La casa de Guillermina Valdés refleja con claridad una forma de vivir orientada al equilibrio, la simpleza y la conexión con lo natural. El hogar que construyó junto a sus hijos funciona como un refugio cotidiano donde el diseño acompaña una búsqueda de calma y bienestar, lejos de los excesos y del ruido visual.
En el interior, el minimalismo es el gran protagonista. Los ambientes se organizan a partir de líneas simples, espacios despejados y una paleta dominada por el blanco, que amplifica la luz natural y genera una sensación constante de amplitud.
Este color se combina con madera clara en pisos, muebles y detalles estructurales, aportando una cuota de calidez que equilibra la sobriedad que Guillermina Valdés busca.
El living y el comedor están pensados como espacios de encuentro familiar, donde la luminosidad juega un rol central. Grandes ventanales conectan el interior con el jardín, permitiendo que el verde se integre visualmente a la casa durante todo el día.
Las plantas, tanto de interior como de exterior, aparecen como parte fundamental de la decoración, aportando frescura y reforzando esa relación constante con la naturaleza que atraviesa toda la propiedad.

ASÍ ES LA CASA DE GUILLERMINA VALDÉS
Uno de los rasgos más singulares del hogar de Guillermina Valdés se encuentra al aire libre: una pileta de inspiración budista que se convirtió en el corazón del espacio exterior.

Rodeada de vegetación, caminos de piedra y sectores destinados al descanso, esta piscina no solo cumple una función recreativa, sino que también propone un clima de contemplación y armonía. El sonido del agua, el verde que la envuelve y la disposición del entorno generan una atmósfera casi meditativa, ideal para desconectarse del ritmo diario.

Los espacios privados mantienen la misma coherencia estética que el resto de la casa. Los dormitorios apuestan a una decoración austera, con tonos suaves, textiles naturales y pocos objetos, priorizando el descanso y la tranquilidad visual.




