Guillermina Valdés, una diosa en equilibrio: "Aprendí a mantener vínculos sanos"

La actriz habló de la relación con sus hijos y los de Marcelo Tinelli, de sus métodos de relajación y mucho más. ¡Leé la nota!

Guillermina Valdés, diosa en equilibrio. (Foto: Web)
Guillermina Valdés, diosa en equilibrio. (Foto: Web)

Siempre diosa, Guillermina Valdés intenta mantenerse ajena al ritmo alocado que impone la Ciudad de Buenos Aires. La bella actriz necochense habló de sus diversas técnicas de relajación, de la relación con sus hijos, Dante (16) Paloma (14) Helena (11) y Lolo (2), de la familia ensamblada con Marcelo Tinelli, del vínculo con los hijos del conductor y mucho más.

Mis hijos son mis mejores críticos porque no están contaminados. Un chico dice lo que ve y lo que piensa. Mis hijos tienen una mirada muy pura”, comenzó Valdés, en una entrevista con la revista Luz. “Me llevo bárbaro con los hijos de Marcelo. Todos son geniales. No los siento como propios porque tienen sus mamás. Y tampoco me siento su amiga sino que tengo una relación que es muy linda; un vínculo respetuoso desde el amor por el papá que se transforma en un cariño hacia ellos”, afirmó la dueña de Valdez, la marca de zapatos que creó con su socio, Fabián Paz.

“Hago terapia y ves que pasan los años y notás como vas creciendo. Creo que está bueno, a cierta edad, poder mirar para atrás y agradecer lo que no vas a repetir o valorar aquello donde uno creció. Aprendí a mantener vínculos sanos, a ser menos prejuiciosas, a no estar permanentemente juzgando al otro sino mirarme a mí misma para ver en qué puedo estar mejor. Además de psicoanálisis, hago Reiki. Y cuando me doy cuenta de que estoy mal, practico respiración activa”, contó sobre sus métodos de relajación.

“Nosotros nos convertimos a veces en personas tan chiquitas con las cosas a las que le prestamos atención. No sé, por ejemplo, vivo pendiente del teléfono y a veces lo dejo de lado y me doy cuenta de que enseguida estoy más presente. En una época mis hijos me llamaban bastante la atención por eso y lo dejé. En un momento me di cuenta de que sin un hijo no me miraba a los ojos era señal de que algo debía estar haciendo para que ocurriera. Entonces en mi casa casi no lo uso. Acá sí porque es mi espacio de trabajo, pero jamás en la mesa, por ejemplo”, completó Guillermina.