Con las temperaturas bajando drásticamente en toda la Argentina, el encendido de los calefactores se vuelve una prioridad en cada hogar. Sin embargo, acumular polvillo o tener una mala combustión puede convertir un ambiente cálido en un peligro mortal por la acumulación de monóxido de carbono.
Aquí te dejamos los consejos claves para limpiar tus equipos y las señales de alerta que no podés ignorar.
1. El truco del secador de pelo para el polvillo
Durante los meses de verano, los calefactores acumulan pelusas y tierra en su interior. Al encenderlos, esto genera olor a quemado y puede obstruir los quemadores.
- Tip Pro: Antes de prenderlo, usá un secador de pelo con aire frío potente a través de las rejillas superiores. Colocá un trapo húmedo en el suelo, debajo del equipo, para atrapar toda la suciedad que vuele hacia abajo.
2. Limpieza de superficies sin riesgos
Nunca limpies el equipo mientras esté encendido o caliente, ya que el choque térmico puede trizar los vidrios o deformar el metal.
- Usá un paño apenas humedecido con agua y un poco de detergente neutro.
- Prohibido: No uses alcohol, bencina ni aerosoles inflamables, ya que los residuos pueden encenderse al prender el piloto.
3. La regla de la llama azul
Esta es la señal visual más importante de seguridad.
- Llama Azul: Combustión perfecta y segura.
- Llama Amarilla o Naranja: Peligro. Indica que el artefacto está quemando mal y generando monóxido de carbono. Si después de limpiar el polvillo superficial la llama sigue naranja, debés llamar a un gasista matriculado de inmediato.
4. No uses “métodos alternativos”
Aunque el frío pegue fuerte, Defensa Civil y los expertos en salud son tajantes:
- NUNCA uses las hornallas ni el horno para calefaccionar. Consumen el oxígeno del ambiente mucho más rápido que una estufa y no tienen salida al exterior.
- Si usás estufas eléctricas o pantallas infrarrojas, verifitá que los cables no estén resecos ni calienten el enchufe.
5. Ventilación: el 10% que salva vidas
Por más frío que haga, siempre debe quedar una rendija de al menos 10 centímetros abierta en alguna ventana para permitir la renovación del aire. El monóxido de carbono no tiene olor, color ni sabor; por eso se lo llama el “asesino silencioso”.