Limpiar puertas y ventanas con agua de lluvia y sal es una práctica que mezcla hábitos domésticos del día a día con creencias populares vinculadas a la limpieza energética del hogar. En muchos hogares se usa después de una mudanza, una discusión fuerte o simplemente cuando se busca “renovar el aire” del ambiente.
Más allá del costado simbólico, esta combinación también tiene beneficios concretos en la limpieza diaria: la sal ayuda a desinfectar, eliminar manchas y prevenir el empañamiento de los vidrios, mientras que el agua de lluvia -más liviana que la corriente- sirve para limpiar mejor sin dejar rastros.
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Por eso, cada vez más personas están eligiendo este método como una alternativa natural a los productos tradicionales, sobre todo en puertas, marcos y ventanas, donde se acumula suciedad, humedad y olores.
Para qué sirve limpiar con agua de lluvia y sal
Desde lo simbólico, el agua de lluvia está asociada a la idea de limpieza profunda y renovación. Al combinarla con sal, muchas personas sienten que el hogar recupera equilibrio, especialmente después de momentos de tensión o cambios importantes.
En lo práctico, la sal actúa como un desinfectante natural y un abrasivo suave. Ayuda a remover grasa, polvo adherido y manchas difíciles sin dañar el vidrio ni los marcos, algo clave en ventanas expuestas al clima.

Además, esta mezcla deja una sensación de frescura general y evita residuos químicos, lo que la vuelve una opción más segura para hogares con chicos, mascotas o personas sensibles a ciertos productos de limpieza.
Beneficios concretos de usar sal en puertas y ventanas
Más allá de las creencias, la sal tiene propiedades que explican por qué funciona tan bien en la limpieza del hogar:
- Ayuda a desinfectar superficies
- Elimina manchas y restos de grasa
- Previene el empañamiento de los vidrios
- Absorbe olores en ambientes húmedos
- Reduce la humedad en días fríos
Otro punto a favor es que no irrita la piel ni deja vapores fuertes, algo que sí suele pasar con productos de limpieza industriales. Esto permite usarla con más tranquilidad en espacios cerrados.
También es una aliada en invierno, ya que retrasa la formación de humedad en los vidrios y ayuda a mantenerlos más limpios por más tiempo.
Cómo preparar la mezcla para limpiar
La preparación es simple y no requiere ingredientes difíciles de conseguir. Con pocos pasos se obtiene una solución efectiva para usar en ventanas y puertas.
Se recomienda mezclar un litro de agua de lluvia (o agua tibia común si no se dispone de ella) con dos cucharadas de sal fina. Para potenciar el efecto desengrasante, se puede sumar media taza de vinagre blanco.
La solución se aplica con un paño de microfibra o una esponja, frotando con movimientos circulares. Luego se pasa un paño limpio apenas húmedo para retirar restos y se seca con un paño seco o papel de diario para evitar marcas.
Cuándo conviene hacer este tipo de limpieza
Muchas personas eligen este método después de una mudanza, tras una discusión familiar o cuando sienten el ambiente “cargado”. También es habitual usarlo al inicio de un nuevo mes o luego de lluvias intensas.
Desde lo práctico, es ideal para limpiezas regulares de mantenimiento, especialmente en ventanas expuestas al polvo o la humedad. No hace falta usarlo todos los días, pero sí como complemento de la limpieza habitual.
Mantener puertas y ventanas limpias no solo mejora el aspecto del hogar, también influye en cómo se perciben los espacios. Un ambiente ordenado y luminoso suele generar una sensación de mayor calma y bienestar cotidiano.



