Nacho Viale, un apasionado detrás de cámaras: "A veces siento que nací en un estudio de televisión"

El productor y nieto de Mirtha Legrand mantuvo un intenso mano a mano con Ciudad.com: su éxito en la pantalla chica, la fama no buscada, los prejuicios sobre su familia y más.

En tiempos en los que ser famoso se ha transformado en el objetivo a cualquier costo de tantos, Nacho Viale (34) va contra la corriente a fuerza de mucha personalidad. Él, integrante de una de las dinastías más importantes de los medios con su abuela Mirtha Legrand a la cabeza, prefiere el bajo perfil.

Su pasión por la producción pudo más que los miedos a la exposición de aquel adolescente que se encontraba con una cámara a cada paso y se animó a estudiar Licenciatura en Comunicación, e incluso realizó un master en gestión de contenidos.

"Siempre me acuerdo de una nota que escribió Lily Sullos el día en que nací: ¡hizo mi carta astral en una revista! En una época la tenía guardada porque me causaba mucha gracia".

Pero el rol detrás de las cámaras no lo excluye de las portadas de revistas ni de la lista de los solteros más codiciados, después de haber conquistado a algunas de las mujeres más bellas del país como la China Suárez, Candelaria Tinelli, Paula Chaves o Sofía Reca.

En un 2015 que lo encuentra abocado al trabajo, Nacho está feliz porque presentará la película La Patota (remake del filme que dirigió en 1960 su abuelo Daniel Tinayre) en el Festival de Cannes y por el auspicioso debut de La Casa del Mar, la ficción de cuatro capítulos que llevó a cabo su productora Story Lab en conjunto con Cisne Films para DirectTv: “Estamos súper contentos, las críticas del progrma fueron muy buenas. La idea es hacer más cosas con la señal y es una oportunidad de producción diferente para las productoras radicadas en la Argentina, porque la ficción debutó para 12 países en simultáneo”, le cuenta entusiasmado a Ciudad.com.

-¿Cómo fue producir sin tener las presiones de la televisión abierta?

-Me preguntaban si estaba nervioso y era rarísimo porque no tenía el minuto a minuto. Obviamente es una forma diferente de contar una ficción y tenés otro tipo de concesiones. Es muy distinto porque el discurso cambia cuando se produce para una señal. Hoy uno tiene una variedad gigante de plataformas para ver lo que tiene ganas de ver. No me imagino una forma de consumo masivo en la cual le digamos a la gente que solamente puede ver un producto a determinada hora. Eso, para mí, está casi perdido. Se ve en que los canales de aire están apostando muchísimo a sus webs y aplicaciones. En el caso de Almorzando con Mirtha Legrand, este año vamos a lanzar con el canal la segunda pantalla, donde el público va a poder ver más contenidos, así como participar más, y me parece genial poder darle a la gente más formas de que te consuman. Tenemos ganas de empezar a jugar con la gente, más allá de Twitter o Facebook.

-¿Es difícil aggiornar un programa con tantos años al aire e historia como Almorzando?

-No. Creo que el primer gran cambio que vivió Almorzando es salir al aire los fines de semana, porque de lunes a viernes se hacía muy difícil sostener las mesas. Fue una apuesta y se logró. Hoy en día es un programa que ha vuelto a marcar agenda y ha sido exitosa la forma en la que se están armando las mesas, con una mezcla al mejor estilo La Biblia y el Calefón, donde tratamos de que que alguien más intelectual se siente con un personaje popular. Esa química se está viendo súper bien reflejada. Así, el target del público fue variando, de ser mayormente femenino y una parte etaria bastante grande, pasamos a tener también un público masculino y más joven. Me causa mucha gracia, y lo pongo siempre como ejemplo: la hija de Santiago del Moro tiene una admiración impresionante por mi abuela y está convencida de que es una reina con carruaje. Los chicos están viendo el programa, que ahora es muy familiar.

-Mirtha también se fue actualizando, es fuerte ver a tu abuela leyendo tweets al aire.

-Mirtha es Mirtha, tiene su estilo de conducción y ya es una marca registrada. Todos los días tratamos de meterle cosas. Creo que ella está pasando un momento muy bueno en la conducción y en los dos últimos años ha hecho un cambio impresionante. Antes lo hacía muy bien pero ahora está pasando un momento excelente con ella misma.

"Viendo el éxito de Susana, le volví a ofrecer con Rottemberg hacer teatro a mi abuela y… ¡nos volvió a decir que no! Creo que quedará como una cuenta pendiente porque no la veo con ganas y tiene derecho a disfrutar de otras cosas a esta altura de la vida".
-Con el suceso que está protagonizando Susana en el teatro, ¿te gustaría que tu abuela también regrese a las tablas?

-Se lo venimos ofreciendo hace muchos años junto a Carlos Rottemberg, con quien tengo una relación muy linda y es una persona que ha sido muy noble conmigo y mi familia. Nunca hemos logrado convencerla. Este año, viendo el éxito de Susana, se lo volvimos a ofrecer y… ¡nos volvió a decir que no! (risas) No pudimos convencerla pero creo que quedará como una cuenta pendiente porque no la veo con muchas ganas. Implicaría que deje la televisión y se siente muy cómoda con lo que está haciendo. Y también siento que tiene derecho a disfrutar de otras cosas a esta altura de la vida. Está manejando sus tiempos de otra manera y está bueno eso.

-Viniendo de una familia tan fuerte en los medios, ¿desde siempre supiste que te querías dedicar a esto?

-Es raro... no me sorprende entrar a un estudio de televisión porque voy desde que soy tan chiquito que a veces siento que nací ahí adentro. Siempre me gustó, tuve momentos en los cuales me planteaba si estar o no en los medios, porque te exponen mucho. También creo que ese pensamiento y la duda eran más planteos de un adolescente. Después, vas encontrando el camino para hacer lo que te gusta y de la mejor manera posible. Sigo tratando de manejar ese equilibrio de una manera lógica, tratando de aprender todos los días a jugar el juego de la mejor forma. Seguramente tuve errores y tendré mil errores más. Trato de hacer lo mejor posible, a algunos le gustará y a otros no pero mucho no me importa.

-¿No te ves delante de cámaras?

-No, me cuesta modular, así que no me veo para nada. Seguramente, sería un pésimo actor y como conductor, aún peor. Me imagino diciendo todo el tiempo “ehhh” (risas) o me quedaría callado, la pesadilla de cualquier productor. No lo podría hacer, no me siento capacitado. Hay gente que nace para hacerlo y es una profesión rara: hay personas que puede estudiar muchísimo y ser pésimos actores; y otros que no estudian pero son excelentes. Es ese don, esa luz que a algunos los acompaña y resulta inexplicable.

-Recién hablabas de la exposición y de lo difícil que puede ser, ¿cómo es haber nacido con el status de famoso?

-Mirá siempre me acuerdo de una nota que escribió Lily Sullos el día en que nací: ¡hizo mi carta astral en una revista! (risas). En una época tenía guardado el recorte porque me causaba mucha gracia que el día en que nací ya hubiera una nota con mi carta astral, allá por el año 81. ¡Qué raro eso!

"Creo que es asqueroso hablar de plata o andar mostrando. Es una faceta extremadamente materialista".

-¿Con los años lo vas llevando mejor?

-Sí, se trata de aprender a jugar el juego un poquito, esto de “te doy, me das” y entender que nadie es tan bueno ni nadie es tan malo. Es una industria que abarca todos los colores del periodismo, no catalogo al periodismo como uno solo. Creo que existen límites para algunas cosas y que hay momentos en que a uno le gusta estar expuesto y otros en que obviamente no. Hay situaciones donde te gustaría ser totalmente desconocido y muchas veces cuando la gente cree que te beneficia, en realidad te perjudica. Seguramente, uno era más reaccionario cuando era chico por una cuestión adolescente, de creer que sos Don Quijote y peleás contra todos los molinos, pero uno se va adaptando.

-¿Quiénes representan tu cable a tierra?

-Siempre digo que tengo mis diez amigos de toda la vida y me manejo con ellos. Ahora, vuelvo a mi casa y está todo bien. Antes me estresaba mucho más por lo que se escribía o salía en televisión. Hoy, por ejemplo, leía que Juana era la más odiada del Bailando ¡y todavía no empezó el programa ni tuvieron relación con ella los demás participantes! Dicen que la odian porque ensaya en Chile… y sí, ¡mi hermana vive en Chile! Se quedó ahí porque tiene tres hijos, creo que ése es el límite, y además está protagonizando una obra de teatro, que era un compromiso previo.

"Seguramente, uno era más reaccionario de chico por una cuestión adolescente, de creer que sos Don Quijote y que peleás contra todos los molinos pero te vas adaptando".
-¿Tenés miedo de que se ensañen con Juana por estar en el Bailando?

-Es uno de los riesgos, sí. Siento que está. Pero bueno... el ensañamiento de la gente ya lo tomo de quien viene. También hablaron de la plata que habría cobrado, algo que ha pasado antes con mi abuela. Incluso, ya no te discuto si es verdad o mentira la cifra, porque no me interesa, pero creo que es asqueroso hablar de plata, a mí no me gusta. No me gusta hablar de plata ni andar mostrando...

-Un perfil bien distinto a otros hijos de famosos, como Alexander o Charlotte Caniggia, ¿no?

-No, cada uno hace lo que quiere y es espectacular para el que lo tiene. Pero uno puede darse todos los gustos y no hacer alarde de eso, no volverse una persona materialista. Y creo que hablar de la plata es una faceta extremadamente materialista y estoy seguro de que no es lo que más importa en la vida.

-Hablás de darte gustos, ¿qué te gusta hacer en tus tiempos libres?

-Me gusta mucho andar en moto porque soy muy fierrero y es una de las pasiones que comparto con mi padre. Me gusta jugar al fútbol y a la paleta, pero también disfruto estar tranquilo. Tenemos la suerte de tener con mi familia una casa en Uruguay a la que me encanta ir, creo que es mi lugar en el mundo, donde me relajo completamente. Me despejo de un montón de cosas allá.

-¿A pesar de los paparazzi que siempre dan vueltas por Punta del Este?

- Sí, sí, a pesar de ellos (risas). Es como mi fortaleza esa casa, donde realmente puedo estar tranquilo. Yo soy así, no soy muy alterado (risas).

-¿A veces sentís que el público tiene una concepción distinta de como sos?

-Sí, es que en el fondo no los conozco y ellos tampoco me conocen. Son muy pocas las personas que me conocen de verdad. La gente es libre de pensar lo que quiera. Si te ven las cosas buenas, genial, y las cosas malas que se dicen -y yo debo tener un montón de defectos- las tomo de quién viene. Tanto para lo bueno como para lo malo, suelo pensar “qué buena opinión pero no sé si me conoce”. Seguramente existe un preconcepto de mí y está bien, ya me resbala bastante (risas).

-¿Estás disfrutando de tu soltería?

-Cuando me hacen esa pregunta no sé qué responder, porque la verdad es que yo disfruto estar soltero pero también cuando estoy en pareja. Estoy muy tranquilo, en serio. Es un año súper tranquilo en el que estoy abocado a full al trabajo.