La gastronomía porteña atraviesa una transformación silenciosa: cada vez más restaurantes de hoteles se consolidan como polos gourmet elegidos por el público local.
Lejos de la solemnidad que supieron tener y de los precios inaccesibles, hoy estos espacios apuestan por cocinas creativas, productos de calidad y experiencias relajadas, alineadas con las nuevas formas de salir a comer.
Durante años, la propuesta gastronómica de los hoteles estuvo asociada casi exclusivamente al turismo. Sin embargo, esa lógica quedó atrás.
La tendencia actual muestra restaurantes que funcionan como hotspots urbanos, con cartas amplias, identidad propia y una relación precio-calidad que seduce tanto a curiosos como a habitués.
En ese nuevo mapa gastronómico aparece Negresco, un espacio que interpreta esta evolución con una cocina mediterránea contemporánea, donde conviven técnica europea, productos frescos de temporada y platos creativos que sorprenden sin intimidar.
Ubicado dentro del Palladio Hotel MGallery Buenos Aires, el restaurante sintetiza esta nueva generación de propuestas: elegantes pero cercanas, sofisticadas sin rigidez y pensadas para disfrutar sin excesos.
Cocina mediterránea: tradición, frescura y color
La identidad de Negresco se apoya en una cocina de inspiración mediterránea, basada en productos frescos de temporada y una filosofía que prioriza el sabor, la sencillez y la tradición. Los platos reflejan una búsqueda clara: equilibrio entre técnica y frescura, con combinaciones que resaltan el producto sin sobrecargarlo.

Esa mirada se traduce en una carta amplia y dinámica, donde conviven recetas clásicas reinterpretadas y creaciones que juegan con contrastes inesperados.

Platos que marcan el pulso gourmet
Entre las entradas, aparecen opciones que adelantan el espíritu del lugar, como la trucha ahumada casera con crema de palta y endivias con mostaza y miel, o la burrata con jamón crudo, olivas negras y tomates asados, ideal para quienes buscan sabores limpios y bien definidos.
En los principales, la creatividad se luce en propuestas como los ñoquis de hongos con crema de maíz, ricota asada y salsa macha, los canelones de ossobuco y vegetales con champiñones asados, o la pesca del día marinada en miso y sake, acompañada por vegetales salteados que aportan textura y profundidad.

Las carnes también ocupan un lugar destacado, con cortes clásicos llevados a otro nivel, como el cordero braseado con cremoso de cabutia, o la ternera al Malbec, uno de los platos insignia de la casa.
Postres con impronta europea
El final dulce mantiene la misma línea de sofisticación sin exceso. Desde un tiramisú clásico o de pistacho, hasta una tarta Tatín de manzanas con helado de vainilla y salsa toffee, los postres dialogan con la tradición europea y aportan un cierre elegante a la experiencia.
Lujo real: comer bien, sin exagerar
Uno de los aspectos que más sorprende de Negresco es su relación precio-calidad. En un contexto donde salir a comer bien suele implicar gastos elevados, el restaurante demuestra que es posible disfrutar de platos gourmet, en un entorno cinco estrellas, sin que la cuenta resulte desmedida.

El lujo acá no está en lo ostentoso, sino en la experiencia completa: servicio atento, ambiente cuidado, cocina honesta y sabores que invitan a volver.
Una experiencia alineada con las nuevas formas de salir a comer
Existe una tendencia clara en Buenos Aires: restaurantes que combinan alta gastronomía, identidad y disfrute relajado. Sin formalismos innecesarios, con una cocina que mezcla tradición mediterránea, técnica europea y creatividad contemporánea, estas propuestas se posicionan como una opción clave para quienes buscan comer muy bien y vivir una experiencia distinta.



