Buenos Aires vive el verano a su manera. Mientras muchos postergan vacaciones o eligen quedarse en la ciudad, crece una tendencia clara: redescubrir la gastronomía porteña como plan central, desde rooftops al atardecer hasta almuerzos relajados en espacios con historia, arquitectura y buena coctelería.
En este contexto, la escena gastronómica urbana se expande más allá del restaurante tradicional. Terrazas con vista, barras especializadas y propuestas de mediodía ganan protagonismo como alternativas ideales para disfrutar del verano sin salir de la ciudad.
Coctelería como experiencia: el auge de las barras dentro de restaurantes clásicos
La coctelería dejó de ser un complemento para convertirse en una experiencia en sí misma. Cada vez más restaurantes incorporan barras propias, pensadas como una previa o un plan independiente, donde el ritual del cóctel suma identidad y relato.
Un ejemplo de esta tendencia es la nueva barra de Alvear Grill, que se integra a la experiencia gastronómica del espacio especializado en carnes. Allí, la coctelería dialoga con la tradición del lugar y suma un momento previo a la cena, ideal para un primer brindis.

Entre los cócteles destacados aparecen AMBA 65, homenaje a José Raúl Echenique —histórico bartender y campeón mundial de coctelería—, el clásico Mar del Plata, creado por Enzo Antonietti, y el Gran Alvear, elaborado con gin, pulpa de ananá, espumante, licor de naranja y limón.

Rooftops urbanos: el atardecer como ritual porteño
Las terrazas se consolidan como uno de los grandes protagonistas del verano. Con vistas abiertas, cartas más relajadas y una atmósfera que invita a quedarse, los rooftops funcionan como puntos de encuentro donde el tiempo parece desacelerarse.
En esa línea, el Alvear Roof Bar propone una experiencia que combina coctelería clásica y de autor, vinos, espumantes y opciones para tapear, todo acompañado por una vista privilegiada de la ciudad.

Entre los cócteles más elegidos se encuentran L’Orangerie (vodka, licor de maraschino, licor de cassis y jugo de limón fresco), Vendôme (Malamado Malbec, Drambuie, crema de leche y almíbar) y El Diplomático (Havana 7 años, Grand Marnier y sour mix).
Almuerzos que invitan a quedarse: el regreso de los clásicos porteños
El verano también resignifica el mediodía. Los almuerzos largos, distendidos y con variedad vuelven a ganar terreno, especialmente en espacios que combinan elegancia, luz natural y una propuesta gastronómica amplia.
En ese sentido, L’Orangerie representa un clásico que se mantiene vigente. Ubicado en el corazón del hotel, su buffet central ofrece un recorrido por distintos estilos gastronómicos, con mesas en salones interiores, exteriores y jardín de invierno, ideal para quienes buscan un almuerzo completo y sofisticado.
Hoteles como polos gastronómicos urbanos
Lejos de estar pensados solo para turistas, los hoteles históricos de la ciudad se consolidan como verdaderos polos gastronómicos abiertos al público local. Arquitectura, servicio y propuestas culinarias se combinan para ofrecer experiencias que se integran a la vida porteña cotidiana.
Entre rooftops, barras especializadas y almuerzos icónicos, el verano en la ciudad encuentra nuevas maneras de disfrutarse, confirmando que Buenos Aires también se vive a través de sus mesas y copas.



