Los abusadores del show

Mónica Gutiérrez anunció a Eguillor como el “influencer del mes”.
Mónica Gutiérrez anunció a Eguillor como el “influencer del mes”.

Desde tiempos inmemoriales, los comunicadores “serios” denostaron a los ciclos populares (de entretenimientos, chimentos, reality-shows, talk-shows, etc.) por sus mecanismos para plantear los temas de actualidad.

Desde el púlpito de la “tv de calidad” pregonaron por multas, sanciones y hasta censura. Pero poco a poco, fueron tomando las mismas herramientas de los criticados, para mejorar sus números de audiencia. Y hoy, todo es igual.

Los “serios” se zambulleron morbosamente en casos policiales, feminicidios, tragedias climáticas, e inclusive temática de  farándula. Estos mismos “sacerdotes del buen gusto” utilizan hoy todos los recursos mediáticos que le cuestionaban a Chiche Gelblung, Mauro Viale o Jorge Rial.

Esa televisión popular, incisiva e impiadosa, se volvió moneda corriente, y se los terminó devorando. Ese mismo helado en el frente, se les derritió en la cara sin saborearlo.

La última semana la programación fue invadida por el caso del abusador Rodrigo Eguillor.

Este hombre, denunciado por violador, copó la tele. Su historia, su vida sexual, sus adicciones, su madre fiscal k, tuvieron mucho más espacio que las denuncias de las víctimas. Luego, vino la detención, y la polémica liberación. Sus paseos por los shoppings y el escandalo donde los pasajeros lo obligaron a bajarse de un tren.

Todo registrado, minuto a minuto, como en un reality.

La desesperación por figurar en los medios, hizo que este degenerado termine sentado con Mauro Viale, con una polémica por la exclusividad con Moria Casán, y finalmente desembocando en una bochornosa entrevista encabezada por Mónica Gutiérrez. La presentadora lo anunció como el “influencer del mes”, y las críticas la dilapidaron al punto de despedirse de las redes sociales.

Prejuiciosamente, muchos piensan que fue por rating. Sin embargo, estos ciclos midieron números similares a los de todos los días. Primó el show, y el afán de estar en la tele. Como sea.

Inclusive, el delirio social llega a tal punto, que el pasajero que registra el episodio en el ferrocarril, termina el video diciendo “esto lo voy a vender”.

Este Truman show de cabotaje, tiene razones más profundas que la desesperación por un punto de rating. Sociólogos, psicólogos y licenciados en comunicación, deben estar analizándolo…

Hoy, ¿vale lo mismo un Viale que una Gutiérrez?