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Kate Rodríguez: "Mi psicólogo me recomendó tener un perro como apoyo emocional; tengo mucho que sanar de mi niñez, mis papás me pegaban con látigo"

La modelo panameña posó junto a su perrita maltés para Ciudad y reveló su cruda infancia familiar, en donde hasta sufrió un intento de abuso de un pastor evangélico.

Kate Rodríguez. Foto: Musepic.
Kate Rodríguez. Foto: Musepic.

De regreso a la Argentina tras seis meses en su Panamá natal, Kate Rodríguez (32) está en la búsqueda de reinsertarse en el medio, luego de actuar como sicaria sexy en El Marginal 3. “Tengo ganas de hacer teatro, volver al mundo del fútbol (trabajó en TyC Sports) y estoy hablando para hacer algo de eso. Espero estar de vuelta en pantalla prontito”, afirma la exconejita de Playboy TV.

Caribeña despampanante y sin filtros, Kate reniega de su suerte en el amor y se queja de la falta de coraje de los hombres: "No me encara nadie, cuando salgo veo que me miran, o que a lo lejos me reconocen… Ahora, venir a decirme algo a la cara, no pasa. Y en redes sociales todo el mundo tiene coraje y huevos, pero si me encaran por Instagram o WhatsApp no los puedo tomar en serio. A mí me gusta más el frente a frente".

La producción de fotos con Cocó en brazos, su perrita maltés de dos años y medio, era el disparador del presente sentimental de la modelo y conductora, quien dice confiar más en la lealtad de un animal que en la de una pareja. Pero al hablar de la llegada de una mascota a su vida, revelará una cruda infancia de terribles castigos físicos por parte de sus padres, Juan (55) y Blanca (60), y el intento de abuso sexual a los 13 años que sufrió de un pastor protestante conocido de su papá.

"Aprendí a amigarme con la soledad, estoy mucho tiempo con Cocó (su mascota), me entreno y pongo toda mi energía en mi carrera. Ya pasó la época de conocer un chico. No quiero más el chico que me tenga como un trofeo, no me interesa. Y si viene alguien, que sea perfil bajo y que no me quiera por ser la bomba de la televisión".

-¿Te cuesta la soledad?

-Aprendí a amigarme con la soledad, estoy mucho tiempo con Cocó, me entreno y trato de poner toda mi energía en mi carrera y en mi futuro. Creo que ya pasó la época de conocer un chico, que me parezca lindo, tener un vínculo… Ya no quiero más el chico que me tenga como un trofeo, no me interesa. Estoy demasiado tranquila, y si viene alguien, que sea perfil bajo, tranquilo y que no me quiera por ser la bomba de la televisión. Porque eso es un personaje y yo soy un poco más que eso. A ver, todos tenemos necesidades y deseos, pasa que para mí el sexo es lo de menos. Si quiero tener sexo ya sé tenerlo, hago una llamada y listo. Pero no es algo que me robe la calma, porque si lo quiero, lo tengo. Ahora no quiero una relación fija ni que se me acerquen para cumplir el sueño del pibe. 

-¿Podrías decir que es más sincero y fiel el amor de Cocó que el de un hombre?

-¡Obvio! Y lo mejor que tiene es que no habla, ja, ja. Está contenta todo el día, ronronea conmigo y me acompaña a todos lados, no molesta, es todo perfecto.

"Todos tenemos necesidades y deseos, pasa que para mí el sexo es lo de menos. Si quiero tener sexo, hago una llamada y listo. Pero no es algo que me robe la calma. No quiero una relación fija ni que se me acerquen para cumplir el sueño del pibe".

-¿Cómo llegó Cocó a tu vida?

-Estaba haciendo terapia, en una época en que estaba bastante sola, y el psicólogo me recomendó tener un perro, más que nada como un apoyo emocional. La compré por Internet de un día para otro, me gustó y la compré. Viajo y hago todo con ella.

-¿Seguís con la terapia?

-Sí. Tengo muchas cosas sanar, mucho del pasado y del presente. Estar con ella me conecta con la naturaleza, con lo simple. Sólo de jugar con ella ya me río, es súper sanadora.

"El psicólogo me recomendó tener un perro, más que nada como un apoyo emocional. Tengo muchas cosas sanar, mucho del pasado y del presente. Estar con ella me conecta con la naturaleza, con lo simple. Sólo de jugar con ella ya me río, es súper sanadora".

-¿De chica tuviste mascotas?

-No, no fui de tener mascotas. Creo que en casa había perros, pero nunca conecté así. Pero Cocó llegó en un momento en que la necesitaba y ella me ayudó a salir de la depresión, situaciones que a uno se le van dando y que con ayuda del psicólogo fui saliendo. Pero Cocó me ayudó bastante.

-¿Qué pasó para que llegues a estar con depresión?

-Pienso que son fantasmas del pasado, de la niñez. Todos tenemos fantasmas, solo que algunos tienen la habilidad de tratarlos o ignorarlos a tiempo con terapia, y otros duermen a esos fantasmas, aunque siempre salgan a la luz. Tuve un momento de mucho trabajo, estaba súper estresada, muy alterada, y me hacía falta soltarlo por algún lado. Fue cuando empecé con la terapia y empezaron a liberarse estos conflictos que tenía en mi cabeza. Poco a poco, porque es un proceso.

"Cocó me ayudó a salir de la depresión, por fantasmas de la niñez. Tuve un momento de mucho trabajo, estaba súper estresada, muy alterada, y me hacía falta soltarlo por algún lado. Fue cuando empecé con la terapia y empezaron a liberarse estos conflictos que tenía en mi cabeza. Poco a poco, porque es un proceso".

-¿A qué te referís con fantasmas? ¿Sufriste de violencia o abusos cuando eras niña?

-A ver, yo vengo de una familia religiosa, de padres pastores evangélicos, con todo lo que eso conlleva. Con mandatos como que había que llegar virgen al matrimonio y hacer las cosas bien, cosas que quedan en la cabeza pero no te hacen bien, porque no vivís con libertad ni a pleno. Pero, por ejemplo, según la religión que siguen mis padres la Biblia dice que “a los hijos hay que pegarles con vara de hierro y no morirán” para educarlos (N. de la R.: en Proverbios 23:13–14). Por suerte no le hicieron caso a la vara de hierro… Pero en Centroamérica pegarle a un niño o darle una paliza es normal. Ellos hicieron lo que pudieron y poco a poco fui sanándome de esa rispidez que tuve con ellos. Pero en un futuro me gustaría trabajar para cambiar la mentalidad del centroamericano y que no siga habiendo maltrato infantil como un método de disciplina, porque no lo es. Lejos de aprender disciplina, un niño recibe agresión.

-¿Recordás un castigo puntual que te haya traumado?

-La religión me traumó. Es una gran mafia. Es peligrosísimo porque entregan a los hijos en confianza entre adultos y no se sabe si realmente son personas inocentes. En mi caso, hubo abusos por parte de un pastor evangélico colega de mi padre. Pero fue algo que en ese momento lo vi natural, no lo vi como un problema. Recién ahora, después de 10 años viviendo en la Argentina, haciendo terapia y teniendo más información, me di cuenta de que hubo abusos y cosas feas que no debieron suceder. Siento que por falta de información la gente no se da cuenta de que está siendo abusada verbalmente o físicamente…

"Vengo de una familia religiosa, de padres pastores evangélicos, con mandatos como que había que llegar virgen al matrimonio y demás. Por ejemplo, según la religión que siguen mis padres, la biblia dice que “a los hijos hay que pegarles con vara de hierro y no morirán” para educarlos. Por suerte no le hicieron caso a la vara de hierro… Pero me pegaban con látigo".

-¿Podés describir algunos de los abusos de los que hablás?

-A mis 13 años me pasó de que un colega de mi papá me dijo que me tenía que dar unos libros y unos CDs de alguien de la iglesia, que él iba a estar en un hotel a determinado horario. Yo fui, pequé de inocente, porque estaba cerca de ese lugar. Recuerdo que fui y que los libros estaban autografiados, y cuando entré a la habitación el tipo empezó a agarrarme, tocarme y yo no entendía nada. Pensaba, ¿qué hace este amigo de mi papá? Y él me decía que no pasaba nada, que me quedara tranquila, que era todo con cariño y respeto. Por suerte en ese momento tuve la lucidez de decirle que me quería ir, y al salir del cuarto había una mujer limpiando y me pude ir. Pero siempre me quedé pensando que era una persona de suma confianza de mi familia, y apenas pudo hacerse el vivo, lo hizo sin titubear ni importarle. Yo pienso que él conmigo no hizo nada, pero que puede ser que a otra chica le haya hecho daño.

-¿Viviste otros episodios de abuso similares?

-En Panamá, cuando uno termina la secundaria tiene que hacer labores sociales para el gobierno y cumplir con 200 horas. Uno podía elegir lo que le gustaba, y recuerdo que estaba tan metida en la religión que elegí ir a una iglesia evangélica, y recuerdo que el pastor era muy raro, nos hacía regalos, nos quería llevar al shopping, era demasiado cariñoso. Además, era muy toquetón, de decirte que estabas linda, que qué linda carita, hasta que me sentí incómoda y me fui, pero a los meses me llamó una psicóloga para preguntarme si quería denunciar a ese pastor, porque ya había abusado de ocho de las chicas que hicieron la labor social en la misma iglesia a la que fui yo. A mí no me pasó que me violaran, creo que fui viva de salir rápido de la situación, pero otras chicas no. Y en la religión hay mucho abuso, mucho loco disfrazado de pastor, mucho abusador disfrazado de consejero.

"A mis 13 años, un pastor colega de mi papá me hizo ir a llevarle algo a un hotel. Cuando entré a la habitación, el tipo empezó a agarrarme, tocarme y yo no entendía nada. Pensaba, ¿qué hace este amigo de mi papá? Y él me decía que me quedara tranquila, que era todo con cariño y respeto. Por suerte tuve la lucidez de decirle que me quería ir, y al salir del cuarto había una mujer limpiando y me pude ir".

-¿Pudiste hablar de estas cosas con tus papás?

-Tuve tantos temas con mis padres que creo que no hablé puntualmente eso. Lo hablé de grande, años después y la respuesta no fue muy favorable. Pasa que la gente está muy cegada con la religión y si uno habla mal de un pastor o alguien con jerarquía dentro de la iglesia, te responden que el diablo te usa, que cómo una va a hablar así de un hombre de Dios. En su momento ellos no lo iban a entender.

-¿Con qué te pegaban tus padres cuando te daban las palizas que contaste?

-Eran palizas muy heavy metal, pero como me pegaban de chiquita, desarrollé un odio, una bronca, un carácter muy de acero. Recuerdo que no me permitía llorar, que no me iban a ver llorar y los ponía peor, porque me aguantaba la paliza callada, sin gritar ni nada. Me pegaban muy fuerte y todavía tengo heridas de esas palizas. Pero ellos creían que esa era la disciplina que me tenían que dar. Me quedaron cicatrices en las rodillas, en lo brazos, las piernas, tengo algunas en el codo. No me acuerdo cómo fueron, pero recuerdo que me pegaban con un látigo...

"Lo que me pasó con el pastor colega de mi papá lo hablé con mis padres de grande y la respuesta no fue muy favorable. Pasa que están muy cegados con la religión y si uno habla mal de alguien con jerarquía dentro de la iglesia, te responden que el diablo te usa, que cómo una va a hablar así de un hombre de Dios".

-¿Los castigos eran iguales para tus hermanos?

-No. En ese momento tenía una hermana menor y a ella no… Pasa que yo era la rebelde, la contestataria, problemática, todo el tiempo con esa actitud. Y cuando mi papá me quería pegar con un palo de mango, yo me quedaba toda la tarde arriba del palo. Siempre fui rebelde y mi hermana más tranquila y no recibió palizas.

-¿Cómo está hoy la relación con tus padres?

-No está bien por una cuestión de ideología. Ellos no van a cambiar su forma de pensar, no los voy a cambiar aunque lo intenté. Pero con la terapia me di cuenta de que nunca iban a cambiar, que lo tengo que respetar. Hablamos un tiempo, mantuvimos las diferencias, pero la tensión es mucho más fuerte con mi mamá, porque es la más fanática. Con ella mi relación es cero. Hace más de un año que no hablamos, porque saltan cortocircuitos todo el tiempo. Es muy negadora. Cuando le pregunté por qué me pegaba tanto, o por qué no se metía cuando mi papá me daba palizas, me dijo que esas cosas nunca pasaron, que las inventé… Eso me hacía estallar.

"Con la terapia me di cuenta de que mis padres nunca iban a cambiar. La tensión es mucho más fuerte con mi mamá, la más fanática. Con ella mi relación es cero. Hace más de un año que no hablamos. Cuando le pregunté por qué no se metía cuando mi papá me daba palizas, me dijo que esas cosas nunca pasaron, que las inventé… Eso me hacía estallar".

-¿Cuándo fue la última vez que te pegaron?

-A los 17 años, cuando me fui de mi casa, porque mi papá me dijo que en su casa no podía haber alguien que no compartía su religión. Recuerdo que era una noche y que me fui de casa con bolsas de consorcio, y no los vi más hasta hace unos pocos años.

Kate Rodríguez. (Foto: Musepic)
Kate Rodríguez. (Foto: Musepic)
Kate Rodríguez. (Foto: Musepic)
Kate Rodríguez. (Foto: Musepic)
Kate Rodríguez. (Foto: Musepic)
Kate Rodríguez. (Foto: Musepic)
Kate Rodríguez. (Foto: Musepic)
Kate Rodríguez. (Foto: Musepic)
Kate Rodríguez. (Foto: Musepic)
Kate Rodríguez. (Foto: Musepic)
Kate Rodríguez. (Foto: Musepic)
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Kate Rodríguez. (Foto: Musepic)
Kate Rodríguez. (Foto: Musepic)
Kate Rodríguez. (Foto: Musepic)
Kate Rodríguez. (Foto: Musepic)
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Kate Rodríguez. (Foto: Musepic)
Kate Rodríguez. (Foto: Musepic)
Kate Rodríguez. (Foto: Musepic)
Kate Rodríguez. (Foto: Musepic)

 

Fotos: Musepic 

Producción: Aldana Moreno Lusianzoff

Locación: Patios de San Telmo  Chacabuco 752 / IG: @patiosdesantelmo  

Maquilló: Gaby Pacheco 

Agradecimientos: Secretos Íntimos Lencería  / Centro dermatológico Dr. Ramírez Medina / Staff Luján / Dr. Oscar Barbosa / Verona Shoes