El colchón es uno de los elementos de la casa que más horas está en contacto con el cuerpo y, al mismo tiempo, uno de los que menos se limpia. Aunque las sábanas funcionen como barrera, con el tiempo pueden acumularse polvo, humedad, células muertas de la piel y otros residuos.
Ese ambiente resulta especialmente favorable para los ácaros del polvo, organismos microscópicos que se alimentan principalmente de escamas de piel.
Algunas estimaciones divulgativas hablan de poblaciones que pueden llegar a millones en colchones y ropa de cama, aunque no existe una cifra universal de 10 millones aplicable a todos los colchones: la cantidad depende, entre otros factores, de la humedad y las condiciones ambientales.
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El problema no se limita a los propios ácaros. Sus restos y partículas fecales contienen proteínas capaces de actuar como alérgenos y pueden provocar síntomas en personas sensibles. La Mayo Clinic señala que es imposible eliminarlos por completo de una vivienda, pero sí se puede reducir significativamente su presencia.
Para mantener el colchón en mejores condiciones no alcanza únicamente con recurrir al conocido bicarbonato de sodio. Existen otras prácticas y trucos caseros que permiten retirar residuos, combatir manchas y, sobre todo, crear condiciones menos favorables para la proliferación de ácaros.
Los 4 trucos para limpiar profundamente el colchón
1. Aspirarlo lentamente y prestar atención a las costuras. Antes de utilizar cualquier producto, conviene retirar toda la ropa de cama y aspirar la superficie. Hay que insistir en costuras, bordes y pliegues, donde puede concentrarse polvo. Una aspiradora con filtro HEPA ayuda a reducir la dispersión de partículas, aunque aspirar por sí solo no elimina la mayoría de los ácaros.
2. Usar bicarbonato y dejarlo actuar. Esparcir una capa sobre la superficie puede ayudar a absorber humedad y neutralizar olores. Lo recomendable es dejarlo durante varias horas, mantener una buena ventilación en la habitación y finalmente retirarlo con la aspiradora.
3. Tratar las manchas sin empapar el colchón. Para algunas manchas puede emplearse una solución específica para tapizados o, según el material, pequeñas cantidades de agua oxigenada y detergente. Es fundamental probar primero en un sector poco visible: el peróxido puede decolorar telas y dañar determinados colchones de espuma o látex. Después, la superficie debe secarse completamente.
4. Controlar la humedad y lavar la ropa de cama con agua caliente. Este paso es fundamental contra los ácaros. La recomendación es mantener la humedad relativa del dormitorio por debajo del 50% y lavar semanalmente sábanas, fundas y mantas con agua a al menos 54 °C, siempre que las etiquetas de las prendas lo permitan.
Cómo evitar que los ácaros vuelvan a acumularse
Una limpieza puntual sirve, pero la prevención resulta más importante. Los ambientes cálidos y húmedos favorecen a los ácaros, por lo que mantener una humedad de entre aproximadamente 30% y 50% ayuda a generar condiciones menos propicias para su desarrollo.
También se pueden utilizar fundas antiácaros para colchones y almohadas, fabricadas con tejidos suficientemente cerrados para actuar como barrera. La ropa de cama debería lavarse semanalmente y secarse por completo antes de volver a colocarla.
Por último, hay que evitar un error frecuente: mojar demasiado el colchón durante la limpieza. La humedad retenida en su interior puede favorecer otros problemas, por lo que cualquier tratamiento líquido debe aplicarse con moderación y dejarse secar totalmente antes de hacer nuevamente la cama.
Con una combinación de aspirado, bicarbonato, tratamiento localizado de manchas y control de la humedad es posible mantener el colchón más limpio y reducir los alérgenos asociados a los ácaros, sin depender de un único producto.