“Todo está por verse” tiene algo magnético desde el primer segundo. Koino Yokan y Alan Sutton encuentran la fórmula de un pop que te atrapa, te moviliza y no te suelta. No da tiempo a pensar: el cuerpo reacciona antes que la cabeza.
La melodía engancha y el ritmo se apodera de vos en una canción que parece tener el buen humor incorporado. Fresca, luminosa y con un pulso que no afloja, tiene ese efecto inmediato de los temas que terminan y ya querés volver a darle play.
El encuentro entre Koino Yokan y Alan Sutton es parte de ese encanto. La sensibilidad melódica del dúo se cruza con el costado lúdico y teatral de Sutton, y juntos construyen un pop que invita a entregarse al juego. Las voces se potencian sobre un sonido lleno de color, entre guitarras, sintetizadores y guiños psicodélicos. Todo fluye con una naturalidad que se siente en el cuerpo: la música te lleva.

El single llega con la primavera recién arrancando y trae esa frescura que no necesita esperar al verano para instalarse. La de esas canciones que empiezan a sonar en un lugar y, casi sin darte cuenta, terminan acompañándote a todas partes. Tiene el pulso justo para los días que se alargan, las tardes de sol y los planes que empiezan a multiplicarse con la llegada del calor. Una canción que parece hecha para salir a la calle, dejarse llevar y cambiarle el ritmo al día.
“Todo está por verse” es el último adelanto del próximo disco de Koino Yokan, el primero de su carrera que incorpora colaboraciones con otros artistas. Después de “Morirme con Vos” junto a Cruzando el Charco, “Toda la Vida” con Benjamín Amadeo y “La Despedida” junto a Gauchito Club, Tomás Otero y Jeremías Oro continúan ampliando su universo musical de la mano de Alan Sutton.

Cada colaboración aporta nuevos matices a la identidad del dúo y abre el juego a diferentes sonidos y sensibilidades, anticipando un álbum que expande su propuesta sin perder la esencia de sus canciones.
Con el álbum cada vez más cerca, Koino Yokan deja una última canción sonando antes de su llegada. Un tema que tiene la frescura del pop, el impulso de una buena melodía y esa capacidad de hacer que, durante unos minutos, todo lo demás quede en segundo plano.





