Fátima Florez vive en una residencia de estilo moderno donde conviven la funcionalidad, el entrenamiento físico y una marcada pasión por la cultura egipcia.
La propiedad se destaca por su amplitud y una distribución pensada para integrar distintos usos en un mismo espacio. Con una arquitectura de líneas rectas y concepto abierto, la casa permite que los ambientes dialoguen entre sí sin perder identidad, generando una sensación de fluidez y equilibrio.
Uno de los rasgos más distintivos del hogar de Fátima Florez es, sin dudas, su decoración inspirada en el Antiguo Egipto. En el área principal, esta estética cobra protagonismo a través de objetos cuidadosamente seleccionados: figuras, relieves, colores dorados y piezas que remiten al universo de los faraones.

Los cuadros con papiros y las imágenes de estatuas aportan un aire místico que rompe con la sobriedad de la estructura moderna y le da un sello único al espacio.

ASÍ ES LA CASA DE FÁTIMA FLOREZ
Este gusto por lo exótico convive con otras pasiones de la artista. En distintos rincones de la casa también aparecen referencias a Boca Juniors, como una camiseta enmarcada que forma parte de la decoración.
Más allá de lo estético, la casa cumple un rol clave en su rutina diaria. Uno de los espacios más importantes es el gimnasio privado, equipado con máquinas y accesorios que le permiten sostener su exigente preparación física sin salir de su casa.

La integración de todos estos elementos —la inspiración egipcia, el deporte y el confort— se logra gracias a una base arquitectónica neutra que potencia cada detalle sin sobrecargar los ambientes.




