Durante años, el reality show conducido por la supermodelo Tyra Banks fue el estándar de oro de la industria de la moda en televisión. Sin embargo, lo que parecía una plataforma de empoderamiento y éxito profesional escondía una maquinaria de maltrato y manipulación psicológica. Esta realidad sale finalmente a la luz en Reality Check: America’s Next Top Model, la serie documental que arrasa en Netflix.
A lo largo de 3 capítulos de 50 minutos cada uno, aparecen revelaciones escalofriantes. Bajo la dirección de Christopher Baier y con un guion que hilvana testimonios de exconcursantes, jueces y miembros de la producción, la serie desmantela el mito del “sueño de pasarela”. Y se contrasta el brillo de las luces de neón de los años 2000 con la oscuridad de los sets de grabación.
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Manipulación psicológica y condiciones inhumanas
Uno de los ejes más perturbadores del documental es el detalle de las tácticas utilizadas para generar “buena televisión” a costa de la salud mental de las jóvenes. Varias participantes revelan que eran sometidas a privación del sueño y hambre extrema,mientras las mantenían bajo el estrés constante de las cámaras.
La docuserie expone cómo los productores utilizaban sus traumas personales, obtenidos en entrevistas previas, para gatillar crisis nerviosas frente al jurado.
Además, subraya que estas jóvenes, muchas de ellas de entornos vulnerables, eran obligadas a firmar contratos que les impedían denunciar el maltrato bajo amenaza de demandas millonarias. Los testimonios coinciden en que la presión no buscaba perfeccionar sus habilidades como modelos, sino romper su voluntad para obtener reacciones dramáticas que elevaran el rating, dejando secuelas psicológicas que muchas de ellas arrastran hasta el día de hoy.
El rol de Tyra Banks y la toxicidad del jurado
Otro eje fundamental es el análisis del comportamiento de Tyra Banks y el panel de expertos. Si bien en su momento el programa fue celebrado por su diversidad racial, el documental pone la lupa sobre comentarios racistas y críticas corporales feroces que hoy serían inaceptables.
Se analizan sesiones de fotos icónicas que, vistas con los ojos actuales, rozan el abuso: desde obligar a las modelos a posar en condiciones de hipotermia hasta situaciones de acoso sexual por parte de fotógrafos invitados que la producción decidía ignorar.
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La serie cuestiona directamente la figura de Banks, quien pasó de ser una mentora a ser percibida como una figura de autoridad que validaba el “bullying” profesional bajo la premisa de “prepararlas para el mundo real”.
Las revelaciones incluyen casos de concursantes que sufrieron enfermedades graves durante la grabación y que fueron forzadas a continuar para no ser eliminadas, evidenciando un desprecio total por la integridad física de las mujeres.
Cambios en el consumo de realities
Finalmente, “Reality Check” invita a una reflexión sobre nuestra responsabilidad como audiencia. Plantea que el éxito de America’s Next Top Model fue posible gracias a una sociedad que normalizaba la humillación pública en nombre del entretenimiento.
El trabajo de Baier en Netflix no solo apunta a los responsables directos, sino que funciona como un espejo de una época donde el consumo de la tragedia ajena era la norma, marcando un punto de inflexión necesario en la era del consentimiento y el respeto por los derechos laborales en la industria del espectáculo.