Estremecedor relato de Mina Bonino tras ser testigo de los incidentes en el Monumental: "No fueron sólo 30 inadaptados"

La periodista deportiva contó en Instagram sus sensaciones después de presenciar los disturbios en la frustrada final entre River y Boca.

Mina Bonino contó en primera persona lo que vivió en el Monumental.
Mina Bonino contó en primera persona lo que vivió en el Monumental.

Era EL partido más esperado por los hinchas de River, Boca y los amantes del fútbol en general. Sin embargo, los graves incidentes ocurridos en las inmediaciones del Monumental arruinaron la final de la Copa Libertadores, que debió suspenderse en medio de una gran incertidumbre. El bochorno se convirtió en tema nacional y las noticias sobre los violentos episodios recorren el mundo.

La periodista deportiva Mina Bonino, que es hincha de River, contó en primera persona lo que vivió el sábado en el Monumental en un estremecedor relato a través de su cuenta de Instagram.

“A las cuatro y media de la tarde, dejé de lado mi camiseta. No fueron treinta inadaptados. Yo misma vi como en la centenario media empezaban a correr los monos (y me niego a llamarlos personas) que habían entrado sin ticket. Yo misma vi como revoleaban un cerdo muerto al aire, mientras volaba sangre, pedazos del cuerpo y líquido. Yo misma vi como más de cien tipos tiraban las vallas y pasaban los molinetes, a mí nadie me lo contó, yo lo vi”, dice en un fragmento la panelista del ciclo El Club de la Mañana en Ciudad Magazine.

Y continuó: “Adentro, no se sabía nada. Escuchaba a algunos pocos decir que eran cagones. Que Pablo Pérez exageraba, y que Tevez había incitado a que les tiren piedras. Por suerte, sólo fueron algunos pocos que escuche. Afuera, empezaban a escucharse tiros. Nosotros no teníamos señal, y de adentro, nadie nos decía nada”.

"Yo misma vi como revoleaban un cerdo muerto al aire, mientras volaba sangre, pedazos del cuerpo y líquido. Yo misma vi como más de cien tipos tiraban las vallas y pasaban los molinetes"

“Después de horas interminables de esperar una respuesta por parte de la Conmebol, que tendría que haber suspendido desde la primera instancia, nos comunican que se jugaría mañana a la misma hora. Cuando salimos, la gente empezó a correr. Los que estaban sin entrada nos esperaban como carnada para robarnos la nuestra. Y te repito, yo lo vi. A mí nadie me contó. El piso estaba decorado con piedras y a unos doscientos metros, el carro hidratante tiraba agua porque doscientas personas más querían seguir pasando para robarnos la entrada”.

“Sin saber cómo salir de un radio de cinco cuadras, entre piedras y Gendarmería, el panorama era cada vez más triste. Hice un llamado y dije que si no volvía a casa avisara a mi mamá que la quería mucho. Estaba asustada, porque nadie de nosotros sabía lo que estaba pasando. Volví triste. Volví enojada. Volví peleada conmigo porque la culpa es nuestra”.

"Hice un llamado y dije que si no volvía a casa avisara a mi mamá que la quería mucho. Estaba asustada, porque nadie de nosotros sabía lo que estaba pasando. Volví triste. Volví enojada"

“Desde los pequeños cantos xenófobos que alimentan la discriminación y la violencia, hasta la plata que gastamos en un partido -que no fue- -no sé si será- -y que hasta ese momento, se jugaría igual, sin importar cuan afectado estaban los jugadores de Boca (y a mí no me importa si es un corte de un cm o una herida de bala. Si nos hubiese pasado a nosotros estaríamos pidiendo lo mismo. Lógica. Ningún jugador puede jugar si no está en igualdad de condiciones) y menos lo estarían hoy.Ya no tenía ganas de volver. Ya no era lo mismo. No era limpio si se jugaba”.

Por último, dio su visión de lo que debería pasar con la final: “Soy hincha de River. Soy hincha del fútbol. Llevo a River tatuado en la piel. Sigo al club hace más de quince años, pero soy realista y el partido no debe jugarse. Hoy tal vez nos toca aprender a nosotros, cómo lo hicieron ellos en el 2015 (y aunque vos, él y yo no hayamos tirado piedras) también somos culpables de fomentar este negocio yendo a la cancha y comprando entradas. No sé cuál es la solución. Yo tenía tantas ganas como ustedes de que se jugara. Que sea en paz. Que haya un ganador en cancha. Pero no sólo la ciudad no está preparada para jugar un partido de fútbol, sino nosotros como sociedad para ser imparciales y entender lo lindo que es una pelota. Yo lo entiendo, y por eso me duele.Los que amamos el fútbol pensamos igual. Te quiero River, pero todo me duele en el alma”.

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Ayer salí de casa 11:30. Me tome el semi desde Quilmes y seguí con el 130 hasta Libertador y Juramento. Cómo hacía cuando era chica. Alguien que seguramente debe estar leyendo mientras iba para la plaza a saludar a Ivana, me dijo ¿mina? ¿Qué haces caminando sola por acá? Le dije que era lo habitual, que lo hacía siempre. Aunque la gente todavía se sorprenda de verme en bondi, en la cancha o caminando entre los hinchas, nunca salí del lugar donde me siento feliz. Ahí, con la gente, en el monumental. A las cuatro y media de la tarde, deje de lado mi camiseta. No fueron treinta inadaptados. Yo misma vi como en la centenario medía empezaban a correr los monos (y me niego a llamarlos personas) que habían entrado sin ticket. Yo misma vi como revoleaban un cerdo muerto al aire, mientras volaba sangre, pedazos del cuerpo y líquido. Yo misma vi como más de cien tipos tiraban las vallas y pasaban los molinetes, a mi nadie me lo contó, yo lo vi. Adentro, no se sabía nada. Escuchaba a algunos pocos decir que eran cagones. Que Pablo Pérez exageraba, y que Tevez había incitado a que les tiren piedras. Por suerte, solo fueron algunos pocos que escuche. Afuera, empezaban a escucharse tiros. Nosotros no teníamos señal, y de adentro, nadie nos decía nada. Después de horas interminables de esperar una respuesta por parte de la CONMEBOL, que tendría que haber suspendido desde la primera instancia, nos comunican que se jugaría mañana a la misma hora. Cuando salimos, la gente empezó a correr. Los que estaban sin entrada nos esperaban como carnada para robarnos la nuestra. Y te repito, yo lo vi. A mí nadie me contó. El piso estaba decorado con piedras y a unos doscientos metros, el carro hidratante tiraba agua porque doscientas personas más querían seguir pasando para robarnos la entrada. Mi viejo, que había llegado más tarde con el auto para que yo haga previa con mis amigos, tenia el auto ahí. Justo donde el carro estaba. Cada paso era incertidumbre. A las corridas. Todo me hacía recordar a ese día, pero que con 17 años estaba sola corriendo sin saber donde ir. En el Hípico, los autos estaban todos rotos. Habían robado hasta lo que no tenía sentido.

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