La casa de Marcela Kloosterboer no es solo un hogar: es una declaración de estilo. Con un diseño arquitectónico contemporáneo que equilibra elegancia y naturalidad, la propiedad se destaca por sus espacios amplios, funcionales y bañados de luz natural.
Paredes en blanco puro, pisos de porcelanato claro y una curaduría impecable de cada detalle hacen de este espacio una referencia del buen gusto.
El interiorismo de la casa responde a una línea minimalista escandinava. Mesas de mármol veteado y sillas de inspiración nórdica conviven con textiles suaves y grandes plantas de interior que aportan vida sin romper la armonía. Nada está de más: cada objeto fue elegido con criterio.
VENTANALES DE DOBLE ALTURA Y CONEXIÓN CON EL EXTERIOR
Uno de los grandes logros del proyecto es la integración entre el interior y el exterior. Los ventanales de doble altura y las carpinterías de aluminio crean una transición casi imperceptible entre el living y la galería.

La galería cuenta con pisos de travertino y está equipada con sillones de estructura metálica negra y almohadones blancos.
El dormitorio principal mantiene la coherencia del resto de la casa: líneas puras, textiles de fibras naturales y una paleta neutra que favorece el descanso y la desconexión total.

EL BAÑO: LUJO FUNCIONAL EN CADA DETALLE
El baño y las áreas de cuidado personal son otro punto alto. Mármol, griferías de diseño contemporáneo y acabados precisos elevan la experiencia cotidiana sin caer en excesos. Lujo que se siente, pero que no grita.




