Aunque su vida cotidiana transcurre en Buenos Aires, Lourdes Sánchez y el Chato Prada decidieron echar raíces emocionales en Corrientes, la provincia que vio nacer a la bailarina.
Allí, a orillas de la Laguna Brava, construyeron una casa de una sola planta pensada como refugio de descanso, desconexión y encuentro con la naturaleza.
La casa se integra al entorno con una estética campestre chic, donde predominan las paredes blancas, los pisos de madera clara y una paleta suave que tiene al celeste pastel como color protagonista.

La puerta principal de doble hoja funciona como carta de presentación: molduras delicadas, marcos pintados en celeste y manijas doradas anticipan el estilo cálido y cuidado del interior.

LA CASA DE LOURDES SÁNCHEZ EN CORRIENTES
Los ambientes son amplios y luminosos, con grandes ventanales que permiten el ingreso constante de luz natural y vistas abiertas al paisaje. El comedor, con una mesa redonda de madera como pieza central, invita a largas sobremesas en familia o con amigos.

La cocina, moderna y funcional, combina muebles celestes con superficies de mármol, y se abre hacia el exterior, conectando visualmente con el jardín.
Uno de los puntos más disfrutables de la propiedad es justamente el espacio al aire libre. Allí se destaca la piscina, rodeada de verde, pensada para relajarse durante los días de calor y disfrutar del entorno natural que ofrece la laguna.
Los baños, por su parte, mantienen una línea contemporánea, con grifería minimalista y detalles botánicos que refuerzan la conexión con la naturaleza.

Lourdes Sánchez y el Chato Prada comparten este hogar con su hijo Valentín, y la casa se convirtió en un símbolo de su amor por Corrientes y de una etapa de vida más conectada con lo esencial. Lejos del ritmo acelerado de la ciudad, este refugio combina comodidad, diseño y calidez, y refleja a la perfección el espíritu de una pareja que eligió construir no solo una casa, sino también un lugar para volver siempre.



