Una que sepamos todos...

Es el centro de todas las reuniones, cae siempre bien parado, se las arregla para no pagar cuando va a almorzar con amigos... En su nuevo libro, el autor Mario Kostzer se encarga de desmenuzar a este arquetipo particular de la cultura argentina.
Chanta, chantún, chantapufi, atorrante, ¿quién no los conoce? Nunca falta alguno en las reuniones de trabajo, en la barra de un café, en las salidas con los ex compañeros de colegio. Siempre hay un abogado chanta, un meteorólogo chanta, un plomero chanta, un publicista o un político a los que tuvimos o tenemos que padecer. En su nuevo libro, "Chanta argentino", Kostzer nos enseña a detectarlos al vuelo. "Es el que está siempre donde debe estar, es el hincha del equipo campeón, el que más proezas sexuales realizó, el que jamás está obligado a cumplir con obligación alguna, sólo él tiene autoridad moral para opinar sobre cualquier tema" y, por supuesto, nunca va a pagar ningún impuesto, porque no tiene la culpa de haber nacido taaan vivo.

El diccionario lo define como "Persona que presume de tener algo, especialmente, una capacidad, un conocimiento, un poder, que en realidad no tiene"; pero con la definición académica no alcanza, así que mejor vamos a los "Sucesos chantas argentinos" ocurridos en nuestro país querido recordados y recopilados por Kostzer. Hace algunos años atrás, cuando éramos gobernados por...(mejor ni lo nombremos que, además de todo, es yeta) en los diarios del día 31 de julio del 95, ese presidente anunció que antes de fin de año, se "iba a trasladar el Aeroparque Jorge Newbery a una isla artificial", pero que no nos preocupáramos, porque se iba a hacer con inversiones privadas. ¡Un delirio!, ¡un disparate!...una chantada. El "diputrucho" Juan Kenan merece una mención especial. El no era diputado, pero el día que se estaba votando la privatización de la empresa Gas del Estado, el destino quiso que cuando de casualidad pasaba por la Cámara de Diputados, una pico de presión lo hiciera sentar en una banca y ¡levantar la mano!. Síntoma raro si los hay. Más allá de lo pintoresco y hasta creativo de la mentira, ese reverendo H de P, nunca fue sancionado. La promesa de María Julia, de limpiar en 1000 días el Riachuelo casi está de más contarla, todos a Mery July y esas insalubres fotos que hizo semi desnuda con su tapado de visón.

"Al chanta, la gente les perdona todo. Les celebra todo. Les cree hasta cuando sabe que mienten. Esta particularidad argentina es muy curiosa", comenta Kostzer, y nos recuerda que, estos especímenes tan pintorescos ya aparecían en los tangos escritos a comienzos del siglo pasado.

Para finalizar, qué mejor que refrescar la memoria con las frases de los más grandes chantas de nuestra argentina querida: "En este país, tenemos que dejar de robar por dos años", dijo descaradamente Luis Barrionuevo; "Estamos mal, pero vamos bien", mintió...¡no lo nombremos!; "La Argentina es un país condenado al éxito", tiró fruta Eduardo Duhalde; "Billetera mata galán", mandó Jacobo Winograd, alias "El Chizo", según Silvia Suller; "Me gusta tanto la noche, que al día le pondría un toldo", ¿quién más que el Bambino embambinador la iba a decir? "En la altura, la pelota no dobla", zarasaseó Passarella cuando perdimos frente a Ecuador por las eliminatorias del Mundial Francia 96.
Mario Kostzer, quien antes ya había escrito "El pelotudo argentino" y "Así no hay cuerpo que aguante", dice sobre su último trabajo: "Es un libro de humor, pero que también busca generar una reflexión, además de una carcajada... Sepa el lector gozarlo, tolerarlo o criticarlo como lo hacemos todos en la vida misma".