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Ciudad Magazine

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"No todo está inventado"

Entrevista con el maestro en el arte de escribir de guiones días antes de ofrecer su famoso seminario "Story" del 1 al 4 de octubre en el Auditorio Belgrano.

Robert McKee se ha dedicado a enseñar cómo escribir una buena historia durante los últimos veinte años. Ahora está en la Argentina, a punto de ser uno de esos maestros que se mueren por enseñar. Por eso, durante las treinta y seis horas que dura su seminario, McKee analiza cada uno de los pequeños engranajes que hacen a la estructura de una historia y que determinan que el producto final, sea o no, algo digno de leer o de ser reproducido en la pantalla. Su libro "Story" es considerado "la Biblia" dentro del mundo de los escritores y es lectura obligada en la mayor parte de las clases de guión de las universidades y escuelas prestigiosas de cine. Carismático como pocos, tranquilo como ninguno, hacedor de un universo propio de cuentos posibles, Robert habló con nosotros y dio cátedra.

¿Cómo se siente en llegar a la Argentina?

Robert McKee: Hace años que las películas argentinas me impresionan y emocionan. Estoy seguro que el mundo argentino hará lo mismo. Después de décadas de viajes y conferencias, sé que cuando enfrento una cultura por primera vez, encontraré lo que siempre encuentro: escritores que luchan por hacer sentido de la existencia, formando y esculpiendo la compleja sustancia de la vida, esforzándose por dominar el arte de contar historias.

¿Cuáles cree que son las bases de un buen guión?

Robert McKee: Para responder a esta pregunta me tomo literalmente 500 páginas de mi libro STORY o EL GUIÓN. Es lo mismo que preguntar: ¿Cuáles son los componentes básicos de la música, o de la pintura? Lo básico al arte de narrar historias es frecuentemente lo relativo a su medio. Por ejemplo, algunas personas dirán que el diálogo es el componente básico de una historia. Pero no lo es en las películas mudas. Ni en el ballet. Muchos componentes de una historia hermosamente narrada en un medio, no tienen contraparte en otros medios.

¿Siente que Internet ha promovido la creación de un nuevo lenguaje audiovisual?

Robert McKee: No. Internet es simplemente un vasto espejo electrónico de la naturaleza humana en toda su belleza y fealdad, es el bien y el mal. La Internet no ha creado mucho, excepto una colección masiva y un reordenamiento de los bits y piezas que ha encontrado tiradas en el mundo. Como dice el viejo dicho: la única cosa nueva es la historia que tú no conoces.

¿Estará el futuro de las historias en la tecnología 3D? ¿En la Internet? ¿En la realidad virtual? "No importa cuál sea el instrumento tecnológico futuro, si el escritor no tiene nada que decir, si no sabe cómo decir lo que sea que tiene que decir, realmente no importa qué medio o mecanismo use. La única cosa que me preocupa es la calidad del arte y visión del narrador. En el gran esquema de las cosas, el medio importa poco. Si en el futuro proyectaremos historias en la luna llena para que todo el mundo las vea en la misma noche, no importará. Lo que importará es la forma, el contenido, la inspiración, y el talento del artista", cuenta.

¿Está de acuerdo en afirmar que en la ficción "todo está inventado"?

Robert McKee: No, esa es una idea que a los críticos nostálgicos y los historiadores de biblioteca les gusta propagar. El alma de la vida es eterna, pero su variedad es infinita; lo mismo es cierto para las historias.

¿Cuáles son los errores que más comúnmente cometen los principiantes?

Robert McKee: Los jóvenes cometen todos los errores imaginables. Pero, en general, la impresión que uno tiene cuando lee primeros trabajos, es que los jóvenes artistas, en su entusiasmo por escribir, nunca dudan o cuestionan. Ellos sólo abren su corazón y terminan confesando: "Oh, Sr. McKee, amo escribir; realmente amo escribir; me levanto a las tres de la mañana y escribo, escribo y escribo". Yo escucho y pienso: "Nada bueno saldrá de esto". Los escritores profesionales no aman escribir. Se arrastran a sí mismos al teclado cada mañana. Los artistas escriben con temor, no con amor. Los autores con verdadero gusto escriben porque deben escribir, no porque amen escribir.