El día que Gerardo Sofovich habló del accidente por el que perdió una pierna: "A los 6 años me atropelló un tranvía, y me salvé de milagro"

Por Lucas Beltramo. En 2006 le realicé una extensa entrevista para la revista Paparazzi. La idea era repasar toda su vida. Y lo hizo como nunca antes. Aquí, su generoso testimonio. Audio.

El día que Sofovich habló de su accidente

Antes de hacerle la pregunta, apagué el grabador. En ese momento ya iban dos horas de charla en su camarín de América TV. Una hora el lunes. Una hora el martes. El motivo de una nota que se extendió por dos días era recoger el testimonio de Gerardo Sofovich para Vidas de película, sección de entrevistas especiales que hacía en la revista Paparazzi, allá por el año 2006.

"Recuerdo perfecto el accidente. Me atropelló un tranvía cuando yo tenía 6 años. Y me salvé de milagro. Fue un descuido de la niñera que nos cuidaba a Hugo y a mí. Mamá le mandó a comprar algo a una farmacia que estaba a dos cuadras de casa, y cuando cruzamos las vías yo iba distraído, y la chica no me agarró de la mano como tendría que haber hecho".

A esa altura, el -por ese entonces- conductor de Tiempo límite ya me había mostrado fotos inéditas de su infancia que acompañaron ese reportaje, como una en brazos de su padre Manuel, periodista y autor teatral.

Ya me había narrado cómo fue su primer beso, a los 10 años. Y cómo fue su debut sexual, a los 10 años, ¡el mismo día de su primer beso! "Una morochita hermosa de 14 años, hija del dueño de un corralón de materiales de la calle Charcas, donde yo vivía, me llevó a jugar a uno de los boxes de caballos, me tiró en los fardos y me hizo objeto de todo tipo de agresiones sexuales. Me acuerdo del olor de ella como si fuera hoy", me contó con picardía.

También Gerardo había rememorado cómo conoció a Carmen Morales, la madre de su único hijo, Gustavo: "Fue en 1963. Ella era la chica Biondi y la contraté para Operación Ja Ja. Era la novia de un amigo mío, García Acha, un director de cámaras muy importante. Pero el día después de su casamiento, durante su viaje de luna de miel a Brasil, tuvieron un accidente con el auto, él murió y ella se salvó milagrosamente. Y durante su larga recuperación yo estuve a su lado. Ahí nació el amor y nos casamos a los dos años".

Como parte de esa extensa entrevista, Sofovich también ya me había contado que su primer trabajo fue a los 14 años, como cronista deportivo de Noticias Gráficas. Y que mientras cursaba la carrera de Arquitectura, a sólo seis finales de recibirse, murió su padre: "Falleció en mis brazos, de un síncope cardíaco. Yo tenía 23 años, y fue un golpe tan fuerte que decidí postergar el título y reforzar mis trabajos, porque había que parar la olla en casa".

En esas dos horas, antes de apagar el grabador para hacerle la pregunta, Gerardo ya había destacado que la primera gran oportunidad en el medio se la dio el recordado humorista Juan Verdaguer, sumándolo como libretista de su programa de TV. Un año después, Canal 11 lo convocaría para armar un ciclo de humor y nacería el Operación Ja Ja de Porcel, Olmedo, Altavista, Fidel Pintos, Javier Portales y más figuras, "programa que llegó a tocar los 63 puntos de rating. Fue antológico", me remarcó con orgullo.

"Hubo versiones de que yo salvé a Hugo del accidente, y también se dijo que Hugo me había empujado, pero no hubo nada de eso. Fue un accidente de los que lamentablemente suceden a veces".

También me había contado su gloriosa época como cineasta, que arrancó junto a su hermano, Hugo, hasta que se pelearon tan fuerte que durante 22 años no se hablaron: "Un día me pidió dirigir la próxima película, le pregunté por qué, si hasta ese momento las venía dirigiendo yo, entonces me dijo '¿por qué te tenés que quedar siempre con toda la gloria?'. Mi respuesta fue 'hacé una cosa, quedate vos con la productora Aries y con la película, yo me abro'. Hugo tenía un problema de hermano menor. Yo lo había llevado a mi trabajo y mi mamá siempre me pedía que le diera más plata. Empezamos a firmar como dúo. Primero yo ganaba el 80% y él, 20%. Después 70 y 30. Hasta que le dije "60 y 40 y hasta acá llegamos. Fue una pica profesional que terminó rompiendo el vínculo fraternal. Por suerte nos pudimos reconciliar y lo disfruté en el último tiempo antes de su muerte", me explicó.

Entonces apagué el grabador. Gerardo ya había repasado toda su vida, salvo un momento que marcó su infancia. Con respeto, le comenté que la entrevista era una especie de minibiografía autorizada, y le consulté si podía preguntarle por el accidente que sufrió cuando era un niño, por el que perdió una pierna. "Sí, por supuesto", me contestó con total tranquilidad. Entonces volví a prender el grabador.

"Jamás hablé de mi problema físico porque no lo considero tal, y porque nunca quise conmover a nadie con eso. Fundamentalmente porque lo superé rápidamente, y en la primaría ya era el líder del curso y andaba en bicicleta, jugaba al fútbol y bailaba. Si le pasa a un chico ahora, le reimplantan la pierna, pero en esa época no estaba tan avanzada la medicina. Y bueno, entonces me adapté a eso y lo superé", me dijo Gerardo ni bien la cinta del casete volvió a rodar.

-¿Recuerda el accidente?

-Sí, lo recuerdo perfecto. Me atropelló un tranvía cuando yo tenía 6 años. Y me salvé de milagro. Fue un descuido de la niñera que nos cuidaba a Hugo y a mí. Mamá le mandó a comprar algo a una farmacia que estaba a dos cuadras de casa, y cuando cruzamos las vías yo iba distraído, y la chica no me agarró de la mano como tendría que haber hecho.

"Era tan chico que no le di la entidad que uno se puede imaginar. Y después, el ser humano se adapta a cualquier cosa. Uno imagina lo que han sufrido las víctimas del Holocausto, y sin embargo se adaptaban a vivir en esas barracas y todavía tenían la ilusión de la vida... Si te pasó, te pasó. ¿Qué vas a hacer? ¿Te vas a entregar? Después del accidente fui el mejor nadador de GEBA. Corría competencias y nadaba en velocidad".

-Alguna vez se dijo que usted había salvado a Hugo del accidente...

-No, también hubo versiones de que Hugo me había empujado, pero no hubo nada de eso. Fue un accidente de los que lamentablemente suceden a veces.

-¿Cómo hizo para superarlo?

-Era tan chico que no le di la entidad que uno se puede imaginar. Y después, el ser humano se adapta a cualquier cosa. Por ejemplo, uno imagina lo que han sufrido las víctimas del Holocausto, y sin embargo se adaptaban a vivir en esas barracas y todavía tenían la ilusión de la vida... Si te pasó, te pasó. ¿Qué vas a hacer? ¿Te vas a entregar? Después del accidente fui el mejor nadador de GEBA. Corría competencias y nadaba en velocidad.

-¿Cómo siguió su vida en los primeros meses después del accidente?

-Durante mi convalecencia, mientras cicatrizaba todo, mi maestra de primer grado, la señorita Agüero, se tomó el trabajo de venir a casa y darme las clases para no perder el ritmo de estudio. Y a los dos meses ya iba nuevamente a la escuela.


Después de esa confesión, quedaba una sola pregunta en aquella tarde-noche de agosto de 2006: ¿cómo se imaginaba dentro de 10 años? "Imaginarme dentro de 10 años a esta altura es una audacia", me respondió con una sonrisa, cigarrillo en mano, nueve años antes de su muerte. Escolasero de la primera hora, si hoy Gerardo Sofovich viera esta nota, seguramente una mueca acompañaría a su voz de fumador diciendo "viste que tenía razón".