Sofía Gala: "Soy totalmente distinta a mi mamá"

En la casa que comparte con el músico de Babasónicos, Diego Tuñón, habla de sus proyectos en cine y en teatro, y cuenta cómo planifica su propia vida.

Con suave displicencia, Sofia Gala Castiglione se acomoda el ala del sombrero en el Foyer frente a un espejo tan delgado como ella. Toma su tiempo. Esta será la actitud que mantendrá durante la charla en su departamento de Barrio Norte: una coquetería levemente dosificada. "Hoy tengo las ojeras Casti, igual a mi viejo. Odio sonreír", dispara. Pero difícilmente pueda tomarse en serio porque sus palabras suponen un humor ácido, sutil. Aunque tenga el barniz de una gestualidad aniñada, se la ve curtida. Su decir esboza una extraña y caprichosa lucidez.

"No entiendo qué significa alternativo. Me parece estúpida la idea del teatro Off y del On. Lo alternativo en vez de imponerse como fenómeno social, se impuso como vamos a hacer tal cosa y hagámonos los raros. Me molesta que el teatro alternativo sea considerado siempre como lo bueno. He visto mierdas en todos los círculos. Lo que es lindo es lo que a uno le gusta. No importa donde esté." Estrenó recientemente Gotas que caen sobre rocas calientes, una obra de Rainer Fassbinder, en el Teatro del Nudo. En cine trabajó con Eliseo Subiela, Francis Ford Coppola y Diego Rafecas. "Siento que hablar del trabajo en teatro, en cine y en la tele, por separado, es algo snobista. Todo es actuar".

¿Cuál es tu primer recuerdo con el teatro?

Desde los 4 años hasta los 14 mi mamá hizo Brujas. Yo iba mucho al Ateneo para acompañarla, las miraba actuar tras bambalinas. Un día las grabé todas las voces de las brujas en un cassette: noventa minutos, con los aplausos y lo memoricé con las pausas y todo. Pienso que tiene que ver con eso. Pero lo primero que hice en teatro fue Mugre con Fernando Peña. Tenía 18 años.

Fue tu referente.

Sí, pienso que despertó en mí todo lo que tiene que ver con la actuación. No sólo con el teatro. Cuando conocí a Fernando venía de una época en la que me había separado de las cámaras, me había dado cuenta de la exposición que tuve de chica, de todo lo que había pasado con mi mamá. Creía que todo lo referente a la actuación y al teatro tenía que ver con ese mundo. Fernando me agarró y me explicó que yo tenía que actuar, que era algo que me iba a hacer bien. Lo primero que me dijo antes de subir al escenario fue que la palabra "actor" está mal puesta, porque el actor miente. Vos no tenés que mentir, tenés que sentir, ser vos con la piel de otros-me dijo-. No necesitas hablar del personaje en tercera persona y volverte ciclotímica

¿Te bajó a tierra o te asustó?

No me asustó para nada. Simplemente fue como un Demian que me mostró lo que yo no podía ver de mí misma. Me hizo sentir que había alguien que podía ver algo en mí, alguien que yo amo y aprecio. Me dio más seguridad.

¿Te pesó el apellido al encarar alguno de tus trabajos?

Yo creo que la persona que me vea desde ese lado es un idiota. A mí no me pesa nada. Sé muy bien quién soy y que trabajé mucho. Todo lo que hice fue con mi esfuerzo y no con mi apellido.

¿Qué te gustó ver últimamente en teatro?

Fui a ver a Marilú Marini, que me encantó. También vi la obra de Copi que hizo mi mamá.

¿Y?

Me gustó mucho. La puesta es impresionante.

¿Significa algo que tu mamá esté haciendo Copi?

Sí, porque leyó a Copi por mí. Le pasé hace tiempo El baile de las locas, donde el protagonista termina sin una gamba, amputado. Siempre me pareció que ella es ése personaje de Copi. También le pasé para que lea Eva Perón, un texto impresionante.

Sofia Gala trae una edición de la década del setenta de Los pollos no tienen sillas. Lo pone en la mesa como una reliquia. Es el único libro editado en Argentina con caricaturas de Copi. "Cuando a ella -dice- le ofrecieron Una visita inesperada le dije que tenía que hacerla por una cuestión de coherencia: no podés estar en ShowMatch y no hacer Copi, es una estupidez. Es algo lelo.

¿Cómo llegó tu interés por esta obra de Fassbinder?

Con Matías Marmorato somos amigos desde El tiempo no para. Teníamos ganas de hacer algo y el autor nos encanta. Es una obra hermosa para hacer en teatro, tiene varios componentes que están buenos: el egocentrismo, las parejas, la víctima que se convierte en victimario y viceversa. Todos los que hacemos la obra somos amigos.

La casa que comparte con el músico Diego Tuñón es silenciosa. Un Berni auténtico linda con un estante colmado de películas. Tony Soprano, resalta. En el televisor, casi en mute, Mirtha Legrand y Beatriz Salomón están hablando vaya uno a saber de qué cuestiones. A ella, derramada en el sillón, ahora, ese débil sonido casi imperceptible de la tele le resulta insoportable. Y apaga el aparato. Helena, su hija, duerme. "No salgo mucho, me gusta estar acá, en casa. Sólo voy a lugares donde sé que puede estar gente que quiero", dice.

¿Cómo es tu vida de madre?

Helena tiene un año y dos semanas. Todos los momentos que paso con ella son importantes. Verla que hace tan poco ni podía sostener la cabeza y ahora casi habla, me resulta mágico. Cuando le salió el primer diente me sorprendió. Imaginate que te corten la encía y que salga un pedazo de calcio, ahí, de golpe. Veo el trauma. ¿Viste que uno se acuerda de las cosas a partir de los dos años? Creo que no nos acordamos antes de las cosas porque todo lo que vivís es tan traumático que lo borrás de tu cabeza: tenés que aprender a hablar, caminar, te salen los dientes. Veo eso en ella y me da mucha ternura y muchas ganas de acompañarla.

¿Por qué cosas has pasado que no repetirías con ella?

No pienso en qué me hicieron. Yo soy totalmente distinta, con mi mamá no nos parecemos en nada; hasta mi manera de moverme es distinta. Lo que no haría con mi hija es exponerla. Por algo hay un derecho del menor donde la identidad debe quedar en la privacidad. Tiene que ver con un tema que el menor no puede elegir, todo lo que elija hasta determinada edad lo toma en base a una inconsciencia. Yo no quiero elegir por mi hija. Eso es lo que me pasó y no quiero que le pase a ella.

Tenés una niñera Hare Krisnha ¿cómo es tu relación con ella?

Y... convivimos. La conocí porque cuando iba a nacer Helena estaba muy asustada de meter alguien a tu casa, es redifícil. A partir de los dos meses necesitaba que alguien venga porque estaba filmando y después iba a trabajar. Y Diego Rafecas me contó que Saraswathi cuidó a su hija y había sido buena. La llamé, nos conocimos y es lo más. Hace muy rica comida vegetariana.

¿De qué forma te relacionas hoy con la exposición?

La exposición que tuve de chica tuvo que ver con mi inocencia. La primera foto que me sacaron fue para una revista, ¿entendés? Y mí nunca me dijeron que eso no era normal, es algo que tuve que aprender sola. Siempre digo lo que pienso, si me preguntás con o sin micrófono te voy a responder lo mismo. Nunca voy a ser hipócrita. Simplemente, no quiero mostrar mi familia. Es mi vida. Nada más. «