Tomar café o té de manera habitual puede aportar beneficios concretos para la salud y la longevidad. Según dos médicos especializados en bienestar y envejecimiento saludable, ambas bebidas protegen el organismo si se consumen con moderación, y la elección depende más de cómo responde cada persona a la cafeína que de una superioridad real entre una y otra.
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José Manuel Felices Frías -especialista en Radiología y profesor universitario- y su colega Borja Jiménez Ormabera coinciden en que tanto el café como el té son ricos en antioxidantes y están asociados a un menor riesgo de enfermedades metabólicas, cardiovasculares y neurodegenerativas. La clave no está en excluir una bebida para elegir la otra, sino en entender qué efecto tiene cada una en el cuerpo y en qué momento conviene consumirlas.
El veredicto médico es claro: café y té no compiten entre sí. Ambos pueden formar parte de una rutina saludable, siempre que se eviten los excesos, el azúcar agregado y las temperaturas demasiado altas.
Café y té: qué tienen en común según la ciencia
Desde el punto de vista nutricional, las dos bebidas comparten una característica central: contienen cafeína. Aunque suele creerse que el café “tiene cafeína” y el té “tiene teína”, en realidad se trata de la misma molécula, con efectos similares sobre la concentración, la energía y el metabolismo.

Además, múltiples estudios vinculan el consumo moderado de café y té con una menor incidencia de diabetes tipo 2, enfermedades cardíacas y ciertos tipos de cáncer. Estos beneficios se explican en gran parte por su alto contenido de polifenoles y otros compuestos antioxidantes.
Por eso, los médicos remarcan que la discusión no debería centrarse en cuál es mejor en términos absolutos, sino en cuál se adapta mejor a cada persona y a cada momento del día.
Las diferencias clave entre café y té
Aunque comparten antioxidantes y cafeína, el impacto de cada bebida no es el mismo. El café suele tener una concentración más alta de cafeína, lo que genera un efecto estimulante más intenso y rápido. Por ese motivo, está asociado a una mayor activación física y mental.
El té, en cambio, contiene L-teanina, un aminoácido que modula el efecto de la cafeína. Esto hace que la energía sea más sostenida y menos abrupta, con un impacto positivo sobre la relajación y el manejo del estrés.

Esta diferencia explica por qué algunas personas toleran mejor el té que el café, sobre todo aquellas que experimentan nerviosismo, ansiedad o palpitaciones con dosis elevadas de cafeína.
Beneficios del café para la salud
El café se destaca por su efecto estimulante y por su relación con la protección hepática. Consumido con moderación, puede aportar ventajas concretas en el día a día y a largo plazo:
- Mejora la energía y el rendimiento cognitivo y físico
- Se asocia a menor riesgo de hígado graso y cáncer de hígado
- Podría reducir el riesgo de Parkinson y demencia
- Favorece un mayor gasto calórico al aumentar la activación
Por estas razones, suele recomendarse en contextos que requieren concentración, actividad intelectual o entrenamiento físico.
Beneficios del té y por qué muchos lo prefieren
El té ofrece un perfil más suave y equilibrado. Gracias a la L-teanina, su efecto sobre el sistema nervioso es distinto, incluso cuando contiene cafeína.
Entre sus principales beneficios se destacan:
- Reducción del estrés y la ansiedad
- Protección cardiovascular y ayuda para regular el colesterol
- Mejora del estado de ánimo y posible reducción del riesgo de depresión
Esto lo convierte en una opción interesante para quienes buscan concentración sin sobreestimulación, o para consumir en horarios más tardíos del día.



