciles de predecir con exactitud.

Meteorólogos de la NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos) y el ECMWF coinciden en que la probabilidad de desarrollo de El Niño alcanza niveles inéditos en 2026. La NOAA estima un 62% de chances de que se desarrolle entre junio y agosto, con potencial para intensificarse hacia el final de la temporada de huracanes.
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CÓMO IMPACTA EL “SUPER NIÑO” EN SUDAMÉRICA Y LA ARGENTINA
Las consecuencias de un “super El Niño” pueden sentirse en todo el planeta, pero no de manera uniforme. Según la NOAA, el fenómeno intensifica la actividad de huracanes en el Pacífico central y oriental, pero la reduce en el Atlántico. Además, puede provocar olas de calor extremo, déficit de lluvias en algunas regiones y precipitaciones por encima de lo normal en otras.
En Sudamérica, la OMM advierte que el sudeste del continente —incluyendo el sur de Brasil, Paraguay, el norte y noreste de Argentina y Uruguay— podría enfrentar lluvias por encima de lo habitual, con riesgo de inundaciones, tormentas severas y deslizamientos. Por el contrario, el norte de Sudamérica, América Central y el noreste de Brasil quedarían expuestos a sequías o lluvias por debajo de lo normal.

Las áreas bajo mayor vigilancia en la Argentina incluyen Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba, el norte de Buenos Aires, la Mesopotamia y la región chaqueña. Para la industria pesquera, el “Niño Costero” en Perú y Ecuador representa lluvias intensas y calentamiento del mar, lo que afecta la pesca y la biodiversidad marina.
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