Hay una lágrima en el mensaje de texto

Antes sufríamos por un llamado que no llegaba, ahora desarrollamos una obsesión por los sms: ¿es el mismo amor o son nuevas obsesiones tecnológicas?
Nuevas tecnologías, nuevas ansiedades... Digo eso no porque me guste acuñar refranes sino porque acabo de enterarme de un severo caso de texting ¿así se dice?, es decir, un muchacho que necesita que su nueva novia le mande mensajitos de texto constantemente porque si no le agarra como un síndrome de abandono.

Sí, por estos días de la hipercomunicación superflua, creo yo, estamos todos como locos. Una cosa que le preocupa a este chico del que les hablo, es que nunca sea ella la que inicia las "conversaciones" vía sms. El asume que ella sabe que más pronto que tarde él va a empezar a textear si ella no lo hace y esto le resulta un poco angustiante.

Todo esto me hace acordar al viejo, y ya caído en desuso, llamado telefónico. Era todo un drama: ¿lo llamo o espero que me llame? Llamar o ser llamado, esa era la cuestión antes. Ahora la cosa pasa por quién manda el primer sms. Antes levantábamos una y otra vez el tuvo para chequear que tuviera tono. Ahora revisamos los enviados y pensamos ¿y si no le llegó? Antes no salíamos a la calle por las dudas si llamaba, ahora andamos como zombis mirando el celular mientras cruzamos la calle.

¿Y si no me contesta el mensajito? ¿qué quiere decir? ¿que me corta el rostro, que está con otro, que no lo recibió? Este chico que les digo anda pendiente todo el tiempo de su telefonito a ver si su chica le contesta el mensaje. Y si no le contesta, entonces la llama y le dice "¿hola, recibiste mi mensaje? ¿y por qué no contestás?". "Porque estaba en la ducha y no quiero mojar mi teléfono", dice ella, con ganas de desnucarse contra la bañadera.

Realmente no sé: ¿siempre fuimos así y ahora tenemos nuevas herramientas? ¿o estamos un poco más obsesivos que antes?