Natalia Oreiro: "Hoy tengo 39 años y aún no sé exactamente quién soy; lo que sí sé es lo que no quiero y voy en búsqueda de lo que me hace feliz"

El año consagratorio de Natalia Oreiro en cine (Foto: Ciudad.com)
El año consagratorio de Natalia Oreiro en cine (Foto: Ciudad.com)

La actriz habló con Ciudad.com de Gilda, la película que la llevó a las primeras planas en 2016, su vida y los sorprendentes puntos de contacto con la cantante de cumbia.

Nada es casual en la vida. Y la concreción de este sueño para Natalia Oreiro (39) tampoco lo es. Luego de varios intentos de llevar al cine la vida de la cantante de cumbia Miriam Alejandra Bianchi, popularmente conocida como Gilda, fue cuando se cumplían 20 años de su trágica muerte en un accidente de tránsito que finalmente sucedió: Gilda, no me arrepiento de este amorllegó a la pantalla grande.

De la mano de la directora Lorena Muñoz, Oreiro le rindió un fiel homenaje a su ídola (sí, los ídolos como Naty también tienen sus propias devociones...) a través de un arduo trabajo de estudio, caracterización e interpretación, que hizo que la imagen y el espíritu de Gilda salieran a escena en esta emotiva película biográfica y musical.

Con el film exitosamente estrenado, y con motivo de hacer un balance de su próspero año de trabajo, Ciudad.com habló con Oreiro de la película que la destacó durante el 2016 a nivel profesional. Porque si bien el rol de Gilda parecía quedarle a medida, fue logrado a base de mucho respeto, esfuerzo y trabajo. Y humildad, cimiento de todos los trabajos de la querida actriz.

"Siempre admiré a Gilda, y cuando fui conociendo su historia, me sentí muy identificada. Porque su historia es universal: se trata del trabajo, del esfuerzo, de los prejuicios externos; tener un sueño e ir a buscarlo".

-Hiciste películas como Infancia clandestina y Wakolda, que tenían base en hechos reales, pero Gilda es tu primer film biográfico. ¿Cómo fue ponerte en la piel de una persona tan significativa para vos?

-Fue todo un desafío, y una mezcla de sensaciones. Si bien es un deseo que yo tenía hace mucho tiempo, hasta que llegó la posibilidad de hacerlo, no me había detenido a pensar en la complejidad del personaje, justamente, porque es alguien que existió, muy recordada, y hay mucho material audiovisual. Con lo cual, la comparación era inevitable. Y para una actriz componer a alguien que está en el imaginario colectivo de la gente es algo complejo. Sobre todo si a eso se le agrega que yo, personalmente, tengo mi propia carrera musical y que es muy distinta a la de Gilda. Para mí era muy difícil correrme, que la gente no me viera a mí. Y eso era muy importante para una película de estas características, donde uno le presta el cuerpo, la voz, el alma y el corazón a un personaje que sí existió, y que la gente lo tiene muy presente. Yo siempre fui admiradora de ella, de su música, y cuando fui conociendo un poco más de su historia de vida, me sentí muy identificada.

-¿En qué cosas te sentís identificada?

-Porque la historia de Gilda es una historia universal. Se trata del trabajo, del esfuerzo, de los prejuicios externos, no sólo social sino también familiar. Tener un sueño e ir a buscarlo. Y, creo que en un punto, lo que a ella le pasó fue lo que todos buscamos, que es encontrarnos a nosotros mismos. Pudo encontrarse a través de sus letras, de sus canciones, de su público… Creo que ahí ella fue verdaderamente feliz.

"Siendo muy chica entendí que me iba a caer muchas veces. Pero esas caídas iban a formar mi propio recorrido".

-Aunque le costó... Gilda triunfó en un ambiente musical en el que se imponía otro tipo de mujeres, más voluptuosas, menos sumisas…

-Si bien hoy la sociedad sigue siendo muy machista, en los ‘90 lo era aún más. Era un ambiente muy difícil para una mujer que venía de un lugar tan distinto. Gilda era una maestra jardinera, que ya había cumplido 30 años, que estaba casada y tenía dos hijos. En ese punto, todos nos sentimos un poco tocados por el imaginario de la gente que te cosifica en un determinado lugar y parece que uno no se pudiera correr de lo que el otro cree que es para uno. Cuando es uno mismo quien decide cuál es su destino y su camino a recorrer. En el caso de ella, en la bailanta no la aceptaban porque era de otro lugar, por cantar distinto, por ser diferente físicamente. Y su familia tampoco aceptaba que se metiera en un mundo que ellos creían ajeno. Pero ella fue contra todo eso. No le fue fácil, claramente, como no lo es para ninguna mujer que decide hacer su propio camino. Muchas veces tenemos a la familia y a la sociedad en contra. Cuando uno cambia, el exterior se asusta. Yo, en lo personal, lo he vivido en varios momentos, cuando decidí hacer mi camino sin seguir un estilo particular o un camino determinado. Al principio el cimbronazo es fuerte, después parece algo más natural.

"Lo que no quiero lo sé de chica. Y lo llamé 'el precio de mi libertad'. Cuando tenía mucho éxito musical y viajaba por el mundo me di cuenta que me estaba alejando de mi esencia de actriz” .

-Y cuando dabas esos volantazos, ¿te importaba mucho la mirada ajena, más allá de la mirada familiar que es la que verdaderamente importa?

-Ni siquiera importa tanto lo que diga el familiar cuando uno es muy profundo en lo que quiere hacer. Y el caso de Gilda es un caso ejemplo. Su marido y su mamá no aceptaban su decisión, y ella siguió su camino. Pero decirte que para un actor no importa la mirada externa sería mentir, porque nosotros necesitamos de la tercera pared, que es el público, que son los periodistas. Así que, no es real que no nos importa. Ahora, si uno se ata a lo que se espera de uno, seguramente sea muy frustrante porque te limitás a hacer algo que ya hiciste o que alguien más hizo. Porque la gente imagina lo que conoce, no lo que desconoce. Y creo que yo, siendo muy chica, entendí que me iba a caer muchas veces. Pero esas caídas iban a formar mi propio recorrido y me iban a servir para aprender de mis errores. Me iban a servir para descubrirme, redescubrirme y seguirme buscando. Porque hoy tengo 39 años y aún no sé exactamente quién soy. Lo que sí sé es lo que no quiero; y voy en búsqueda de lo que me hace feliz.

-¡Ya es un gran paso saber qué es lo que no querés!

-Eso lo sé de chica. Y lo llamé el precio de mi libertad. Cuando tenía mucho éxito musical y viajaba por el mundo me di cuenta que me estaba alejando de mi esencia de actriz y quería reencontrarme con eso. Entonces, rescindí mi contrato con la disquera de aquel momento, que era BMG, y tuve otro gran cimbronazo. Ahí empecé a hacer películas independientes, con personajes chicos, para ir creciendo como actriz. Es más, quería hacer personajes chicos porque a veces para un actor es difícil correrse del centro cuando el afuera te lo propone.

-Está la frase ‘el que no arriesga no gana’. Mucho de lo que fuiste cosechando está a la vista. ¿Te tocó perder muchas cosas en el camino?

-No, perder no. Lo que no haya hecho y lo haya hecho otra persona, es porque no era para mí. Es la naturaleza de las cosas, y con esa simpleza trato de entenderlas. No hay nada que no me suceda, que me lo haya perdido. Quizás puedo reprocharme no haberme animado a cambiar algo. Pero de las oportunidades que tuve laboralmente siempre traté de tomar las más arriesgadas, como en su momento fue Infancia clandestina, Wakolda, y ahora Gilda. Aunque para el inconsciente colectivo era natural que yo la interpretara, porque siempre la homenajeaba; era un riesgo que alguien conocido lo haga, justamente por la comparación con Natalia.

-¿Esperabas la repercusión que tuvo la película?

-De chica le ponía mucha expectativa a todo, pero es preferible hacer las cosas con el corazón, con todo lo mejor que uno puede dar y después soltar. A mí en la vida eso me ayuda mucho. No quiere decir que lo pueda llevar a cabo siempre. No es que soy una superada. Estoy en un momento en el que me replanteo las decisiones que tomo por todo el desgaste físico que he vivido todo este año y los años anteriores. Pero la realidad es que trato de poner todo de mí y después soltar el resultado, sin cuantificar la situación. Una película es un hecho artístico que no depende solamente de que la película sea buena, sino de la situación social del país. Y la Argentina es compleja en ese sentido porque siempre hay muchas cosas que atraviesan a la sociedad. Estamos en un momento sociopolítico difícil. Entonces, la gente piensa dos veces cuando tiene que gastar su dinero en algo como es una película o una entrada para el teatro. Por otro lado, el hecho de que se hayan cumplido 20 años de la partida de Gilda tenía una cuota emocional fuerte.

"Con Gilda,como intérprete necesitaba contar la historia de una mujer real, con claros y oscuros. Que no fuera una santa como la veía su público, sino que vieran a una mujer que se la jugó por algo y que en el camino tuvo muchos traspiés".

-¿Te costó abstraerte de la Natalia "fan" o sumó para plasmar mayor sensibilidad al trabajo?

-Al principio me costó bastante porque cuando uno es fan siempre ve el lado luminoso de sus seres admirados. Y como intérprete yo necesitaba contar la historia de una mujer real, con claros y oscuros, con contradicciones. Que no fuera una santa como la veía su público, sino que vieran a una mujer que se la jugó por algo y que en el camino tuvo muchos traspiés.

-En cuanto a la estética de Gilda, había planos que estabas igual. Y el "color" de su voz también fue muy logrado. ¿Cómo fue esa composición?

-Eso fue lo que más me costó. Yo sabía que con un buen vestuario, con un buen maquillaje y una buena iluminación, la parte conocida de Gilda iba a ser posible. Digo conocida porque también estaba la parte no conocida, que era la de ella como maestra jardinera, donde estaba el desafío de que no me vieran a mí y que la vieran a ella. Pero la parte vocal era compleja. Incluso se barajó la idea de doblarle la voz  a Gilda. Entonces, me obsesioné con su color de voz, con su forma de respirar e interpretar. Estuve meses estudiándola para poder grabarla. Además se tocó con sus mismos instrumetos; y los músicos sobrevivientes al accidente también participaron. Fue todo muy fiel a la versión original.

-Y Ricardo Mollo también colaboró. Incluso participó en una escena.

-Absolutamente. Se puso una peluca e hizo de un músico. Además, me enseñó a tocar la guitarra y me acompañó a las grabaciones. Él es muy compañero.

-¿Para el año que viene qué planes tenés?

-El 30 de enero voy a dar un concierto gratuito en Mar del Plata. Después iré al Festival de Villa María. Me encanta volver a tocar acá. Yo siempre seguí tocando en el exterior, pero en la Argentina preferí concentrarme más en la carrera de actriz. Y creo que la película me brindó esta nueva posibilidad porque pude conjugar la música con la actuación. A partir de la peli me empezaron a hacer muchas propuestas para tocar nuevamente...Tampoco hoy a mí nadie me cuestiona que también haga cine dramático y hace 15 años era casi imposible que piensen que yo pudiera hacerlo. Como te dije al comienzo, la de Gilda se trata de una historia universal: tener un sueño e ir a buscarlo. En eso estamos todos...

Fotos: web.