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Georgina Barbarossa, subcampeona de MasterChef Celebrity y reina de corazones: "Mi premio es el amor de la gente"

Georgina Barbarossa, subcampeona de MasterChef Celebrity y reina de corazones: Mi premio es el amor de la gente
Georgina Barbarossa, subcampeona de MasterChef Celebrity y reina de corazones: Mi premio es el amor de la gente

La actriz conversó con Ciudad sobre su exitoso paso por el reality. Humor, resiliencia y su contundente opinión sobre las polémicas.

En tiempos difíciles la labor del comediante tiene un valor renovado: con un broma y una fantasía se le puede poner colores hasta a la realidad más gris. Georgina Barbarossa (66) lo consiguió en su paso por MasterChef Celebrity y ni la victoria de Gastón Dalmau, el ganador de la competencia, puede quitárselo. 

Porque en tiempos donde los muertos de Covid-19 se cuentan cada día y se vuelven estadística y llenas horas de noticieros, desde la pantalla del reality show la actriz, cantante y humorista hizo lo que mejor sabe. Entretener.

Una gala podía ser la Princesa Leia, otro día Marilyn “Munro” y al siguiente una trastocada Frida Kahlo. “La gente agradece tanto que los hagas hecho reír. Yo fui tan feliz, apesar de que por momentos fue una tortura”, se abre a un mano a mano con Ciudad, después de meses de estrés entre grabaciones, clases particulares fuera de hora, disfraces y gotas para dormir.
Sin trofeo para levantar, pero con el orgullo del trabajo bien realizado, Georgina admite que su trabajo interior fue importante para tomar por las astas la competencia. “Cuando lo asesinaron a mi marido yo pensé que no me iba a poder reponer nunca”, confiesa, sobre cómo consiguió sanar en una charla a fondo sobre el amor y el humor; la fórmula que la ayudó a mantenerse lejos de la oscuridad.

-Quedaste a un paso de consagrarte ganadora. ¿Cómo te sentís con haber conseguido el subcampeonato ?

-Ser la ganadora o la perdedora es lo mismo, porque yo siento que en un punto ya gané. Ya gané el amor de la gente. Y el estar de finalista con los tres chicos, Cande Vetrano, Sol Pérez y Gastón, fue maravilloso cuando yo pensé que no llegaba ni al tercer programa. No era que no me tenía fe, pero vi el programa el año pasado y me pareció tan exigente que automáticamente cuando me confirmaron para esta temporada me puse a tomar clases. Primero fue con Rodrigo Toso y después con Rudoph Castro. Así me fui preparando y después del programa seguía como una loca porque te agarra como una especie de TOC, donde eran las diez de la noche y si una receta no me salía, la volvía a repetir. Uno no sabía lo que te iban a tocar al día siguiente. Me agarró una especie de adicción, una cosa muy capricorniana, en la que hasta que no conseguía lo que quería, no paraba. Ya llegar con Gastón a este momento es lo más.

"Martitegui me dijo ‘¿por qué te ponés eso? Te afeás’ y le respondí que no iba al programa para hacerme la linda. Fui para actuar y para divertirme".

-¿Cómo viviste la competencia con Gastón?

-Yo los adoro a todos y que gane Gastón para mí es como que gane mi hijo. Gastón fue más parejo que yo. A mí en general me iba o muy, muy bien o muy, muy mal. No hubo una competencia y es muy bello que se haya dado de esa forma. Todo el elenco fue generoso. Me acuerdo que Candela quería hacer unas empanadas y Sol le pasó la receta de memoria. Después Cande ganó ese día y ese es un ejemplo de cómo era todo entre los compañeros. Igual todos somos guerreros ahí. Todos salimos a matar porque queríamos que nuestro plato sea fantástico y uno tiene ansias de superación. Se podría haber jugado sucio para perjudicar al otro y eso prácticamente no se vio. Mi premio es el amor de la gente. Los niños me mandan cartitas e incluso está “el filtro de la tía” en Instagram con mis pelucas donde te cambia de color el pelo. Fui a la playa por el fin de semana largo y la gente que estaba ahí me pedía el pasito y tuve que hacerlo. A mis hijos les dan dibujitos los compañeros de trabajo de sus nenes para que me los den. Me mandan fotos con pelucas. ¡Parezco Xuxa! (risas). 

"A la Gunda la trataron como si se hubiera convertido en una asesina serial. Fue un mocazo, no estoy justificándola, pero pidió perdón. La desgracia de ella fue que mintió como lo hace un niño. Juntó todo como enajenada, pobre, y todos le cayeron de una manera horrible".

-¿Cómo surgió lo de las pelucas, tus looks y los personajes que hiciste gala a gala? 

-Se le ocurrió a Santiago del Moro, que es un divino y el psicólogo del programa. Santi me dijo “ponete unas pelucas, hacé algo divertido”. Después con Leandro Guido, mi vestuarista, era todos los días pensar diferentes pelucas y qué personajes íbamos a hacer. Cada vez la apuesta era ir por más y cuando no se nos ocurría nada me acuerdo que Charly, uno de los productores del programa, me dijo “¿y disfrazarte de la Princesa Leia?”. Por eso amo este programa porque toda la gente, desde los técnicos, los productores o los chicos de gastronomía hacían todo para que pudiéramos llegar bien y nos contenían muchísimo. ¡Se me han prendido fuego las pelucas! Tenía una larga, lacia y negra que por sacar un zapallo de la parte de abajo del horno se me puso toda con rulitos. Llorábamos de risa. ¡Era Donna Summer! (Risas) Yo no solamente quería sorprender al público, quería verles la cara de diversión al jurado y a mis compañeros. Era una ridícula la mayoría de las veces. Un día Germán Martitegui me dijo ‘¿por qué te ponés eso? Te afeás’ y le dije que no iba al programa para hacerme la linda. Fui para actuar y para divertirme. Por eso yo digo que ya gané porque la gente agradece tanto que los hagas hecho reír. La gente necesita hacerlo y yo dentro de MasterChef fui tan feliz, apesar de que por momentos fue una tortura.

-¿Cuáles fueron esos momento tan duros?

-Yo he llorando muchísimo con mi sobrina, que vive conmigo, y recuerdo decirle “no puedo más”. “Si mañana me toca dulce, me echan” porque no soy tan buena haciendo repostería y es muy difícil.  Ha sido una enseñanza para tener constancia y templanza. Para la templanza creo que me ayudado un montón la meditación, que hago a la mañana y a la noche. Sin eso no hubiera llegado porque soy muy ansiosa y atolondrada. Quería hacer todo junto y no es lo mismo que en tu casa cuando no tenés sesenta minutos. El tiempo es real porque yo era de las que pensaba “no puede ser que Vicky Xipolitakis cocine así en sesenta minutos” y era así. Martitegui me decía “cocinás como en los ochenta”. ¿Y qué querés que haga si me enseñaron mi mamá y mi abuela? En MasterChef aprendí a cocinar de otra manera y me di cuenta que hay otros gustos. El día que me quemé la peluca hizo una sopa deliciosa que tenía jengibre, zapallo, jugo de naranja y ralladura. Todos los maestros me enseñaron, y en especial Martitegui que es el más exquisito en las mezclas raras, nuevas o gourmet, me enseñaron a descubrir otros sabores y otra comida. Fueron meses donde les decía a mis hijos que no podían entretenerme porque yo estaba con mis clases, estudiando como si lo mío fuera el ingreso a la facultad de ingeniería (risas).

"Para MasterChef me puse a estudiar como si lo mío fuera el ingreso a la facultad de ingeniería".

-¿Estás con síndrome de abstinencia de MasterChef, después de que ya pasaron un par de semanas desde que terminaron de grabar?

-Este fin de semana me desperté pensando qué día es, qué cocino hoy, qué receta voy a preparar. Yo me levantaba a las dos o tres de la mañana para repasar los ingredientes que tiene una masa o cómo hago berenjenas, o unas empanadas tucumanas o unos alfajores. Terminé muy estresada. En la final no tenía voz. Tomaba unas gotitas para relajarme porque no dormía. Estaba loca de tanto estudiar.

"Alex Caniggia fue un tonto. Yo creo que Alex no tiene capacidad de frustración y antes de que lo echen, prefirió irse".

-Estos estados de alteración, digamos, hicieron que Claudia Fontán protagonice uno de los momentos que más dio que hablar en este temporada. ¿Qué sentís que le pasó?

-¡Pobre Gunda! Fue terrible lo que le pasó, la verdad. Me parece que el que esté libre de pecado que tire la primera piedra porque al final parece como si se hubiera convertido en una asesina serial. Fue un mocazo para ella y más porque ella se dedica a la gastronomía y ha tenido programas de cocina. Yo a la Gunda le dije “en cuanto se muera un famoso el tema desaparece”, pero no tuvo esa suerte (risas). Todo el mundo se agarró de eso, pero la Gunda es un ser de lo más generoso. Justo la llamé para pedirle su receta de wraps, que es la que le hizo a su hija, Antonia en el programa, porque quería prepararle a mis hijos y me dijo “no, yo te los regalo”. Me los preparó, los tengo ahora mismo y se los voy a agradecer por Instagram porque lo hizo con todo el amor. Ella es divina, cualquier tip que podía darnos en la cocina, lo daba. Está bien, mintió. Fue un mocazo, no estoy justificándola, pero pidió perdón. La desgracia de ella fue que mintió como lo hace un niño. Juntó todo como enajenada, pobre, y todos le cayeron de una manera horrible y no se trata de hacer leña del árbol caído.

"Mi mamá se murió de viejita porque estaba enferma y fue una gran pérdida. Estoy transitando su muerte todavía y hablaba con recién ahora estoy dándome cuenta otra vez que mamá no está".

-Otro momento agitado del reality fue la salida de Alex Caniggia.

-Fue un tonto. Yo creo que Alex no tiene capacidad de frustración y antes de que lo echen, prefirió irse. En este programa tenés que ser fuerte para que cuando preparás un plato te digan “esto es un asco” o “esto no sirve”. Yo porque siempre lo tomé todo con humor porque creo que la vida pasa por otro lado. Yo soy una chica grande y muchos de mis compañeros podían ser mis hijos o hasta mis nietos, porque yo tengo 66 años y Sol creo que tiene 20. Yo chocaba con la frustración de decir “cómo puedo ser tan tarada o tan distraída”, pero al día siguiente me levantaba, me volvía a poner la peluca y me moría de risa.

"No estoy enamorada. El cuarentón es entretenimiento. No cambio mi libertad por nada, pero yo no cierro la puerta. ¡Nunca hay que decir nunca!".

-Siempre se te ve muy alegre y siempre para arriba, pero has atravesado momentos muy difíciles. ¿Cómo hiciste para sobrellevarlos?

-Soy una agradecida de la vida. Cuando lo asesinaron a mi marido yo pensé que no me iba a poder reponer nunca y sin embargo, el motorcito fueron mis hijos. Me apoyé en las Madres del Dolor y pensé “si estás mujeres pasaron por lo peor que le puede pasar en la vida a un ser humano, que es perder un hijo, yo tengo que poder”. Primero luché para que los asesinos del Vasco estuvieran presos, aunque después los largaron por buena conducta. No bajé los brazos. Mis hijos fueron y son el motor de mi vida. Apartir de eso me di cuenta que era millonaria en afectos. La pandemia fue un pelotazo. Mi mamá se murió de viejita, no de Covid-19, porque estaba enferma y fue una gran pérdida. Estoy transitando su muerte todavía y hablaba con mi terapeuta que ahora estoy dándome cuenta otra vez que mamá no está. Todo el tiempo sentí que mi mamá me estaba soplando las recetas al oído en MasterChef. Y sigo con mis clases de teatro, que yo pensé que iban a ser un bodrio por Zoom y son maravillosas cuando te encontrás con una persona de 90 que la ayudó el hijo a poder entrar y puede actuar con una nena que tiene 12 años. Ese es el poder de saber reciclarse. Cuando no tengo trabajo, me lo invento.

-En MasterChef contaste que estuviste saliendo con un cuarentón. ¿Estás enamorada?

-¡Nah! Eso es entretenimiento. No cambio mi libertad por nada y eso no significa que el día de mañana pueda ser de otra forma. Estoy tan contenta con mi casa, mis plantas. Si aparece y pinta algo, sí. Yo no cierro la puerta. ¡Nunca hay que decir nunca! No pensé que me iba a enamorar después de la muerte de Vasco y después me enamoré y estuve en pareja. El “no” para mí no existe, siempre digo “puede ser”.

"Con Sol y Cande nos pusimos a hablar de juguetitos eróticos y ahí surgió lo de '¿conocés al pingüinito?'. Hubo regalos de un sexshop y está buenísimo el pingüinito".

-Nos enteramos ahí, mientras estaban a full con el horno y las hornallas en el programa, que Candela te regaló unos juguetes muy especiales.

-¡Qué gracioso! No es que me los regaló. Estábamos en el balcón Sol, Cande y yo porque nosotras habíamos zafado. Nos pusimos a hablar de estos juguetitos eróticos y ahí surgió lo de “¿conocés al pingüinito?”. Estábamos viendo eso con lo celulares y vino corriendo la productora para sacarnos el celular porque pensaron que estábamos buscando recetas para soplarle a los chicos que estaban abajo. Lo que estábamos haciendo era ver cosas de un sexshop. Llorábamos de la risa, descompuestas porque la productora subió enojadísima, tipo colegio diciendo “¡me dan los teléfonos!”. Me causó mucha gracia.

Georgina Barbarossa, subcampeona de MasterChef Celebrity y reina de corazones: "Mi premio es el amor de la gente"

Foto: Prensa Telefe

 

-¿Pero al final pudiste probar los productos?

-Hubo regalos del sexshop. No podía creer cuando me vino la caja. Agradecí el canje como corresponde. Aparte está buenísimo el pingüinito (risas). ¡Es muy gracioso estar hablando de esto por este medio! La gente necesita reírse, incluso reírse de uno mismo. ¿Nos vamos a pasar la vida amargados? Estamos con Covid-19, cada vez hay más contagiados, no podés ver a tus amigos. Nos enfermamos si no tenemos un momento de distensión.

"Si algo que aprendí en este programa y en la vida, sobre todo, es que hay que vivir solo por hoy. Quiero irme de vacaciones con mis hijos, sus novias y mi sobrina porque nos lo merecemos".

-¿Tuviste cábalas en la final del programa?

-Sí, tuve varias durante todo el ciclo. Mi cábala fue el rosario de mi mamá de la Virgen de Covadonga, que se lo había regalado mi primo de Brasil, y una bombacha que cuando llegaba a casa lo primero que tenía que hacer era lavarla porque era la que usaba todas las gala (risas).

-Después de tu paso con tanto éxito por MasterChef. ¿Tenés ganas de incursionar con un emprendimiento de cocina, así como hizo Claudia Villafañe con sus ñoquis?

-No sé, yo estoy viviendo el hoy. Si algo que aprendí en este programa y en la vida, sobre todo, es que hay que vivir solo por hoy. Ya pasó la final, lo próximo es cumplir con una serie de compromisos con Telefe y después quiero irme de vacaciones con mis hijos, sus novias y Lucía, mi sobrina, porque creo que nos lo merecemos. Aunque sea en Córdoba. Necesito esa escena familiar, de poder abrazarnos, cocinarles, que me cocinen, interactuar, jugar a las cartas, reírnos. Necesito vida de familia y estar con mi pollos. Parar un poco y ver si tengo ganas de hacer teatro, televisión, radio. Gracias a Dios salieron muchas propuestas, pero no me quiero volver loca.