El dolor es total e inexplicable. Este 5 de junio, el mundo de la música y la cultura popular argentina se detuvo ante la triste noticia de la muerte de Carlos Alberto “Indio” Solari (77), el histórico líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y una de las figuras más trascendentales de la historia del rock nacional.
A los pocos minutos de conocerse el fallecimiento, la conmoción se trasladó a las puertas de su casa en Parque Leloir, partido de Ituzaingó, el refugio donde el cantante pasó sus últimos años y donde hoy se apagó su voz. Hasta allí llegó la cobertura en vivo de TN, capturando las primeras y más desgarradoras postales del duelo de su gente.
Un silencio que duele: el homenaje de un “ricotero”
El periodista y conductor de La Viola, Fernando Molinero, visiblemente quebrado por la situación, relató desde el lugar un episodio mínimo pero profundamente conmovedor que resume el sentimiento de millones de fanáticos:
“No sé si ven esa flor que dejaron ahí en la puerta. De repente apareció un muchacho de unos 40 y pico de años que se acercó en silencio y dejó una flor. Tenía una cara de abatido. Imagínense lo que va a ser en las próximas horas”, describió el cronista ante las cámaras.
Ese gesto solitario y respetuoso fue el prólogo de una procesión que no tardará en volverse masiva. El vacío que deja el Indio no se puede llenar, y sus fieles, esos que transformaron sus conciertos en las misas más grandes del mundo, empezaron a congregarse para intentar asimilar lo imposible.
Desolación en Parque Leloir
A medida que la noticia impactaba en los corazones de sus seguidores, las inmediaciones de la quinta del músico comenzaron a recibir a fanáticos completamente devastados, incapaces de contener las lágrimas.
“Las fanáticas se van acercando, desconsolados en llanto. Es una noticia que nos partió en mil pedazos. Es una noticia que no nos imaginábamos que pudiéramos tener. Es muy difícil", amplió el conductor de TN, mientras las imágenes de la transmisión mostraban a una mujer sentada en el cordón de la vereda, llorando desconsoladamente a su ídolo.
La muerte del Indio Solari marca el fin de una era, pero el desgarrador inicio de una leyenda imperecedera. Su casa, hoy custodiada por las lágrimas de su público y esa flor solitaria en la puerta, ya se convirtió en el santuario de un mito que, como sus canciones, vivirá para siempre.