No todo lo que hacemos para cuidar el rostro tiene que estar relacionado con borrar arrugas o aparentar menos edad. La tensión acumulada, los gestos que repetimos durante el día y la falta de movilidad también pueden influir en cómo se siente y se percibe la cara.
La mandíbula apretada, el entrecejo fruncido, el cuello rígido o una expresión de cansancio son algunos de los patrones que pueden aparecer como consecuencia del estrés y de los hábitos cotidianos.
En ese contexto, el Yoga Facial propone incorporar movimientos específicos para tomar conciencia de los músculos del rostro y trabajar distintas zonas de manera controlada.
Carolina Winograd, experta en Yoga Facial y Wellness, compartió tres ejercicios sencillos que integran cuello y rostro y que pueden realizarse en pocos minutos como parte de una rutina diaria.
La propuesta consiste en hacer tres repeticiones de cada ejercicio durante aproximadamente 30 segundos, siempre con movimientos suaves y controlados.
1. Un ejercicio para cuello, papada y óvalo facial
El primer movimiento trabaja especialmente la zona inferior del rostro y el cuello.
Para realizarlo, hay que apoyar una mano en el centro del pecho y ejercer una presión suave hacia abajo. Al mismo tiempo, se proyecta la cabeza ligeramente hacia adelante.
Desde esa posición, se lleva la lengua repetidamente hacia el paladar, produciendo un sonido similar al galope de un caballo.
Según explica Winograd, la lengua es una estructura muscular que suele quedar fuera de las rutinas faciales, pese a que este movimiento permite involucrar también la zona del cuello y la región submandibular.
La clave está en realizar el ejercicio sin movimientos bruscos y prestando atención a las sensaciones que aparecen en la zona.
2. El movimiento para labios y pómulos
El segundo ejercicio se concentra en los labios, los pómulos y la zona central del rostro.
Primero hay que llevar los labios hacia adentro, cubriendo los dientes, y mantenerlos suavemente con la mordida. Desde allí, se elevan y relajan las comisuras de manera controlada.
Hay una indicación importante: los párpados deben permanecer relajados y no participar del movimiento.
La especialista destaca que uno de los objetivos de este tipo de práctica es aprender a aislar determinados movimientos y evitar que la tensión se traslade a otras partes del rostro.
Por eso, no se trata de ejercer la mayor fuerza posible, sino de realizar el gesto de manera consciente y precisa.
3. Párpados, entrecejo y sienes
El tercer ejercicio apunta a la zona periocular, las sienes y el entrecejo.
Para hacerlo, se colocan las manos sobre las sienes y se ejerce una presión suave hacia adentro y hacia atrás, generando una ligera tensión ascendente.
Mientras se mantiene esa posición, hay que cerrar y abrir los párpados con intensidad, pero de forma controlada.
De acuerdo con Winograd, el movimiento permite prestar atención a una zona en la que suele acumularse tensión, especialmente cuando se aprieta la mandíbula o se sobrecargan los músculos que intervienen en la masticación.
Nuevamente, la recomendación es priorizar la precisión y evitar hacer fuerza de más.
La importancia de acompañar el ejercicio con el cuidado de la piel
Además del trabajo muscular, el Yoga Facial puede formar parte de un ritual de cuidado que incluya productos destinados a mantener la piel hidratada y protegida.
En este punto, Winograd recomienda Glorious Elixir, un sérum facial antioxidante que desarrolló para la marca Oh the Sea. El producto contiene astaxantina natural, además de siempreviva y aceites.
La especialista plantea el cuidado facial desde una mirada integral, en la que el movimiento, la respiración, el descanso y el cuidado de la piel pueden formar parte de una misma rutina.
Una rutina que busca algo más que el aspecto del rostro
El Yoga Facial no se plantea solamente como una herramienta estética. La propuesta también pone el foco en registrar los movimientos y reconocer dónde se acumula tensión durante el día.
Una mandíbula contraída, un entrecejo permanentemente fruncido o un cuello rígido pueden convertirse en gestos automáticos que pasan inadvertidos. Incorporar unos minutos de movimientos conscientes permite prestar atención a esas zonas y trabajar sobre la movilidad facial.
Para Winograd, la constancia es un aspecto central de la práctica. Más que buscar transformaciones inmediatas o promesas de rejuvenecimiento, la propuesta apunta a incorporar pequeños momentos de conexión con el propio cuerpo dentro de la rutina cotidiana.
Importante: estos ejercicios deben realizarse de manera suave y sin dolor. Si un movimiento genera molestias, tensión excesiva o incomodidad, conviene suspenderlo.