La tele-teen sólo para menores

Cuatro programas de la tarde se disputan a chicos y jóvenes con propuestas que incluyen música y romances. Cómo son, en qué se parecen y en qué se diferencian "Niní", "Casi ángeles", "Consentidos" y "Enséñame a vivir".
Las tiras de la tarde buscan un divino tesoro: los televidentes más jóvenes. Los dos canales líderes en audiencia se disputan la atención de los niños y adolescentes con cuatro propuestas: a las 17.45, Consentidos (El Trece); a las 18, Niní (Telefe); a las 18.45, Enséñame a vivir (El Trece) y a las 19, Casi ángeles (Telefe). Cada una a su manera, todas intentan aquello que es indispensable para el éxito de las ficciones diarias: fidelizar al público para el que han sido originariamente pensadas. ¿Cómo lo hacen? Aquí, algunas pistas:

Casi ángeles es la que lleva más tiempo al aire: la creación de Cris Morena va por la tercera temporada y ya anunció la cuarta para el otoño del 2010. El target al que se dirige es claramente el de los adolescentes. No en vano, la banda musical surgida del programa se denomina TeenAngels y la trama evolucionó hacia cuestiones que despiertan el interés de dicha franja etaria. La historia comenzó con un grupo de chicos huérfanos explotados por adultos sin escrúpulos y derivó hacia la competencia de bandas pop, los viajes en el tiempo, los romances, la militancia ecologista, la ciencia ficción, el empeño en construir un mundo más humano y rechazar toda forma de autoritarismo por medios no violentos.

Es evidente que esos planteos hacen blanco en el gusto de los adolescentes. Pero, en la cultura actual, la adolescencia se ha convertido en el paraíso al que los niños están urgidos por llegar; el territorio que los jóvenes se niegan a abandonar; el sector Vip de la existencia al que muchos adultos se obsesionan por regresar para garantizarse la quimera de la eterna juventud.

Así las cosas, aun sin proponérselo, Casi ángeles también cosecha seguidores por debajo y por encima de la generación teen.

Consentidos, la propuesta más reciente, apuesta expresamente a una audiencia cuyo abanico abarque a los más pequeños y a los adolescentes. De hecho, en la tira de Ideas del Sur la acción transcurre en una escuela donde los alumnos de la primaria conviven con los de la secundaria y el guión pone a los más chicos a dialogar con los más grandes sobre un asunto que es desde siempre el motor de las novelas: los amores contrariados. El hecho de que el argumento incluya a una banda también apunta al interés de los adolescentes por la música y las coreografías.

En un marco que ya no es un colegio, sino la residencia de un embajador, Niní también diseña una estrategia para conquistar a niños y adolescentes. A la hora de debutar como productora junto a su marido, el actor y conductor Guido Kaczka, Florencia Bertotti se reservó para sí el papel de Niní, un rol que tiene claras reminiscencia del que compuso, años atrás, en Floricienta, la ficción que la lanzó a la fama.

Allí reside el imán para el gusto de los más chicos: Niní se enamora de un embajador, padre de cuatro hijos, dos de los cuales son adolescentes que viven sus romances y aventuras. Ese es el anzuelo para los que han dejado atrás la edad de la inocencia.

Por su parte, Enséñame a vivir partió de la figura de Pigmaleón y la desarrolla con una temática contemporánea y la estructura de una comedia clásica. A diferencia de los ciclos mencionados anteriormente, la producción de Pol-ka no utiliza el recurso de los números musicales incluidos en la trama, pero le otorga una gran relevancia a la banda de sonido de la tira, al punto de haberla editado en un CD que ya salió a la venta.

Con las otras propuestas, Enséñame... comparte las intrigas amorosas, los conflictos de identidad y el deseo de que los buenos triunfen sobre los malvados.

En los viejos tiempos, los más chicos no tenían voz ni voto en el seno familiar. Eso es historia antigua. Actualmente, niños y adolescentes no sólo opinan, sino que, en muchos casos, terminan imponiendo su voluntad en relación a lo que se consume en el hogar, incluidos, obviamente, los consumos culturales. Frente al estado de las cosas, es comprensible que la televisión se esfuerce por satisfacer a los nuevos reyes del control remoto.«