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Mano a mano con Miguel Ángel Solá: "Lo más difícil de mi vida como padre fue soportar la ausencia de mis hijas"

Protagoniza Crímenes de familia, que se estrenó en Netflix, y pondera esta nueva forma de divulgar su trabajo.

El actor protagoniza Crímenes de familia, que se estrenó el 20 de agosto en Netflix y Cine.ar
El actor protagoniza Crímenes de familia, que se estrenó el 20 de agosto en Netflix y Cine.ar

Con 50 años de carrera, Miguel Ángel Solá (70) alterna entre uno y otro lado del Atlántico para desplegar su talento en teatro, cine y TV. Desde España, donde lo encontró la pandemia, el actor habló con Ciudad del estreno en Netflix (y en Cine.ar) de Crímenes de familia, un film en el que vuelve a compartir escena con Cecilia Roth y en el que interpreta a Ignacio, un padre sometido a una situación límite frente a su hijo.

Instalado en Europa, donde viajó junto a su mujer, la actriz española Paula Cancio (35), y su hija Adriana (7), Solá explicó que pese a la apertura, los espectáculos artísticos no son una opción; y contó que ve al streaming desde una perspectiva muy favorable para la divulgación de su trabajo.

-Esta la primera vez que trabajás con Cecilia Roth desde 1992. ¿Cómo fue la experiencia?

-Buena, muy buena. Con ella acordamos siempre y establecimos que llevábamos cuarenta años de casados desde el primer día. Proyectábamos “rajaduras” constantes en esa relación debilitada por el paso del tiempo y la humedad porteña; y logramos hacer visibles esas grietas en la peli. Me encantó trabajar con ella.

"De mi paternidad cambiaría el hecho de haber metido los pies en tantas trampas. Me habría gustado haber estado menos 'boleado' por el fracaso. Haber sido más consciente de ese fracaso, podría haberme hecho más útil como padre".

-¿Qué te pareció el desempeño de Sofía Gala, Benjamín Amadeo y de Yanina Ávila, los otros protagonistas de esta historia?

-Oro puro. Tuve la suerte de ver en vivo los dos testimonios ante el juez que hacen Sofía y Benjamín, hechos cuatro y cinco veces cada uno para diferentes posiciones de cámara y fueron para alquilar balcones todos. Me fascinan los buenos trabajos. Lo de Yanina es precioso también y dificilísimo. ¡Bravo, y gracias por la clase a los tres!

-¿Cómo te resultó filmar bajos las órdenes del director Sebastián Schindel que ya pisa fuerte en el cine argentino?

-Pertenecemos a dos mundos muy diferentes y yo tengo una adaptación metabólica de rumiante. Él es muy joven y con un gran talento. Hizo esta película que gusta a quien la ve y además ha logrado para el cine argentino que su film se vea en más de ciento noventa países simultáneamente. No cualquiera lo hace. En un momento de parálisis generalizada, la obra de Sebastián logró que Netflix ideara este lanzamiento.

-Este es tu debut en un film que, si bien fue hecho para el cine, se verá primero en streaming por el contexto. ¿Cómo ves esta nueva forma de divulgar tu trabajo?

-Me preguntan mucho por el streaming y contesto muy seguro porque suena a muy importante y yo simulo saber qué es; y me divierte esa picardía. Esta tecnología podría haber llegado a mis 45 años, cuando estaba más capacitado para aprovechar la circunstancia. A ver si tengo suerte y es verdad, y pasa el 'más vale tarde que nunca'. Hasta me esperanzo a que se divulgue mi obra ya que necesito urgente trabajar. ¡Viva el streaming!

"De salud estoy mejor. De los síncopes vagovagales (tuve cuatro en 20 minutos y otros cuatro al mes), por ahora, ando bien. De a poco, voy olvidándolos y disminuyendo la medicación. Son riesgosos por las caídas y, a mi edad, huesos y músculos no son tan vigorosos".

-¿Cómo podrías definir a tu personaje y la relación que mantiene con su hijo?

-Ignacio me recordaba mucho a mí papá, es una persona normal que tiene una vocación 'normal', que está a punto de ser un jubilado 'normal' y que, de pronto, ve en ello una 'anormalidad'. Es un padre 'normal', con agujeros 'normales' en la crianza y educación de un hijo que revela ciertas 'anormalidades' de carácter. Tiene un matrimonio 'normal' con desavenencias y encuentros 'normales'  hasta que de tanto bambolearse entre la 'normalidad' y la 'anormalidad y sin profundizar ni hacer otra experiencia que ese camino de ida y vuelta de la normalidad a la anormalidad, el mundo se le achica a darse cuenta que se acostumbró a abrir la billetera y cerrar la boca. Al fin, logra expresarlo, pero ya tarde para la familia que ayudó a formar.

-¿Qué fue lo más difícil de tu vida como padre y qué te hubiese gustado cambiar?

-Lo más difícil fue soportar la ausencia de mis hijas (N. de la R: Cayetana, de 20, y Maria, de 24, de su pasada relación con Blanca Oteyza). Y cambiaría el hecho de haber metido los pies en tantas trampas. Me habría gustado tener más temple, haber estado menos “boleado” por el fracaso. Haber sido más consciente de ese fracaso, podría haberme hecho más útil como padre.

-¿Cómo está tu salud después de los problemas en el corazón que te afectaron en los últimos tiempos?

-Mejor. De los síncopes vagovagales (tuve cuatro en 20 minutos y otros cuatro al mes), por ahora, ando bien. De a poco, voy olvidándolos y disminuyendo la medicación. Son riesgosos por las caídas y, a mi edad, huesos y músculos no son tan vigorosos. Ojalá no se repitan.

"Sabiendo que estos encierros por la pandemia pueden significar la pérdida de un 80% del trabajo, apoyo las decisiones del gobierno porque este bicho mata. El hambre y la falta de recursos son desesperantes, pero menos letales. La amistad pone siempre otro plato en la mesa".

-¿Cómo vivís la pandemia en y desde España con respecto a tus colegas?

-Es una espera desesperante esta. Así y todo –y sabiendo que estos encierros pueden significar la pérdida de un 50% del público teatral a futuro y del 80% del trabajo-, y temiendo que de una estocada virósica la mediocridad pueda enterrarse demasiado hondo en el corazón de la creatividad humana, apoyo las decisiones del gobierno porque este bicho mata. El hambre y la falta de recursos son desesperantes, pero menos letales. La amistad pone siempre otro plato en la mesa.

-¿Crees que hay una salida a esta situación para los artistas a ambos lados del Atlántico en lo inmediato?

-No. Estamos muy acorralados y las perspectivas no son buenas, al menos en España. Cada vez que se abre un poco la mano, hay rebrotes bravos y retrocesos en las fases que acercan o alejan de la 'normalidad'.

-¿Qué nos podés contar sobre tus proyectos actuales y futuros?

-No los tengo, pero los espero con ganas y necesidad. A ver si el streaming y Netflix me dan una mano.