Georgina Mollo fue “Mili” para toda una generación que creció frente a la pantalla siguiendo las historias de Chiquititas y más tarde la vio reaparecer en Rebelde Way.
Sin embargo, lejos de quedar atrapada en ese recuerdo, la actriz logró algo poco frecuente: correrse del centro mediático y construir una vida propia, lejos de las cámaras, sin renegar de su pasado.
Hoy, con 42 años recién cumplidos, Georgina atraviesa un presente sereno y profundamente personal. Su cumpleaños fue, paradójicamente, el momento que volvió a ponerla en el radar del público.

La celebración, íntima y emotiva, reunió en su casa a varias excompañeras de aquellos elencos que marcaron época. Las imágenes del reencuentro circularon rápidamente por redes sociales y despertaron una ola de nostalgia entre los fanáticos, que volvieron a verla sonriente, relajada y lejos del vértigo televisivo.
Lejos del glamour y la exposición permanente, Mollo eligió otro ritmo de vida. A diferencia de muchos actores infantiles que intentaron sostener la popularidad a cualquier costo, ella tomó distancia de los medios cuando sintió que era necesario.

QUÉ ES DE LA VIDA DE GEORGINA MOLLO
En sus propias palabras, Georgina siente que llegó a esta etapa con la mayoría de sus sueños cumplidos. Su foco está puesto en su familia, en sus hijos y en los vínculos que fue construyendo a lo largo de su vida, tanto los que la acompañan desde la infancia como aquellos que se sumaron con el tiempo.

Aunque se mantiene alejada de los grandes medios, no abandonó del todo el arte. Participa de proyectos puntuales, eligiendo cuidadosamente cada propuesta y sin la presión de tener que estar siempre visible.
Esa libertad le permitió reconciliarse con su historia profesional desde otro lugar, más maduro y equilibrado, donde el pasado no pesa como una etiqueta sino como una experiencia valiosa.



