Durante años, la casa que Sabrina Rojas compartió con Luciano Castro fue mucho más que una propiedad: funcionó como refugio familiar, escenario de crianza y espacio de intimidad lejos de la exposición constante que rodea a ambos actores.
Ubicada en un barrio privado de Pilar, la vivienda acompañó una etapa central de sus vidas, marcada por la convivencia, la llegada de sus hijos Fausto y Esperanza y una rutina atravesada por la calma que ofrece el contacto cotidiano con la naturaleza.
Tras la separación de Castro, la casona continuó siendo el hogar de Sabrina Rojas, que eligió permanecer allí para sostener la estabilidad familiar.
Con el tiempo, el lugar también fue testigo de una nueva etapa sentimental junto al Tucu López, aunque esa relación terminó sumando un matiz inesperado a la historia de la casa.

ASÍ ERA LA CASA DE SABRINA ROJAS Y LUCIANO CASTRO
La vivienda se distingue por una arquitectura contemporánea, de líneas simples y materiales nobles, integrada de manera orgánica al paisaje que la rodea. Grandes ventanales conectan los ambientes interiores con el parque, permitiendo que la luz natural y el verde sean protagonistas en cada rincón.

La sensación de amplitud y serenidad fue, desde el inicio, uno de los mayores atractivos de la casa, pensada para una vida familiar activa pero alejada del ruido urbano.
La decoración acompaña esa lógica: tonos claros, predominio de la madera y una estética cálida que prioriza el confort antes que la ostentación. Cada espacio parece diseñado para ser vivido, no exhibido.

El jardín ocupa un rol central en la dinámica cotidiana: allí Sabrina realiza actividad física, disfruta del aire libre y encuentra momentos de pausa, en una relación directa con el entorno natural que define el espíritu del lugar.
Dentro de la casa, la cocina se consolidó como el verdadero corazón del hogar. Amplia, funcional y atravesada por una gran isla central con mesadas de madera, es el espacio donde se concentran las escenas más cotidianas.

Sin embargo, ese mismo ambiente quedó cargado de un significado inesperado. Tras su ruptura con el Tucu López, surgió la versión de un supuesto ritual amoroso realizado en la casa, una idea que Sabrina Rojas mencionó con mezcla de ironía y preocupación, sugiriendo que la energía del lugar podría estar alterada.
La palabra “embrujada” apareció entonces como una forma de nombrar aquello que no se ve, pero se siente.




