Martín Amestoy, el nuevo seductor serial: "En mi vida me acosté con unas 200 mujeres, 50 desde que corté con Silvina Escudero"

El panelista de Zapping habló con Ciudad.com de su asombroso éxito con las mujeres, antes y después de haberse separado, y contó sus fantasías pendientes.

La historia de Martín Amestoy (30) tiene los mismos ribetes fantásticos de todo buen pescador que, luego de capturar a la presa, la devuelve al agua para que sea libre y continuar gozando de su soltería. Desde que se separó de Silvina Escudero, el productor de Endemol se ganó un lugar como personaje televisivo en el panel de Zapping, aunque según su propio testimonio ya desde antes era un impiadoso seductor serial. ¿Será también como los pescadores que exageran con sus conquistas?

"Me gustan las morochas, las rubias, las coloradas. ¡Me gustan todas! Pero en los últimos tres meses comí más con morochas. De carácter seguro que no son como Silvina, pero me gustan del estilo de Silvina, ella es un ícono de la morocha argentina. Las que más me gustan son las chinas, las orientales, me vuelven loco".

-¿Cómo está tu vida sentimental?

-Estoy conociendo a varias mujeres, pero estoy solo. Todos los días salgo a comer o tomar algo con alguien. Veo lo que hay en el mercado y está bueno, la verdad es que la estoy pasando joya. Toda mi vida estuve de novio, porque antes de Silvina estuve cuatro años de novio con otra chica, me peleé con ella y a las dos semanas estaba de novio con Silvina. O sea que estuve los últimos cinco años de mi vida de novio a full. Ahora estoy viviendo solo también (en un departamento de Palermo), y me encanta, lo estoy aprovechando fuerte.

-¿Las mujeres con las que salís saben de tus intenciones? Es decir, que te ves con otras casi al mismo tiempo…

-Yo no engaño a nadie, voy conociendo y después veo. Con alguna me enganché y me dan ganas de verla más veces, otras no. Lo que pasa es que ahora la oferta es grande, no voy a mentir. Entonces se hace como más fácil. Por ejemplo, si estoy solo en casa, whatsappeándome con alguien, la llamo y la invito a comer. Quizá después no pasa nada. También está el tema del boliche, que es tremendo, porque meto salidas de jueves a domingo. Mi vida es un desastre.

-¿Te da el cuerpo para tanto?

-Me da, pero estoy cansado. Ahora empecé a adelgazar, entreno para llegar bien al verano. Vuelvo a entrenar por el bien de la sociedad, porque voy a volver a posar en cuero para una revista, como la que hice para Paparazzi (risas). La noche me hace tener una alimentación de mierda y me empecé a preocupar un poquito más. De a poquito voy corriendo la noche de lado. Los jueves salgo seguro porque es el día que más me gusta, pero el domingo quizá me quede en casa haciendo arreglos. También me tienta volver a jugar un último año de rugby como despedida, pero con todo esto, es muy difícil. Me gustaría conocer a alguien y enamorarme. Cocinarle a mi novia un domingo, extraño eso a veces.

"Hoy por hoy estoy con tres mujeres distintas por semana. Es muy difícil que repita chica, hubo pocas que haya querido volver a ver. En total, tengo sexo unas siete veces por semana".

-¿Cuál es el perfil de mujeres que se te acercan en los boliches?

-Se me acercan todo tipo de minas. Las pendejas de 20 años están tremendas. Para mí, igual, gato no es nadie, pero hay como un prejuicio por cómo se visten y el cuerpo que tienen. Igual, me gustan todas a mí. Así que no descarto nada.

-¿Qué tipo de mujeres te gustan?

-Las morochas, las rubias, las coloradas. ¡Me gustan todas! Pero en los últimos tres meses comí más con morochas. De carácter seguro que no son como Silvina, pero me gustan del estilo de Silvina, ella es un ícono de la morocha argentina. Las que más me gustan son las chinas. Las orientales, me vuelven loco. Nunca estuve con una oriental posta, que sea de Japón, por ejemplo. Me gustan las mujeres negras, mulatas, pero estuve con varias en Brasil y Sudáfrica. También me gustan mucho las mujeres tatuadas, estuve con pocas y me está atrayendo mucho el tema del tattoo. No me gustan las mujeres que están en pareja. Si me gusta una mina que empiezo a chamuyar en Twitter y me dice que está en pareja, le pido perdón y dejo de interactuar con ella. Casadas tampoco me gustan. Pero estuve con mujeres de 50 años, de 40, con chicas de 19 o 20 años. Las lolas son lo que más me llama la atención. Si hay muy poco, no me gusta tanto, pero si hay un poquitito, prefiero que sea natural antes que silicona. Prefiero unas buenas lolas a una buena cola.

"A las chicas las traigo a mi casa. Yo confío en la gente y si me quieren cagar, mucho no van a encontrar. ¿Me van a sacar fotos en bolas? Bueno, nos tendremos que reír todos en la tele un rato, yo me lo tomo con humor".

-¿Qué tipo de filtro hacés en la conversación cuando se te acercan mujeres "casi entregadas"?

-Me encuentro con este problema porque a partir de que me empiezan a conocer, hay gente que se te acerca interesada en otras cosas, o para dañarte. No lo podés manejar mucho. Considero que teniendo la escuela de la calle, del barrio, puedo darme cuenta cuando alguien se acerca con un buen propósito, desinteresadamente, o con un mal propósito. Hay chicas que ni me conocen, eh. No es que soy Marcelo Tinelli que salgo a la calle y me paran todas en la esquina. Está buena mi pseudofama, porque no es absoluta. Quizá me gusta más la que me habla sin conocerme, porque la que habla mucho de lo que pasó en la tele y me recuerda la historia de mi ex, me ponen en alerta de que son re cholulas y no da. Esa durará una noche...

-Cuando salís a la noche, ¿pagás vos o te invitan?

-Hace mucho que no pago, me están invitando y mis amigos también están contentos con eso. Igual, voy a boliches que me invitaban desde antes, por la zona de Castelar, Ituzaingo, que es donde yo nací y conozco a los dueños de antes. Pero ahora también paso por Palermo y en los mejores lugares. Yo lo celebro, hago como dice el dicho, que mientras venga de arriba, agarro hasta un rayo. ¡Ya fue! (risas).

-Cuando estás por intimidar con una señorita, ¿a dónde vas?

-Vengo a mi casa. Yo confío en la gente y si me quieren cagar, mucho no van a encontrar. ¿Me van a sacar fotos en bolas? Bueno, nos tendremos que reír todos en la tele un rato, yo me lo tomo con humor. No me gustaría que aparezcan fotos mías en pelotas, por mi abuela Berta que es grande, y porque tengo sobrinos chiquititos. Me arriesgo y que vengan a mi casa, no tengo nada que esconder. Yo manejaría bien la situación, si no me copa que una mina me caiga sin aviso con un desayuno a mi casa, le digo y la echo con el desayuno. Soy muy sincero en muchas cosas.

"Debuté a los 16 años. Fue pago. En Villa Gesell, alquilamos un garaje con unos amigos y enfrente había un cabaret. Se llamaba Rubí, era rubia, un poquito rellenita, pero muy bien ella".

-¿Cuál es la frecuencia que venís manteniendo?

-Qué difícil… voy a quedar como un boludo. Sería tres veces por semana, pero con distintas chicas, lo que me da un aval, ya que serían dos o tres encuentros con cada mina. Es muy difícil que repita chica, hubo pocas que haya querido volver a ver. En total, serían unas siete veces por semana.

-¿Llevás la cuenta de las chicas con las que tuviste sexo? ¿Serán más de 50?

-No sé, no llevo la cuenta. Pero serán unas 200. ¿En toda mi vida? Sí, unas 200.

-¿Y en estos últimos tres meses después de haberte separado de Silvina Escudero?

-Unas 50.

-¡Ah bueno! ¿Y no fuiste infiel?

-No, nunca.

-¡O sea que sos un mujeriego total!

-Siempre me fue bien con las mujeres, nunca tuve problemas. Ahora se sumó mucho. Yo me puse de novio a los 25 años, tuve toda una vida desde los 16, que arranqué a salir, hasta los 25. Tampoco estuve con hermanas de amigos, ni primas. Pasa que tengo una hermana un año más grande y otra 3 años menor. Tuve mucha repercusión con los grupos de amigas de mis hermanas, casi que pasaron todas. Estaba muy bien nutrido.

"Una vez me trancé a tres hermanas, por separado, en un boliche de Luján. Creo que ellas no sabían, pero terminé con una en el auto. ¿Otra ánecdota? Besar a dos amigas, como si fuera un partido de tenis. Ah, estuve en una cama cucheta, yo con una chica arriba, y una pareja de amigos abajo. Era un quilombo porque nos descordinábamos y caíamos".

-¿Tenés alguna técnica o chamuyo preparado para ganar tanto con las chicas?

-El rugby sirve por un rato. Agarré una buena época de Los Pumas en un Mundial y estábamos en alza. Pero siempre es lo mismo, lo que muestro en la tele. El ser espontáneo, el sentido del humor es la diferencia. De pibe era un queso bailando, le ponía onda, pero sabía que si podía hablar con la chica, me la iba a ganar seguro. El desafío era poder hablar, porque algunas no te dan ni bola.

-¿A qué edad fue tu debut?

-Debuté a los 16 años. Fue pago. En Villa Gesell, alquilamos un garaje con unos amigos y enfrente había un cabaret. Se llamaba Rubí, era rubia, un poquito rellenita, pero muy bien ella. Yo estaba muy nervioso y ella me contuvo. Después, nunca más pagué. No me gusta pagar por una mujer, me gusta la conquista, pelearla.

-¿Tuviste propuestas indecentes?

-Cuando tenía 19 años, salía con una mina de 40 años y me daba un perfume, un celular de moda. Me daba regalos, pero estaba con ella porque me gustaba. Nunca estuve con una mujer con la que no quería estar. Tampoco me ofrecieron nada extraño.

-¿Alguna anécdota curiosa?

-Una vez me trancé a tres hermanas, por separado, en un boliche de Luján. Creo que ellas no sabían, pero terminé con una en el auto. ¿Otra? Besar a dos amigas, como si fuera un partido de tenis. Ah, estuve en una cama cucheta, yo con una chica arriba, y una pareja de amigos abajo. Era un quilombo porque nos descordinábamos y caíamos (risas). No tuve nada muy raro en realidad.

-¿Fantasías pendientes?

-Nunca hice tríos con mujeres, pero me encantaría. Madre e hija me vuelve loco, hermanas también. ¿A quién no? No me gusta el intercambio de parejas, no soy celoso ni nada, pero no me bancaría ver a otro con mi mujer. Pero sí estoy con dos minitas y un amigo, hacemos el cambio, olvidate, eso me divierte.

"Probé Viagra para ver cómo se sentía, pero no me dio nada que no pudiera conseguir naturalmente".

-¿Te drogaste alguna vez?

-He fumado algún porro, pero nunca probé cocaína, ni probaría. No me gusta lo que me provoca la droga. No sé cómo me la banco para estar tan pila, creo que en algún momento voy a caer de cama. Estoy muerto, no doy más, sigo porque me obligo a seguir. Pero todo lo que me está pasando me divierte y hago todo contento, salgo con las chicas que quiero salir. Cuando uno está feliz, las cosas no cuestan tanto.

-¿Probaste la pastillita azul?

-(Risas) Sú, probé el Viagra para ver cómo se sentía, pero no me dio nada que no pudiera conseguir naturalmente.