La casa que Nicolás Repetto y Florencia Raggi construyeron en José Ignacio refleja mucho más que una elección estética: es la materialización de un estilo de vida enfocado en la calma, la contemplación y el vínculo directo con el entorno natural.
Ubicada en una zona donde predominan las colinas suaves, el verde abierto y el silencio, la propiedad se integra al paisaje con una naturalidad que la vuelve casi parte del terreno.

Desde el exterior, la vivienda de Nicolás Repetto y su pareja transmite solidez y carácter. Los muros de piedra, protagonistas absolutos de la fachada, aportan una impronta rústica que remite a las construcciones tradicionales de campo, mientras que las chimeneas de gran tamaño refuerzan esa sensación de refugio cálido y seguro.

Lejos de imponerse sobre el entorno, la arquitectura dialoga con él, respetando las formas y los colores del paisaje.

ASÍ ES LA CASA DE NICOLÁS REPETTO Y FLORENCIA RAGGI
Uno de los rasgos más distintivos de la propiedad son sus enormes ventanales. Con marcos de madera en tonos suaves, permiten que la luz natural invada los ambientes durante todo el día y, al mismo tiempo, generan una continuidad visual entre el interior y el jardín.

En el interior, la madera ocupa un rol central. Está presente en pisos, techos y muebles, aportando calidez y coherencia estética. El corazón de la casa es el living principal, organizado alrededor de una gran chimenea revestida en piedra que funciona como punto de encuentro y eje visual del ambiente.

La iluminación también fue pensada como parte fundamental del diseño. Durante el día, la luz natural es protagonista, mientras que por la noche entran en escena lámparas de líneas contemporáneas con detalles metálicos, que crean climas más íntimos y sofisticados.

La casa también cuenta con rincones especialmente diseñados para el descanso y la contemplación. Sectores de lectura, bibliotecas con libros de arte y espacios exteriores con reposeras invitan a desconectarse y disfrutar del entorno.

La cocina, en sintonía con el resto de la vivienda, combina funcionalidad y estética. Los azulejos blancos y las mesadas de mármol potencian la luminosidad, mientras que los ventanales vuelven a enmarcar el paisaje, reforzando esa conexión constante con el exterior.




